Mientras la conversación tecnológica global gira en torno a la inteligencia artificial y la automatización, un grupo cada vez más visible de inversionistas, ex fundadores de startups y figuras públicas está optando por un símbolo de estatus muy distinto: una granja propia y en funcionamiento. Lejos de ser solo un gesto nostálgico, el fenómeno refleja una búsqueda de contacto directo con la tierra, la producción de alimentos y los ritmos naturales, en contraste con un mundo cada vez más digital.
El caso de Adrian Zecha en Japón
Uno de los ejemplos más comentados es el de Adrian Zecha, el legendario hotelero indonesio de 93 años fundador de Aman Resorts. En abril de este año, Zecha abrió Azuma Farm Koiwai, un proyecto de hospitalidad construido dentro de Koiwai Farm, una granja lechera de 130 años de historia ubicada en la prefectura de Iwate, al norte de Japón. El desarrollo, realizado junto a la firma hotelera Naru Developments y la compañía ferroviaria East Japan Railway, ofrece 24 villas dentro de un predio de ocho hectáreas, donde los huéspedes pueden cabalgar, cosechar wasabi, aprender artesanía tradicional en hierro y comer productos lácteos y pescado de la propia región.
El caso de Michael Moritz en Toscana
Un ejemplo similar, aunque de perfil más privado, es el de Michael Moritz, senior advisor de Sequoia Heritage —la unidad de gestión patrimonial de la firma de capital de riesgo Sequoia Capital— y uno de los inversionistas más influyentes de Silicon Valley. Moritz es propietario de Borgo Pignano, un predio rural en la región de la Toscana, en Italia, que funciona como retiro familiar y granja productiva.
Un fenómeno que se repite en distintos círculos
El patrón no se limita al mundo tecnológico. Según reportó CNN a mediados de 2025, los retiros de granja de lujo se han consolidado como una categoría propia dentro del turismo de alto nivel, con propiedades como Wildflower Farms, en el Valle de Hudson, en el estado de Nueva York, cobrando tarifas de hasta US$3.000 la noche. La misma región ha visto llegar a celebridades que optaron por establecerse en zonas rurales tras la pandemia.
El fenómeno también tiene representantes fuera del círculo estrictamente empresarial. Las modelos Gigi y Bella Hadid suelen retirarse a la granja familiar de 32 acres (cerca de 13 hectáreas) que su familia posee en Pensilvania, mientras que el músico Lenny Kravitz ha mostrado públicamente su hacienda agrícola en Brasil. A esto se suma el auge de creadoras de contenido dedicadas al estilo de vida rural, como Hannah Neeleman, conocida en redes sociales como Ballerina Farm, quien acumula más de 10 millones de seguidores mostrando la rutina diaria de su granja en Utah.
Una tendencia distinta a la compra masiva de tierras
Vale la pena distinguir este fenómeno de otro, relacionado pero distinto: la compra masiva de tierras agrícolas por parte de algunos de los hombres más ricos del mundo. Bill Gates, por ejemplo, es hoy el mayor propietario privado de tierras agrícolas de Estados Unidos, con más de 275.000 acres (unas 111.000 hectáreas) repartidos en 19 estados, una inversión que él mismo ha explicado como parte de la diversificación de su patrimonio más que como un proyecto de vida rural personal. Mark Zuckerberg, por su parte, posee un rancho de 2.300 acres (930 hectáreas) en la isla de Kauai, en Hawái, que combina agricultura, conservación y privacidad.
A diferencia de estos grandes portafolios de tierra pensados como activos de inversión o reserva estratégica, el fenómeno que representan Zecha y Moritz es de otra naturaleza: granjas más pequeñas, habitadas y trabajadas de forma directa, pensadas como una experiencia de vida cotidiana y no como un vehículo financiero.
Menos, no más, el nuevo símbolo de estatus
Según observadores de la cultura de los fundadores tecnológicos, este tipo de proyectos responde a una idea específica: en un mundo cada vez más definido por la inteligencia artificial y la automatización, el nuevo símbolo de estatus ya no es la acumulación de bienes o tecnología, sino el acceso a alimentos criados de forma tradicional, animales de pastoreo y paisajes que llevan siglos sin ser alterados por el ser humano.
Una oportunidad para el agroturismo de alto valor
Para el sector agrícola y turístico, esta tendencia abre una ventana de oportunidad concreta: la combinación entre producción agrícola tradicional y hospitalidad de alto estándar, un modelo que ya se ha probado exitoso en destinos como Iwate, la Toscana y el Valle de Hudson, y que podría replicarse en regiones agrícolas de otras partes del mundo con historia, paisaje y tradición productiva que ofrecer.
Fuentes: CNN, AFAR, Monocle, Travel Weekly Asia, Hotel Designs, Galavante, Yahoo Finance, Alabama Gazette.
por Juan Lagos
