China tiene el 8 % de la tierra cultivable del mundo y el 15 % de su población. Por eso China compra tierras agrícolas, puertos y semillas en distintos continentes, y los datos muestran qué hay de cierto en esa expansión y qué no.
La pregunta de por qué China compra tierras agrícolas en el mundo tiene una respuesta que mezcla comida, poder y diplomacia. El país tiene cerca del 8 % de la tierra cultivable del planeta y el 15 % de su población, es el mayor importador agrícola del mundo y, además de campos, está comprando puertos, semillas y empresas de alimentos. La respuesta corta es que China sí tiene campos en decenas de países, pero la cifra real es menor que la que circula en algunos casos y mayor en otros.
Por qué China compra tierras agrícolas
La razón de fondo es la seguridad alimentaria, que desde el plan quinquenal 2021-2025 se trata como un asunto de seguridad económica y nacional. Según el informe “China’s Food Future”, de Systemiq, las importaciones agrícolas del país sumaron 237.000 millones de dólares en 2024, y desde 2019 es el mayor importador agrícola del mundo. Importa cerca del 84 % de la soya que consume y concentra alrededor del 60 % de las compras mundiales del grano.
Esa dependencia es un riesgo político. Brasil abastece más del 60 % de la soya que compra China, y en la disputa comercial de 2025 llegó a suministrar cerca del 80 %. La meta oficial para 2026-2030 es subir la autosuficiencia, y no la autarquía, y diversificar proveedores: hay pilotos de soya con Etiopía y otros países del África subsahariana.
Cuánta tierra tiene China en el mundo
Según un estudio publicado en Frontiers, con datos de Land Matrix hasta septiembre de 2024, hay 530 proyectos de inversión china en tierras agrícolas, en China y en el exterior, que suman 19,8 millones de hectáreas contratadas, con presencia en 61 países. Rusia y la República Democrática del Congo tienen las mayores superficies, seguidas de Indonesia y Camboya. En Sudamérica aparecen Guyana, Perú y Argentina, con entre 300.000 y 800.000 hectáreas, y Brasil y Venezuela, con entre 98.000 y 300.000.
El caso más grande y mejor medido es Australia. Según el primer informe anual del Registro de Propiedad Extranjera, con datos a junio de 2024, China es el segundo mayor dueño extranjero de tierra agrícola, con 6,58 millones de hectáreas, detrás del Reino Unido (7,38 millones). Más del 88 % son arriendos de largo plazo, y solo 775.000 hectáreas son propiedad directa.
Contratar tierra no es lo mismo que cultivarla. Un informe de 2018, citado por Devex, ya había advertido que solo 10 de 17 grandes adquisiciones chinas en América Latina estaban confirmadas y en producción. En África, la investigadora Deborah Brautigam, de la Universidad Johns Hopkins, halló en 2015 que los inversionistas chinos habían adquirido unas 240.000 hectáreas hasta fines de 2014, frente a los hasta 6 millones que mencionaban los medios. De 60 grandes acuerdos anunciados entre 1987 y 2014, solo 38 llevaron a una transferencia de tierra.
La estrategia geopolítica del gigante asiático
La compra de tierras es parte de una política de Estado desde hace décadas. Según Devex, el plan quinquenal 2006-2010 ya alentaba a las empresas chinas a desarrollar tierra, agua y energía en el exterior, dentro de la estrategia de “salir al mundo”. El estudio de Frontiers incluye entre los motivos aliviar la presión sobre el abastecimiento interno, aprovechar los recursos de otros países, apoyarse en los acuerdos de la Franja y la Ruta y ampliar la influencia en los países receptores, sobre todo en África.
Sin embargo, el mismo análisis estadístico encontró que los factores geopolíticos pesan menos que el agua disponible, la superficie cultivada y el comercio bilateral al elegir dónde invertir, aunque los considera un obstáculo importante.
La estrategia también pasa por la logística. COFCO, empresa estatal, invirtió unos 285 millones de dólares en el puerto de Santos, en Brasil, por donde sale casi una cuarta parte de las exportaciones de soya de ese país. COSCO Shipping invierte al menos 3.500 millones en el puerto de Chancay, en Perú, pensado como centro de exportaciones de Perú, Argentina, Brasil y Chile. El CSIS cuenta 23 puertos latinoamericanos con algún grado de inversión china, y analistas citados por News in America sostienen que esas obras “fijan” los flujos de comercio.
En semillas, la organización GRAIN, crítica de este modelo, describe un esquema en que los cultivos importados se producen con semillas desarrolladas en China. Un ejemplo es la soya transgénica de Dabeinong, aprobada en Argentina, Brasil y Uruguay.
Cómo reaccionan los países
Los gobiernos responden de forma distinta. En Brasil, el Supremo Tribunal Federal validó por unanimidad, el 23 de abril de 2026, las restricciones a que empresas controladas por extranjeros compren tierra rural. El ministro Flávio Dino afirmó que “la apropiación de bases físicas de los países constituye una dimensión fundamental de la defensa de la soberanía”. La nota consultada no menciona a China.
En Argentina, la Ley de Tierras de 2011 limitaba la propiedad extranjera al 15 % y a 1.000 hectáreas por dueño en la zona núcleo. El presidente Milei la derogó por decreto en diciembre de 2023, y un tribunal lo frenó en 2024. El 29 de septiembre de 2026, la Corte Suprema rechazó un reclamo contra el decreto y dejó sin efecto ese bloqueo. En agosto, el gobierno había retirado de un proyecto de ley el capítulo sobre tierras rurales. Un mapa de la UBA y el Conicet estima en 13 millones de hectáreas la tierra en manos extranjeras, sin precisar cuánta es china.
Lo que deja para los productores
Para los países que le venden, el efecto más grande de la estrategia china puede estar menos en la tierra que compra que en lo que deja de comprar. Systemiq proyecta, en un escenario modelado y no una predicción, que las importaciones chinas de soya caigan un 25 % para 2030, y recomienda a los exportadores diversificar mercados y reforzar la trazabilidad. Por eso, la discusión sobre por qué China compra tierras agrícolas importa tanto por cuántas hectáreas controla como por cuánto seguirá comprando, y a quién.
Systemiq, Frontiers in Sustainable Food Systems, The Weekly Times, Devex, Thomson Reuters Foundation, News in America, GRAIN, ISTOÉ Dinheiro, Buenos Aires Times y BioBioChile
por José Rios
