Durante décadas, arrear ganado en las estancias más extensas de Australia significó volar en helicóptero a ras del suelo, esquivando árboles y cables de electricidad a más de 100 km/h. Fue, según reconocen las propias autoridades de aviación del país, una de las ocupaciones más peligrosas de la aviación civil australiana. Hoy, una empresa fundada por un ganadero de cuarta generación está reemplazando ese riesgo por un dron que ladra.
Algunas estaciones ganaderas del Outback australiano, en regiones como Queensland o Australia Occidental, superan el millón de hectáreas: extensiones comparables al tamaño de países pequeños como Bélgica. Arrear ganado en ese territorio siempre implicó un desafío logístico extremo, y durante décadas la herramienta más efectiva para cubrirlo fue el helicóptero volando a baja altura, capaz de localizar animales dispersos y aplicar la presión necesaria para moverlos hacia los corrales o las aguadas.
Un trabajo que la propia autoridad de aviación describe como de alto riesgo
El costo humano de ese método ha sido significativo. Entre 2010 y 2023, la Oficina Australiana de Seguridad del Transporte (ATSB) registró 133 incidentes —incluyendo accidentes fatales— vinculados a operaciones de arreo aéreo. Uno de los casos más recientes: en abril de 2023, un helicóptero Robinson R44 golpeó un cable eléctrico no señalizado mientras su piloto buscaba ganado rezagado en una propiedad de Queensland, matando al piloto en el impacto. Los propios reportes de la ATSB identifican los choques con cables como un riesgo recurrente en el vuelo rasante de arreo, una actividad que exige maniobrar entre árboles y quebradas a baja altura durante horas.
Al riesgo humano se suma el costo económico: contratar un helicóptero para arrear ganado cuesta, en promedio, unos US$500 por hora (aproximadamente su equivalente en dólares australianos), sin contar el estrés y las lesiones que el ruido de motores y el vuelo agresivo generan en los propios animales durante las corridas.
De un dron barato comprado en Hong Kong a un “perro pastor” comercial
La solución que está ganando terreno tiene un origen bastante más modesto de lo que su nombre comercial sugiere. Luke Chaplain, ganadero de cuarta generación de la estación familiar Malakoff, en Cloncurry, Queensland, empezó a experimentar con drones en 2017 después de comprar uno económico en Hong Kong para intentar arrear unas vaquillonas hacia los corrales. En 2022 formalizó esa experimentación fundando SkyKelpie, con el respaldo de Meat & Livestock Australia (MLA) y del Departamento de Agricultura y Pesca de Queensland (QDAF).
El nombre de la empresa hace referencia al kelpie, la raza de perro pastor australiano por excelencia, y no es solo un guiño de marketing: los drones de SkyKelpie incorporan parlantes que reproducen sonidos de ladridos, replicando el estímulo instintivo que un perro pastor real ejerce sobre el ganado, en vez de asustarlo con el ruido de un motor.
De la demostración local al arreo remoto a 300 kilómetros
El hito más espectacular de la compañía hasta la fecha ocurrió en febrero de 2025, durante la conferencia evokeAG. en Brisbane: Chaplain arreó ganado en un campo ubicado a 300 kilómetros de distancia, operando el dron completo desde un centro de operaciones remoto montado dentro del propio centro de convenciones, ante una audiencia en vivo. Fue, según los organizadores del evento, la primera demostración mundial de arreo remoto de este tipo. Un año antes, en Beef Australia 2024, la empresa ya había mostrado una demostración similar arreando ganado cerca de Upper Pilton mientras el piloto operaba desde la Gold Coast, a cientos de kilómetros de distancia, utilizando además una estación de recarga automatizada tipo “dron en caja”.
La tecnología de visión térmica, en particular, ya demostró su valor en condiciones reales de producción. En agosto de 2025, la empresa Australian Country Choice —uno de los mayores terratenientes y proveedores de carne vacuna de Australia— utilizó por primera vez drones con cámara térmica para arrear ganado extraviado de noche en su propiedad Moray Downs, de 100.000 hectáreas, ubicada junto a una mina de carbón en Queensland central. Los drones detectaron animales a más de 100 metros de altura por su firma de calor corporal, localizando unas 20 cabezas extraviadas dentro de un arreo total de 12.000 animales.
El caso de negocio, verificado por un economista independiente
Más allá de las demostraciones, existe una estimación económica concreta que respalda la adopción de esta tecnología. Un estudio encargado en 2022 y realizado por un economista independiente encontró que reemplazar un helicóptero por un dron en una explotación de carne vacuna del norte de Australia puede generar un retorno sobre la inversión del 251%. SkyKelpie reporta hoy más de 100.000 cabezas de ganado ya arreadas mediante su tecnología en distintas propiedades de Australia, y ofrece equipos escalonados según presupuesto: desde un dron de entrada como el DJI Air 3 (unos US$2.500), pasando por el Mavic 3T con cámara térmica y zoom (unos US$9.000), hasta el Matrice 30T, resistente al agua y al polvo y capaz de operar entre -20°C y 50°C (unos US$16.000).
Otros productores reportan cifras de ahorro operativo aún más directas: un ganadero de Queensland citado por la cadena pública ABC calculó el costo de volar su propio dron en apenas US$1 por kilómetro, lo que le permitió arrear un potrero de 600 hectáreas por un costo total cercano a los US$20.
El obstáculo regulatorio que todavía frena la escala completa
La tecnología ya funciona, pero su despliegue a gran escala choca con una barrera regulatoria concreta. La Autoridad de Seguridad de la Aviación Civil de Australia (CASA) exige que, salvo excepciones, los drones se operen dentro del alcance visual del piloto, algo poco práctico en estaciones de cientos de miles de hectáreas. Obtener la acreditación necesaria para operar más allá del alcance visual (BVLOS, por su sigla en inglés) —el requisito que permitiría el tipo de arreo remoto a cientos de kilómetros ya demostrado por SkyKelpie— es, según describe la propia empresa, un proceso costoso, detallado y complejo. Por eso, parte de la estrategia de SkyKelpie hoy consiste en reunir suficientes datos operativos para demostrarle al regulador que los beneficios de esta tecnología justifican flexibilizar esa exigencia.
Más allá del arreo, el monitoreo constante de agua e infraestructura
El uso de drones en estas estancias ya se expandió más allá del arreo propiamente dicho. Productores que adoptaron la tecnología reportan usarla también para controlar plagas de fauna silvestre, revisar cercos y monitorear bebederos y molinos de viento en rutinas programadas —identificando fallas de agua o roturas antes de que el ganado sufra deshidratación—, aprovechando la misma flota de equipos que ya usan para el arreo nocturno o previo al amanecer, cuando las temperaturas todavía son bajas.
Qué significa esto para la ganadería extensiva
El caso australiano plantea una ecuación que probablemente resuene en cualquier ganadería extensiva del mundo, incluida buena parte de la región patagónica o el norte árido de países como Chile, Argentina o México: reemplazar una herramienta cara y objetivamente peligrosa —el helicóptero de arreo— por una considerablemente más barata, más silenciosa para el animal y sin riesgo de vida para el operador, que además permanece en tierra firme mientras el dron hace el trabajo en el aire. La cifra de 133 incidentes en 13 años que registra la autoridad aeronáutica australiana no es un dato menor: es, en los hechos, el problema de seguridad que esta tecnología busca resolver de raíz, mientras de paso reduce el estrés animal y multiplica la frecuencia con la que un productor puede revisar cada rincón de un campo del tamaño de un país pequeño.
Fuentes: evokeAG. (Australia), ABC News (Moray Downs, Australian Country Choice), Interesting Engineering, Departamento de Agricultura e Industrias Primarias de Queensland (DPI), Meat & Livestock Australia (MLA), Queensland Country Life, Commercial UAV News, Australian Transport Safety Bureau (ATSB), Flying Glass.
por José Rios
