Un farol necesita cables, un poste y electricidad para encenderse cada noche. La startup española Bioo apuesta a que, en el futuro, esa función la pueda cumplir directamente una planta. Su desarrollo más reciente, bautizado Bioo Lumina, logra que plantas comunes emitan una luz tenue durante la noche, sin electricidad, sin cableado y sin modificarlas genéticamente.
Cómo funciona una planta que brilla sola
La tecnología se basa en un compuesto biocompatible que se aplica directamente sobre las hojas de la planta. En un plazo de aproximadamente 24 horas, la planta absorbe ese compuesto de forma natural, y a partir de ese momento queda capacitada para almacenar parte de la energía solar que capta durante el día y liberarla, por la noche, en forma de luz visible. Según ha explicado la propia compañía, el proceso no interfiere en la fotosíntesis ni altera el genoma de la planta: durante el día, esta se comporta exactamente igual que cualquier otra, y solo al caer la noche revela su capacidad lumínica.
El resultado, según cifras de la propia empresa, permite ahorrar hasta un 90% de la energía que hoy consume el alumbrado convencional, además de reducir en hasta un 95% la contaminación lumínica de las ciudades, al prescindir de farolas tradicionales y de toda la infraestructura de cableado que estas requieren.
De la agricultura a la iluminación urbana
Lo llamativo es que esta tecnología no nació pensando en el alumbrado público. Su fundador, el ingeniero sevillano Pablo Vidarte, ha explicado en distintas entrevistas que el proyecto original apuntaba a la agricultura: la idea inicial era desarrollar sistemas capaces de “conversar” con las plantas, interpretando señales relacionadas con su estado —sed, necesidad de luz solar, presencia de enfermedades como hongos— a partir de frecuencias que estas emiten de forma natural y que son imperceptibles al oído humano. De esa investigación derivó también otro desarrollo de la compañía: interruptores biológicos que permiten activar luces o sonidos con solo tocar una hoja.
Fue explorando esas capacidades de las plantas que el equipo de Bioo llegó a una pregunta distinta: en lugar de depender de sistemas artificiales para iluminar espacios, ¿por qué no dejar que fueran las propias plantas las que generaran esa luz, en una relación de simbiosis con la naturaleza y ayudándolas, de paso, a crecer mejor.
Una década de investigación detrás del invento
Bioo fue fundada en 2015 y tiene su sede central en Viladecans, cerca de Barcelona, aunque hoy también cuenta con oficinas en Riad (Arabia Saudita) y Shanghái (China), desde donde desarrolla proyectos internacionales. Desde su fundación, la compañía ha recibido más de €10 millones en financiamiento, provenientes de fondos de la Unión Europea, del Gobierno de España y de inversión privada, y acumula ya seis patentes sobre sus distintos desarrollos tecnológicos, además de una red de más de 50 distribuidores.
Según reportes de prensa española, la tecnología Lumina ya está iluminando parques y espacios urbanos en ciudades como Shanghái, Dubái y Nueva York, además de proyectos en Barcelona.
Un campo de investigación con al menos tres caminos distintos
Bioo no está sola en esta carrera, aunque su enfoque es solo uno de al menos tres caminos científicos distintos que hoy compiten por lograr que las plantas emitan luz.
El más avanzado comercialmente es el de la modificación genética. La startup estadounidense Light Bio, con sede en Idaho y respaldada por inversionistas como Ginkgo Bioworks, desarrolló la Firefly Petunia: una petunia modificada genéticamente con genes provenientes de un hongo bioluminiscente (Neonothopanus nambi), que le permite brillar de forma continua y permanente, sin necesidad de ningún tratamiento externo. La planta obtuvo la aprobación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en 2024 y ya se vende directamente a consumidores en ese país. Es, hasta ahora, la opción más luminosa de las tres, pero también la única que involucra modificación genética, lo que implica pasar por procesos regulatorios mucho más exigentes y despierta más resistencia entre los consumidores.
Un segundo camino, puramente experimental por ahora, es el que investiga el Grupo Strano del MIT, en Estados Unidos, dentro de su programa de “nanobiónica vegetal”. En vez de modificar genéticamente la planta, inyectan nanopartículas biodegradables cargadas con las mismas moléculas responsables de la bioluminiscencia (luciferina y luciferasa) directamente en las hojas. El resultado ya se probó en berros de agua, logrando una luz tenue que dura alrededor de cuatro horas, sin necesidad de electricidad externa ni modificación genética, aunque todavía en una fase muy temprana de desarrollo.
El tercer camino es el que sigue Bioo: un compuesto biocompatible que se aplica de forma externa sobre las hojas de plantas nativas ya existentes, sin modificarlas genéticamente ni inyectarles nada. Es, en ese sentido, el enfoque más simple de aplicar a gran escala y el que evita por completo el debate sobre organismos genéticamente modificados, aunque su intensidad lumínica es menor a la que logra la ingeniería genética de Light Bio.
Hacia dónde apunta este campo
Más allá de las diferencias técnicas, las tres líneas de investigación comparten una misma ambición de fondo: que la vegetación deje de ser solo un elemento decorativo o ambiental y se convierta en infraestructura funcional de las ciudades, capaz de iluminar, generar energía o monitorear su propio entorno. Los propios investigadores de Light Bio han planteado que los aprendizajes derivados de esta tecnología también podrían aportar avances en áreas como la seguridad alimentaria y la nutrición, en la medida en que ayudan a entender mejor la fisiología molecular de las plantas. Es un campo todavía joven —la mayoría de estos desarrollos tiene menos de una década—, pero que ya dejó de ser ciencia ficción para convertirse en un mercado real, con productos a la venta, patentes registradas y ciudades que ya los están probando en sus calles y parques.
El otro invento de Bioo, electricidad desde el suelo
Antes de Lumina, el desarrollo insignia de la compañía era el Bioo Panel, un sistema capaz de generar electricidad a partir de la descomposición de sustancias orgánicas que las propias plantas liberan de forma natural a través de sus raíces, sin dañarlas. Este sistema, que la empresa sigue desarrollando y expandiendo internacionalmente, no solo genera energía limpia, sino que también ayuda a reducir la temperatura ambiente, absorber CO₂ y disminuir el consumo de agua en los espacios donde se instala.
Para el ingeniero sevillano, el objetivo de fondo va más allá de cualquier producto puntual: se trata de avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad, en el que edificios y espacios verdes dejen de ser solo elementos decorativos y se conviertan en infraestructura viva, capaz de generar energía, purificar el aire y hasta iluminar el espacio urbano por sí misma.
por Juan Lagos
