por Augusto Delgado
Hace algunos años, como sociedad, comenzamos a buscar propiedades agrícolas para arrendar y establecer vivero y plantaciones frutales.
En el proceso de búsqueda nos llevamos una gran sorpresa. Ya no solo tenemos que competir con los proyectos inmobiliarios y la subdivisión de predios agrícolas, sino que también tenemos que competir con los proyectos de parques solares. Suena absurdo, pero es la realidad, en Chile estamos inmovilizando terrenos agrícolas para el desarrollo de parques solares.
Promover el uso de energías renovables para disminuir las emisiones de CO2 y combatir el cambio climático me parece muy importante y una iniciativa fundamental para el desarrollo de nuestro país. Sin embargo, el uso de suelos agrícolas para los proyectos de parques solares genera una competencia indeseada sobre propiedades cuya clase de uso de suelo podría cumplir con los requisitos necesarios para la producción de alimentos.
Hay que tener mucho cuidado con las propiedades, ya que al vender o transferir los derechos de agua, la propiedad quedaría sin agua de riego y pasaría a ser un terreno de secano, afectando su capacidad de producción agrícola y podrían pasar a ser tierras óptimas para el desarrollo de proyectos de parques solares.
El hecho de que los parques solares arrienden propiedades de uso agrícola genera una competencia por los terrenos y un aumento en el valor del arriendo, ya que las empresas energéticas ofrecen más del doble del valor tradicional. Esto baja la competitividad de la agricultura nacional y la rentabilidad de la exportación de sus productos.
Chile tiene la ventaja de tener una gran variedad de climas por su geografía y, además, tiene barreras fitosanitarias naturales que nos aíslan del resto del mundo, generando ventajas comparativas dadas sus condiciones privilegiadas para desarrollar agricultura. La industria agrícola juega un papel fundamental en la economía chilena. Según datos del Banco Mundial, genera más del 6% del total de empleos en Chile y crea más de 580.000 puestos de trabajo directos, sin contar los empleos indirectos. Además, produce gran parte de los alimentos que llegan a nuestra mesa todos los días, lo cual permite que los chilenos puedan comprar productos a un precio menor que si tuviéramos que importar el total de nuestros alimentos. Eso se traduce una mejor calidad de vida y disminuye nuestra dependencia de otros países para alimentar a nuestra población frente a cualquier problema o conflicto internacional, que pueda afectar la oferta o el precio de los productos.
La población mundial sigue creciendo y se espera que para el 2050 lleguemos a ser más de 9.700 millones de personas, según la Organización de las Naciones Unidas, casi un 28% más de la población actual.
El hemisferio norte tiene más del 80% del total de la población y eso nos genera otra ventaja respecto a los demás países productores y exportadores de alimentos. El hemisferio norte necesita de los productos generados en el hemisferio sur para dar continuidad a la oferta de productos y alimentar a su población en el período de contra estación.
Si aumenta la población van a necesitar más alimentos y, por lo tanto, nuestros productos van a tener mayor demanda.
La implementación de nuevos sistemas para la generación de energía renovable es necesaria, soy un férreo seguidor de aquella tecnología. Sin embargo, creo que debemos tener mucho cuidado con las tierras que se usan para este tipo de proyectos.
En los últimos años se generó un boom de las parcelaciones de predios agrícolas y cada día hay menos propiedades para cultivar. Teniendo tanta superficie disponible con clase de suelo que no permite la siembra ni la plantación frutal, ¿Tiene sentido sacrificar nuestras mejores tierras agrícolas para instalar paneles solares?
