Frente a la costa de Italia, una huerta submarina hace crecer albahaca, fresas y otras plantas dentro de cúpulas ancladas bajo el mar. Funciona sin tierra y con agua dulce que se produce sola, pero sigue siendo un experimento.

En la costa de Liguria, en Italia, hay una huerta submarina que parece sacada de una novela de Julio Verne. Se llama Nemo’s Garden y está frente al pueblo de Noli. Su nombre es un guiño al capitán Nemo. Allí, entre 5 y 12 metros de profundidad, hay cúpulas transparentes ancladas al fondo y llenas de aire. Dentro crecen albahaca, fresas, tomates y flores. No hay tierra ni riego tradicional. Es un proyecto de investigación que explora otra forma de cultivar donde escasean el suelo y el agua dulce.

Cómo funciona la huerta submarina de Noli

La idea nació en 2012. Sergio Gamberini, fundador de la empresa de equipos de buceo Ocean Reef Group, quiso unir dos pasiones: el buceo y la jardinería. El primer prototipo fue un globo transparente con un recipiente de plástico. La albahaca que plantó allí creció casi al doble de velocidad, según Smithsonian. Sin embargo, el globo se arrugó por la presión del agua. Hoy las estructuras son mucho más robustas, según National Geographic.

Hoy el proyecto usa cúpulas llamadas biosferas. El jardín tiene seis biosferas, según un estudio de 2022. Cada una mide unos dos metros de ancho y contiene unos 2.000 litros de aire. Se fijan al fondo con cadenas y tornillos. Sensores envían datos en tiempo real sobre humedad, temperatura y aire a un centro de control. Además, paneles solares alimentan los ventiladores que mueven el aire dentro de las cúpulas.

El agua dulce se produce dentro de cada cúpula. El aire interior es un poco más cálido que el mar, así que el agua salada de la base de la cúpula se evapora. Luego el vapor se condensa en la superficie curva de la cúpula y cae como lluvia sobre las plantas, según Science Focus. Las plantas crecen en hidroponía, es decir, con agua y nutrientes en lugar de suelo. Según el coordinador del proyecto, Gianni Fontanesi, los condensadores abastecen por completo los sistemas hidropónicos. Además, la temperatura se mantiene estable, porque el mar casi no cambia entre el día y la noche.

Qué se cultiva y qué dice la ciencia

Según Modern Farmer, se han probado más de 100 plantas, entre hierbas, ensaladas, frijoles y fresas. La más estudiada es la albahaca. Un estudio de 2020 en la revista Scientia Horticulturae comparó albahaca submarina con albahaca de un invernadero de Sanremo. Concluyó que la planta se adaptó bien a las biosferas. CNN resume que ese trabajo, de la Universidad de Pisa, halló más aceites esenciales y antioxidantes. Los autores piden estudiar otras especies antes de pensar en una producción industrial. Un estudio de 2022 de la Universidad de Génova analizó la temperatura y la humedad dentro de las cúpulas.

Las cúpulas también atraen vida marina. Parecen funcionar como un arrecife artificial, según National Geographic. Gamberini afirma que hay 58% más peces que en el entorno cercano. Una encuesta de 2019 concluyó que la estructura probablemente tiene un efecto positivo en la ecología local, según Science Focus.

Se puede visitar buceando. El acceso se coordina con el balneario Bagni Letizia, que aloja la base de investigación. Entrar a las cúpulas no suele estar permitido por seguridad y por el cuidado de los cultivos, salvo en jornadas abiertas.

Los límites de la huerta submarina

Por ahora, la huerta submarina es un laboratorio. Gamberini reconoce que, por la forma de las cúpulas, no se pueden cultivar plantas grandes. El costo es otro obstáculo. En 2015 dijo que, si la lechuga submarina sale demasiado cara, el proyecto no tendrá futuro. Fontanesi admitió que esas plantas costarían una fortuna, y que eso es parte del proceso. Un estudio de factibilidad citado por Science Focus calculó que 30 biosferas producirían 3,1 toneladas de albahaca al año con la tecnología actual.

El proyecto también tuvo altibajos. En 2015, una campaña en Kickstarter reunió más de 30.000 dólares para ampliar la investigación. Pero una tormenta destruyó el centro de control el 30 de octubre de 2018. Las cúpulas resistieron, y pocos meses después llegaron seis nuevas.

Otras formas de cultivar con agua de mar

La huerta submarina no es la única idea para usar agua salada. En España, el primer invernadero de agua de mar se probó en Tenerife en 1992. Charlie Paton y Philip Davies armaron un prototipo de 360 metros cuadrados que cultivó tomates, espinacas y otros cultivos de clima templado. El sistema usa agua de mar para enfriar y humidificar el aire, y también para producir agua dulce.

En México, investigadores del CIBNOR y de la Universidad de Sonora describen sistemas que combinan acuaponía con tilapia e hidroponía con halófitas, plantas que toleran la sal, en Sonora y Baja California. En Argentina, un estudio de 2021 evaluó el riego por goteo con agua de mar para producir salicornia en Tierra del Fuego. En Chile, un trabajo analizó la halófita Sarcocornia neei como cultivo emergente. El invernadero evitó su receso invernal.

La huerta submarina de Noli es, por ahora, un laboratorio y no una solución lista para el campo. Pero plantea una pregunta práctica para el agro: cómo producir alimentos donde faltan suelo fértil y agua dulce. Mientras tanto, en distintos países se prueban otras formas de usar agua salada, y los productores seguirán de cerca cuáles pasan de la investigación a la práctica.

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por Juan Lagos