Con 62 años de trayectoria académica, más de 250 publicaciones y 37 patentes a su nombre, la investigadora de la Universidad Católica se convirtió esta semana en la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas desde que existe la distinción.
El lunes 7 de septiembre de 2026, el Ministerio de Educación anunció que Gloria del Carmen Montenegro Rizzardini fue elegida, de manera unánime, como ganadora del Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas. La noticia tiene un componente histórico: es la primera vez, desde la creación del galardón, que una mujer lo recibe.
El momento en que le avisaron resume bastante bien su carácter. Según contó la ministra de Educación, María Paz Arzola, cuando el equipo del ministerio logró comunicarse con ella para darle la noticia, Montenegro se dirigía a dictar una clase a un grupo de estudiantes en el Valle de Elqui, justamente sobre los mismos temas por los que hoy se la está reconociendo.
Quién es Gloria Montenegro
Montenegro es bióloga, profesora titular y emérita de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), con estudios de posgrado en Texas y Arizona. Ingresó al Departamento de Ecología de la UC en 1964, cuando era la única mujer en un entorno mayoritariamente masculino. “Por muchos años me costaba hacerme respetar. En las reuniones solía decirles: ‘un momentito, déjenme terminar’, porque me interrumpían”, relató la propia investigadora a Cooperativa Ciencia.
Su interés por la naturaleza chilena nació temprano, inspirado en la obra de Charles Darwin, y la llevó a especializarse en botánica y en comprender cómo las especies del país se han adaptado a lo largo de millones de años. Hoy, con 62 años de trayectoria académica, es una de las investigadoras con más patentes de la historia de la Universidad Católica.
De la botánica pura a la miel como negocio de exportación
El giro que terminó definiendo su carrera llegó casi por casualidad. Un alumno suyo, apicultor, le pidió hacer su tesis con ella sobre el origen floral de las mieles —es decir, qué determina que una miel sea “de ulmo” o “de quillay”—. Hasta ese momento, Montenegro se había dedicado a estudiar las propiedades de las plantas nativas, trabajando en hongos y bacterias. Esa tesis fue el punto de partida de una línea de investigación que se extendería por más de tres décadas: la bioprospección de productos naturales, es decir, el estudio sistemático de los compuestos bioactivos que las plantas heredan a la miel a través del néctar.
El hallazgo central de su trabajo fue que las propiedades medicinales de ciertas plantas nativas —como el ulmo o el quillay— se transfieren a la miel que producen las abejas que se alimentan de ellas, incluyendo sus propiedades antibacteriales. En 2009, su equipo patentó por primera vez las propiedades de la miel de ulmo.
Ese trabajo derivó, tras once años de investigación en alianza con la empresa exportadora JPM Exportaciones, en el desarrollo del Active Patagonia Factor (APF), un sello y tecnología científica que certifica el poder antibacterial de las mieles nativas de la Patagonia chilena, transformándolas en un antibiótico natural con demanda en mercados internacionales. Bajo la marca Terra Andes, las mieles con sello APF —como la Ulmo Rainforest y la Patagonia Mountain— ya han sido premiadas en concursos internacionales como el London Honey Awards (bronce y platino, 2021 y 2023) y los Dubai Taste Awards, donde la miel Terra Andes Plus APF obtuvo medalla de oro, posicionándose como una de las mieles más galardonadas a nivel internacional.
El impacto más allá del laboratorio
Lo que distingue a Montenegro, según destacó la propia ministra Arzola al anunciar el premio, es una transición sostenida desde la ciencia básica hasta la ciencia aplicada, la innovación y la transferencia tecnológica, con patentes y desarrollo de productos derivados de la biodiversidad chilena que han beneficiado directamente a más de 1.500 familias de apicultores a lo largo del país, mejorando la valoración comercial de sus productos.
Su hoja de vida científica incluye más de 250 publicaciones, 23 libros y 37 patentes solicitadas y otorgadas, además de haber liderado más de 30 proyectos de investigación e innovación. Su investigación más reciente se enfoca en las propiedades medicinales de la miel producida en el Desierto de Atacama, buscando replicar en esa zona el modelo de éxito que logró en la Patagonia y abrir nuevas oportunidades de desarrollo para las comunidades locales.
Es además miembro de número y actual secretaria de la Academia Chilena de Ciencias Agronómicas, miembro de la Academia de Ciencias Latinoamericana (ACAL) y de la Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo (TWAS).
Un reconocimiento que la sigue desde 1998
El Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas no es su primer gran reconocimiento internacional. En 1998, Montenegro se convirtió en la primera mujer latinoamericana en recibir el Premio L’Oréal-UNESCO “For Women in Science”, un hito que volvió a destacarse en 2024, cuando pasó a integrar el jurado de ese mismo premio. También ha recibido el Premio a la Mujer Innovadora en Agricultura del Ministerio de Agricultura (2011), entre otras distinciones nacionales e internacionales.
Cómo se decidió el premio
El jurado que la eligió estuvo presidido por la ministra de Educación, María Paz Arzola, e integrado además por la rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala Salces; el rector de la Universidad Técnica Federico Santa María, Juan Yuz Eissmann, en representación del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH); Paulina Peña Romero, del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación; y el ganador del Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2024, Ricardo Baeza Yates, quien participó de forma remota. La rectora Mizala destacó justamente el carácter histórico de la decisión: desde la creación del galardón, Montenegro es la primera mujer en recibirlo.
Ese mismo lunes, el Premio Nacional de Ciencias Naturales 2026 recayó en el bioquímico Julio Celis Allende, reconocido internacionalmente como uno de los padres fundadores de la proteómica y referente en la investigación molecular del cáncer, radicado hace más de 30 años en Dinamarca.
Por qué esto importa para el agro
Para el sector apícola y agrícola chileno, el reconocimiento a Montenegro pone en el centro algo que su propio trabajo lleva demostrando desde hace años: que la biodiversidad nativa —plantas que muchas veces se dan por sentadas en el paisaje rural, como el ulmo o el quillay— puede convertirse, con la ciencia correcta detrás, en un producto de exportación de alto valor agregado. Su trayectoria conecta directamente el trabajo de miles de apicultores a lo largo de Chile con mercados tan exigentes como el inglés o el de Medio Oriente, y deja abierta una pregunta que ella misma sigue persiguiendo en el Desierto de Atacama: cuántas otras mieles con identidad país todavía quedan por descubrir.
Fuentes: Ministerio de Educación de Chile, La Tercera, The Clinic, Cooperativa.cl, Cooperativa Ciencia, Prensa Latina, Portal Educa, El PUClítico, Pontificia Universidad Católica de Chile (Dirección de Comunicaciones y Dirección de Transferencia y Desarrollo).
por Juan Lagos
