El presidente Donald Trump reiteró este fin de semana que Canadá debería compensar económicamente a Estados Unidos por el humo de los incendios forestales que ha deteriorado la calidad del aire en gran parte del país, y volvió a plantear la posibilidad de sumar ese costo a los aranceles que Washington ya aplica a su vecino del norte. El primer ministro canadiense, Mark Carney, rechazó la acusación, mientras la provincia de Ontario calificó las críticas de “una vergüenza”.
Una amenaza que Trump repite desde hace una semana
Trump planteó por primera vez la idea el viernes 17 de julio, a través de su cuenta en Truth Social, acusando al gobierno de Mark Carney de “negligencia deliberada” en el manejo de los bosques canadienses. “Hacemos responsable a Canadá por no mantener adecuadamente sus bosques y la maleza que hay en ellos, lo que provoca que Estados Unidos se vea invadido innecesariamente por aire sucio, contaminado y nocivo para la salud”, escribió el mandatario. Este fin de semana, durante la final del Mundial en Nueva Jersey, Trump confirmó que abordó personalmente el tema con Carney, y ante la prensa fue directo: “tal vez deberían pagarnos una indemnización o algo así, o deberíamos imponer algunos aranceles”.
El trasfondo: más de 800 incendios activos
La amenaza llega en medio de una intensa temporada de incendios forestales en Canadá, con cientos de focos activos —especialmente en Ontario, Manitoba y Saskatchewan— favorecidos por altas temperaturas y condiciones de sequía. Según el Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos, las partículas finas contaminantes provenientes de más de 800 incendios activos han seguido desplazándose hacia el sur arrastradas por el viento, generando alertas de calidad del aire en 18 estados y el Distrito de Columbia, y afectando a más de 100 millones de personas en el Medio Oeste y el noreste estadounidense, incluida la ciudad de Washington D.C., que amaneció cubierta de humo la semana pasada.
La respuesta de Canadá
El jefe de Gobierno de la provincia de Ontario, Douglas Ford, calificó las críticas de Trump como “absolutamente inaceptables” y “una vergüenza”, recordándole que Canadá envió aviones cisterna y equipos completos para ayudar a combatir los incendios de California el año pasado, además de electricistas a Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia tras emergencias climáticas. “Eso es lo que hacen los vecinos”, señaló Ford, advirtiendo que “un día les tocará a ustedes”. Desde el gobierno federal canadiense, las autoridades rechazaron la acusación de negligencia y defendieron el trabajo de cooperación bilateral en materia de manejo forestal y respuesta a emergencias.
Un nuevo frente en la guerra comercial bilateral
Más allá del episodio puntual, la amenaza se inserta en la ya tensa relación comercial entre ambos países. Analistas advierten que ligar un fenómeno climático a la política arancelaria introduce un criterio inédito en las disputas comerciales de Estados Unidos, con el potencial de sentar un precedente que podría aplicarse a futuros conflictos con otros socios comerciales, incluida la Unión Europea. Canadá es uno de los principales proveedores de energía, madera y minerales de Estados Unidos, por lo que cualquier escalada arancelaria adicional sobre esos rubros tendría un correlato directo en los costos de insumos para la industria estadounidense.
Lo que viene
Trump no precisó un monto ni un mecanismo concreto para la eventual “indemnización” que exige a Canadá, ni un plazo para materializar la amenaza arancelaria, dejando la disputa en un terreno más retórico que formal por ahora. La resolución del episodio dependerá en buena medida de si los incendios canadienses —que suelen extenderse durante el verano boreal— logran ser controlados en las próximas semanas, lo que reduciría la presión política sobre Carney, o si la situación se prolonga y termina escalando hacia una medida arancelaria concreta.
El guiño agrícola detrás del humo de los incendios
Detrás de la disputa por el humo hay un capítulo silvoagropecuario que rara vez se menciona: Canadá es también uno de los grandes exportadores agrícolas del mundo —líder mundial en canola y uno de los mayores proveedores de trigo y legumbres— y cualquier escalada arancelaria más amplia entre ambos países terminaría, tarde o temprano, salpicando también a ese comercio agroalimentario bilateral. Además, los propios incendios forestales que originan la disputa no son un problema exclusivamente ambiental: consumen cada temporada miles de hectáreas de bosque productivo y deterioran la calidad del aire en zonas agrícolas de ambos lados de la frontera, un costo que ni Washington ni Ottawa han puesto todavía sobre la mesa en esta discusión centrada, por ahora, solo en aranceles.
