El acuerdo comercial entre India y Estados Unidos, firmado en febrero de 2026, abre el mercado del mayor importador mundial de aceites vegetales a los productos agrícolas de Washington. Argentina y Brasil, que abastecían ese mercado sin competencia real, enfrentan un escenario inédito. El tratado definitivo aún no está cerrado, pero los mercados ya se están moviendo.


El mayor importador mundial de aceites vegetales acaba de cambiar las reglas del juego. India y Estados Unidos suscribieron en febrero de 2026 un acuerdo comercial interino que reduce aranceles en una amplia gama de productos agrícolas estadounidenses, con efectos que ya se sienten en los mercados de commodities de América del Sur.

El texto del acuerdo, presentado como la primera fase de un tratado bilateral más amplio, compromete a India a eliminar o reducir aranceles sobre aceite de soja, granos secos de destilería con solubles (DDGS), sorgo rojo para alimentación animal, frutas frescas y procesadas, frutos secos y vinos, entre otros productos. A cambio, Estados Unidos redujo sus aranceles sobre exportaciones indias del 50% al 18%. Pero el tratado definitivo sigue abierto, y lo que ocurra en las próximas semanas determinará cuánto cambia realmente el tablero para los exportadores del Cono Sur.

Argentina y Brasil en el centro de la tormenta

El impacto más directo para América del Sur se concentra en el aceite de soja. India es el mayor importador mundial de aceites vegetales, y hasta ahora Argentina y Brasil eran sus proveedores dominantes. Durante el año oleaginoso 2024-25, India importó un récord de 5,47 millones de toneladas de aceite de soja, provenientes mayoritariamente de ambos países. Argentina sola exportó 2.690 millones de dólares en aceite de soja a India en 2024, representando el 56,5% del total importado por ese país. Brasil aportó otro 17,8%. Estados Unidos, en cambio, apenas llegaba a entre 150.000 y 200.000 toneladas.

Con el nuevo acuerdo, Washington obtiene acceso preferencial al mercado indio a través de una cuota arancelaria especial. Según el analista independiente Javier Hernández, citado por la agencia Fastmarkets, el efecto más probable sería “un desplazamiento del aceite de soja argentino por aceite estadounidense, una caída en el precio FOB del aceite argentino y una redirección hacia otros mercados”.

Sin embargo, el alcance real de ese desplazamiento tiene límites concretos. El aceite de soja de origen estadounidense es en general más caro que el sudamericano —entre 30 y 40 dólares por tonelada adicionales, más costos logísticos—, lo que reduce su atractivo para los compradores indios. Además, la demanda interna de EE.UU. para biocombustibles, en particular para la producción de combustible de aviación sostenible (SAF), podría absorber gran parte del aceite disponible antes de que llegue a exportarse. “El aceite de palma sigue siendo el más barato para el comercio de exportación, pero vemos que el aceite de soja argentino se acerca al precio del palma, mientras que el aceite de soja estadounidense se convierte en una isla por la demanda interna de biocombustibles”, señaló Alex Fox, analista de Stabro Corp, en declaraciones recogidas por Fastmarkets.

La puerta trasera del maíz: el debate por los DDGS

Uno de los aspectos más polémicos del acuerdo es la apertura a la importación de DDGS —subproducto del maíz procesado para etanol—, con una cuota inicial de 500.000 toneladas libres de aranceles. Los grupos de agricultores indios advierten que se trata de una “entrada trasera” del maíz transgénico estadounidense, dado que los DDGS provienen en su mayor parte de variedades genéticamente modificadas que India prohíbe formalmente.

Para América Latina, el tema también tiene consecuencias indirectas. Según datos del Consejo de Granos de EE.UU., las exportaciones de DDGS estadounidenses ya superaron los 10 millones de toneladas anuales, con México como principal destino. Si India se consolida como comprador relevante de este subproducto, podría incrementar la demanda de maíz y granos forrajeros en el mercado global, con efectos sobre los precios que reciben los productores de Brasil, Argentina y Paraguay.

La resistencia del campo indio

El acuerdo no pasó sin controversia. La Samyukta Kisan Morcha (SKM), la principal coalición de organizaciones campesinas de India, calificó el pacto de “rendición total” ante las multinacionales agroindustriales estadounidenses y exigió la renuncia del ministro de Comercio, Piyush Goyal. La coalición convocó protestas nacionales y envió cartas al presidente de India para que el primer ministro Modi no suscribiera el acuerdo. “Si el acuerdo se firma, el algodón, la soja, el trigo, el maíz y los productos lácteos estadounidenses se venderán aquí a precios mucho más baratos, causando un dumping masivo”, advirtió la organización Rashtriya Kisan Mahasangh.

El gobierno de Modi, por su parte, sostiene que los productos sensibles quedaron excluidos. El ministro de Agricultura, Shivraj Singh Chouhan, afirmó que “el maíz, el trigo, el arroz, la soja, los lácteos y los transgénicos no entrarán desde Estados Unidos”, y que las concesiones arancelarias se limitaron a productos en los que India tiene alta dependencia de importaciones. Pero la credibilidad de esa promesa quedó en entredicho cuando la Casa Blanca tuvo que corregir su propio comunicado oficial días después de la firma, eliminando referencias a concesiones en legumbres y suavizando la redacción sobre productos agrícolas, tras la presión del campo indio y la oposición política.

Un nuevo mapa del comercio agrícola global

El acuerdo India-EE.UU. ocurre en un contexto de reconfiguración acelerada del comercio agrícola mundial. Apenas meses antes, Washington y Pekín habían acordado retomar las compras de soja estadounidense, con un compromiso chino de adquirir al menos 25 millones de toneladas anuales hasta 2028. Ese acuerdo ya había presionado a Brasil y Argentina, que ganaron participación de mercado durante los años de guerra comercial entre ambas potencias. Ahora, con EE.UU. abriendo simultáneamente frentes en China e India —los dos mayores mercados agrícolas del mundo—, los exportadores sudamericanos enfrentan una presión renovada sobre sus cuotas de mercado. Según proyecciones de la Universidad de Purdue, las exportaciones de soja de Brasil podrían caer entre 7 y 10 millones de toneladas en 2026 respecto a 2025, precisamente por la normalización de los flujos comerciales entre EE.UU. y sus principales socios asiáticos. El USDA, en su reporte de perspectivas de mayo de 2026, agrega otro dato inquietante: la producción mundial de soja para el ciclo 2026/27 crecerá en 9,2 millones de toneladas métricas, con aumentos en Brasil, Argentina, Uruguay y la propia India, lo que profundiza el superávit de oferta y presiona los precios a la baja.

El espejo latinoamericano

Más allá de las cifras, el conflicto que enfrenta el campo indio frente al TLC con EE.UU. tiene un correlato conocido en América Latina. Los mismos dilemas que hoy agitan a los agricultores de Punjab y Maharashtra —apertura de mercados de semillas a multinacionales, eliminación de barreras no arancelarias, entrada de productos transgénicos, presión sobre los precios mínimos garantizados— han sido parte del debate agrícola en México, Colombia, Chile y Perú durante las últimas décadas. La diferencia es de escala: India tiene más de 150 millones de pequeños agricultores, y cualquier cambio en su política agrícola tiene efectos globales casi inmediatos.

Lo que está ocurriendo hoy

Tres meses después de la firma del marco interino, el tratado bilateral completo entre India y Estados Unidos sigue sin cerrarse. El acuerdo de febrero fue un punto de partida —un marco de intenciones— pero los detalles concretos sobre cuotas, plazos de implementación arancelaria y barreras no arancelarias todavía están en negociación.

El embajador estadounidense en Nueva Delhi, Sergio Gor, declaró hace apenas días que el acuerdo definitivo se espera para las “próximas semanas y meses”. En un evento de la Cámara de Comercio Americana en Delhi, señaló que una delegación india visitó Washington el mes pasado y que una delegación estadounidense viajará a India en junio. “Las negociaciones llevan un año y medio, pero para poner esto en perspectiva, la Unión Europea tardó casi 19 años. Somos optimistas de que en las próximas semanas y meses este acuerdo comercial se finalizará”, dijo el diplomático.

Pese al optimismo oficial, el camino no está despejado. La coalición campesina SKM mantiene activa su campaña de oposición, y el campo agrícola indio sigue en alerta ante la posibilidad de que el acuerdo definitivo incorpore condiciones más amplias que el marco interino, especialmente en lo referido a transgénicos, maíz y lácteos.

Mientras tanto, los mercados de commodities ya comenzaron a procesar el cambio de escenario. Las exportaciones agrícolas de Estados Unidos hacia India crecieron un 34% en los primeros once meses del ciclo reciente, pasando de 2.000 millones a 2.700 millones de dólares, acortando el déficit comercial agrícola bilateral a menos de la mitad. La presión sobre los precios FOB del aceite de soja argentino ya es perceptible, aunque la cuota preferencial para EE.UU. aún no está implementada en su totalidad.

A eso se suma un factor que no estaba en el mapa cuando se firmó el acuerdo en febrero: la escalada del conflicto en Oriente Medio. El cierre o amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz —por donde transita una parte relevante del tráfico de fertilizantes y petróleo— ha introducido una nueva variable de incertidumbre sobre los costos de producción agrícola a nivel global. India, que además comprometió reducir sus compras de petróleo ruso como condición para el acuerdo con EE.UU., está redirigiendo su aprovisionamiento energético en medio de una zona de alta tensión, con costos que el sector agrícola indio —y los exportadores que compiten con India— están comenzando a calcular.

Qué esperar en los próximos meses

El acuerdo bilateral definitivo, que según ambas partes debería firmarse antes del verano boreal de 2026, determinará el alcance real de la apertura agrícola india. Si el texto final mantiene las exclusiones prometidas —maíz, soja, trigo, lácteos, transgénicos— el impacto sobre los exportadores sudamericanos será limitado y gradual. Si en cambio EE.UU. logra negociar condiciones más amplias en la fase 2 del tratado, el escenario competitivo para Argentina y Brasil en el mercado indio cambiará de forma estructural.

Para los productores del Cono Sur, la señal más clara ya está escrita: el mayor importador de aceites vegetales del mundo está diversificando sus proveedores por razones que van más allá de los precios. La geopolítica, el alineamiento con Washington y la reducción de dependencia del petróleo ruso son ahora variables que inciden directamente en quién le vende aceite de soja a India. Eso es una novedad que llegó para quedarse, independientemente de cómo termine la letra chica del tratado.


Fuentes: The Hindu, Business Standard, Reuters, Fastmarkets, S&P Global Platts, Down to Earth, People’s Dispatch, Universidad de Purdue, BusinessToday, USDA Economic Research Service, Trading Economics, Stimson Center. Actualización al 26 de mayo de 2026.