Cada cierto tiempo aparece una palabra nueva que promete cambiar la forma en que se financia el campo, y en los últimos meses esa palabra es tokenización. Suena técnico, casi de otro planeta, pero la idea de fondo es bastante más simple de lo que parece. Esta nota busca explicarla paso a paso, con ejemplos cotidianos, para que cualquiera pueda entender de qué se trata sin necesidad de saber nada de finanzas ni de tecnología.
La pizza que lo explica todo
Imagina que tienes una pizza grande y en vez de comértela entera, la cortas en ocho porciones para repartirlas o venderlas por separado. Nadie necesita comprar la pizza completa para poder disfrutar de un pedazo. Eso, en esencia, es tokenizar: tomar un activo grande y valioso —un campo, una cosecha, una bodega de vino— y dividirlo en partes pequeñas, llamadas tokens, que cualquier persona puede comprar, vender o guardar.
La diferencia con una pizza es que esos “pedazos” no son físicos, sino digitales: quedan registrados en una blockchain, una especie de libro de registro compartido y a prueba de manipulaciones, donde queda anotado quién es dueño de cada porción y en qué condiciones. Como explica Ariel Jaureguiberry, de la plataforma argentina Tokena, la tokenización es, en el fondo, “la representación digital de un activo”.
El ejemplo de los granos, como un vale de guardarropía
Uno de los casos más fáciles de entender es el de los granos. En Argentina, la empresa AgroToken permite que un productor de soja, maíz o trigo deposite su cosecha en un acopio (una bodega de almacenamiento) y, a cambio, reciba un token digital que representa exactamente esa cantidad de grano. Por ejemplo, un token llamado SOYA equivale a una tonelada de soja guardada.
Es la misma lógica que un vale de guardarropía en un restaurante: cuando dejas tu abrigo, te dan un papelito que demuestra que ese abrigo es tuyo y está ahí guardado, sin que tengas que cargarlo contigo. Ese papelito se puede usar como comprobante, se puede mostrar para retirar el abrigo, e incluso —si el sistema lo permite— se podría vender a otra persona sin mover el abrigo del lugar donde está. El token de grano funciona igual: representa algo físico y real, guardado en un lugar seguro, y ese “papelito digital” se puede usar para pagar, pedir un crédito o venderlo, sin que el grano tenga que moverse del silo.
El ejemplo del campo, como comprar una acción
El otro caso típico es el de la tierra o los proyectos productivos completos. En vez de necesitar millones de pesos para comprar un campo entero, un inversionista puede comprar solo una fracción de él, tokenizada, de la misma forma en que hoy cualquier persona puede comprar una sola acción de una empresa que cotiza en bolsa, sin tener que comprar la empresa completa.
Jaureguiberry lo explica con un ejemplo concreto: si se van a sembrar 300 hectáreas en el sur de Córdoba, ese campo se convierte en un activo. El dueño de la tierra la pone a producir, el contratista aporta su trabajo de siembra y cosecha, y el inversionista pone el capital necesario. Todo eso queda registrado digitalmente, y cuando termina la temporada, las ganancias se reparten automáticamente entre los tres, en la proporción que le corresponde a cada uno, sin necesidad de que un abogado o un banco supervisen manualmente cada pago.
Qué dicen los expertos
Para los especialistas del área, el atractivo de este modelo está en resolver problemas que llevan décadas golpeando al agro, particularmente el acceso al financiamiento. Jon Trask, CEO de la empresa de tecnología agrícola Dimitra, ha planteado que este tipo de tokenización conecta directamente la agricultura con las herramientas de blockchain, permitiendo transformar en activos digitales no solo cultivos y tierras, sino también instrumentos más nuevos como los créditos de carbono.
El especialista en blockchain Daniel Eron Cavalcante, de NAVA Technology for Business, ha destacado que este modelo reduce la dependencia que hoy tienen los agricultores de las fuentes de financiamiento tradicionales —como los bancos—, además de bajar costos y burocracia, y de repartir de forma más pareja los beneficios económicos entre quienes participan del negocio. Cavalcante también advierte que la tecnología blockchain es clave para dar transparencia y seguridad a todo el proceso, ya que cada transacción queda registrada de forma permanente y verificable.
Los riesgos que hay que tener presentes
Como toda inversión, la tokenización agrícola no está libre de riesgos. Los mismos especialistas advierten que hay que poner atención a la volatilidad de los precios de los productos agrícolas, a los fenómenos climáticos adversos que pueden arruinar una cosecha completa, y a que la regulación en muchos países todavía está en desarrollo. La recomendación general de la industria es que este tipo de inversión se aborde con un enfoque cuidadoso y con una gestión de riesgos adecuada, igual que cualquier otra inversión productiva.
Argentina, el laboratorio regional de la tokenización agrícola
El caso más avanzado de la región es, sin duda, argentino. AgroToken, la plataforma que popularizó los tokens de granos (SOYA para soja, CORA para maíz, WHEA para trigo), ya trabaja con cerca de 1.500 productores, 40 acopiadores y exportadores, y 200 comercios que aceptan estos tokens como forma de pago. En 2023 fueron incluso más allá y lanzaron Landtoken, un token para tierra agrícola, y ese mismo año protagonizaron un hito para la industria: el Banco Galicia otorgó el primer préstamo bancario del país usando tokens de soja como garantía, permitiendo que una empresa agroindustrial financiara su operación respaldada por su propia cosecha digitalizada. Desde la Cámara Argentina Fintech han calculado que el potencial de activos tokenizables del agro argentino podría llegar a los US$60.000 millones.
Brasil, el gigante que tokeniza sus cuentas por cobrar
Brasil, el mayor productor agrícola de la región, ha tomado un camino distinto pero igual de relevante: la tokenización de los llamados CRA (Certificados de Recebíveis do Agronegócio), es decir, las cuentas por cobrar del agronegocio. En términos simples, quiere decir que un productor o una empresa agrícola que tiene plata por cobrar a futuro (por ejemplo, de un comprador que pagará su cosecha en cuotas) puede convertir ese derecho de cobro en un token y venderlo hoy a un inversionista, a cambio de recibir liquidez inmediata en vez de esperar meses. Gracias a este mecanismo, hoy existe en el país un número importante de compradores y vendedores de este tipo de instrumentos, lo que facilita encontrar contraparte cuando alguien quiere comprar o vender uno de estos tokens. AgroToken, la misma plataforma argentina de tokens de granos, también opera ya de forma integrada al mercado de commodities brasileño.
Colombia, entre los tokens ganaderos y la espera regulatoria
En Colombia, la conversación gira sobre todo en torno a la ganadería: los llamados tokens ganaderos permiten convertir la propiedad de un animal en un activo digital que se puede comprar, vender y negociar con mayor transparencia, identificando en el registro digital datos básicos del animal como su cantidad, raza, procedencia y condición sanitaria. El problema es que, a diferencia de Argentina y Bolivia, que ya tienen esta tecnología funcionando en el terreno, Colombia todavía espera que se resuelvan ciertos desafíos regulatorios antes de que estos tokens ganaderos puedan escalar con fuerza.
México y Colombia, la puerta de entrada con montos bajos
Otro camino que se está abriendo en la región es el del financiamiento inmobiliario fraccionado, que en algunos casos también alcanza a proyectos rurales. Plataformas como Reental o InvestWe, que operan en México y Colombia, permiten a un inversionista comprar una fracción de un bien raíz con montos de entrada tan bajos como US$100, muy lejos de los montos que tradicionalmente exige comprar una propiedad completa. Es el mismo mecanismo de propiedad fraccionada que se aplica a los granos o a la tierra agrícola, pero aplicado de forma más amplia al sector inmobiliario.
Estados Unidos, cuando se tokeniza el propio mercado
Fuera de la región, en Estados Unidos existe un caso que vale la pena mirar porque aborda el problema desde otro ángulo. La plataforma Producers Market (antes llamada Producers Token), fundada por el emprendedor agrícola Keith Agoada —quien antes había fundado Sky Vegetables, una compañía de agricultura urbana e invernaderos hidropónicos—, no tokeniza tanto la tierra o la cosecha, sino el propio mercado de compraventa. La plataforma conecta directamente a productores agrícolas verificados con compradores mayoristas —marcas, cadenas de retail y distribuidores—, eliminando a los intermediarios tradicionales (corredores y agentes de venta) que suelen cobrar comisiones de entre un 3% y un 5% por transacción, y reemplazando ese costo por una comisión mucho menor, de solo 0,5%. La compañía también se asoció con IBM Food Trust para sumarle trazabilidad blockchain a esas transacciones, de forma que cada producto pueda seguirse desde el productor hasta el comprador final con mayor transparencia.
Un mismo objetivo, distintos caminos regulatorios
Lo que estos casos muestran es que, aunque el concepto de fondo es el mismo en todos lados —dividir un activo agrícola en partes pequeñas, o reordenar el mercado que rodea a ese activo, para facilitar el acceso a financiamiento e inversión—, cada país está avanzando a su propio ritmo y con su propio enfoque: Argentina apostando fuerte a los granos y el crédito bancario respaldado en tokens, Brasil ordenando su mercado de cuentas por cobrar del agronegocio, Colombia mirando la ganadería a la espera de reglas más claras, México y Colombia abriendo la puerta a la inversión inmobiliaria fraccionada, y Estados Unidos usando la misma lógica para achicar las comisiones que hoy se llevan los intermediarios del mercado agrícola. La claridad regulatoria —es decir, que exista una ley que reconozca legalmente estos tokens— sigue siendo, en toda la región latinoamericana, el factor que más determina qué tan rápido puede crecer este tipo de financiamiento para el agro.
por Juan Lagos
