Mientras Brasil redujo drásticamente la destrucción de su selva amazónica gracias a una fiscalización más estricta, del otro lado de la frontera la deforestación en Bolivia avanza sin freno. Un reportaje de Bloomberg documenta cómo el éxito ambiental brasileño empujó la crisis forestal hacia su vecino, en momentos en que ambos países comparten el mismo motor de fondo: la expansión de la ganadería y el cultivo de soja.
Un año histórico para la protección forestal en Brasil
Según datos de la Universidad de Maryland alojados en Global Forest Watch, la pérdida de bosque tropical primario a nivel mundial cayó 36% durante 2025 respecto al año anterior, hasta 4,3 millones de hectáreas —una superficie equivalente a Dinamarca— luego de que en 2024 los incendios impulsados por el cambio climático llevaran esa cifra a un récord histórico. Brasil fue el principal responsable de esa mejora: la deforestación no asociada a incendios cayó a su nivel más bajo registrado en el país, gracias al reforzamiento de la fiscalización ambiental impulsada por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.
El propio Ibama, agencia ambiental federal brasileña, emitió entre 2023 y 2025 un 81% más de notificaciones de infracción y un 64% más de multas que en el bienio anterior, en el marco de la reactivación del Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación en la Amazonía Legal (PPCDAm), que coordina acciones entre distintas agencias federales, refuerza el monitoreo satelital y promueve el rastreo de commodities. Mirela Sandrini, directora ejecutiva de WRI Brasil, resumió el logro: “el progreso de Brasil muestra lo que es posible cuando la protección forestal se trata como una prioridad nacional”, atribuyendo el éxito a alianzas entre gobierno, sociedad civil, academia, comunidades locales y el sector privado.
Bolivia, el nuevo epicentro de la deforestación amazónica
Mientras Brasil celebraba esa mejora, Bolivia registró en 2025 la segunda mayor pérdida de bosque primario del mundo, pese a albergar apenas una fracción de la selva que tiene su vecino, según el mismo informe de Global Forest Watch. El deterioro no es nuevo: ya en 2024, la pérdida de bosque primario boliviano se había multiplicado casi cinco veces desde 2020, alcanzando más de 14.000 kilómetros cuadrados, impulsada por la sequía, los incendios y políticas gubernamentales que promovieron la expansión agrícola de soja, ganado y caña de azúcar, según reportó The Guardian.
Según el reportaje de Bloomberg, publicado el 7 de agosto, la aceleración de la deforestación en Bolivia coincide de forma directa con el endurecimiento de los controles en Brasil: a medida que el país vecino reprime la tala dentro de sus fronteras, el problema se traslada al territorio boliviano, donde grandes extensiones de bosque desaparecen para dar paso a pasturas de ganado y cultivos de soja. El reportaje documenta el caso concreto del Rancho Dorado, una explotación ganadera en San Ignacio de Velasco, en el departamento de Santa Cruz, como ejemplo de la frontera agrícola que avanza sobre selva virgen. Bloomberg identifica además la construcción de una nueva carretera que conectará Brasil y Bolivia como uno de los factores de infraestructura que está acelerando el acceso a nuevas zonas de bosque.
El mismo cultivo, dos países, un mismo desafío
El patrón que describe Bloomberg conecta directamente con la actividad agropecuaria de la región: tanto en Brasil como en Bolivia, el despeje de tierra para ganadería y cultivo de soja sigue siendo el principal motor de la deforestación amazónica, según coinciden múltiples reportes especializados. La diferencia hoy es regulatoria antes que agronómica: mientras Brasil endureció su marco de fiscalización durante la actual administración de Lula, Bolivia mantiene políticas que, según describen distintos análisis, han favorecido activamente la expansión de la frontera agropecuaria sobre zonas de bosque previamente protegidas.
Lo que viene
Bloomberg adelantó además la existencia de un acuerdo en negociación, descrito por el propio medio como capaz de reformar el futuro de la Amazonía, que podría redefinir las condiciones en la frontera boliviana donde, según advierten organizaciones ambientalistas citadas por el reportaje, se concentra hoy la próxima gran crisis de deforestación de la cuenca amazónica. Con Brasil demostrando que un cambio de enfoque regulatorio puede revertir años de destrucción forestal en tiempo relativamente corto, la pregunta que queda abierta es si Bolivia logrará aplicar una respuesta similar antes de que el mismo patrón de expansión agropecuaria termine replicando, dentro de su propio territorio, la crisis que su vecino recién consiguió controlar.
por Juan Lagos
