Cuando la NASA empezó a diseñar sistemas para cultivar alimentos en el espacio, enfrentó un problema que no admite soluciones a medias: en microgravedad, ni un kilo de tierra ni un litro de agua sobrante pueden darse por perdidos, porque cada gramo transportado hacia la órbita cuesta miles de dólares. La solución que desarrollaron para resolver ese problema terminó convirtiéndose, años después, en la base tecnológica de las granjas verticales urbanas que hoy producen alimentos usando hasta 95% menos agua que la agricultura tradicional.
Cómo la NASA cultiva sin tierra ni desperdicio
El Hábitat Avanzado de Plantas (APH), desarrollado por la NASA junto a Sierra Space, es la cámara de cultivo más grande jamás enviada al espacio, operando a bordo de la Estación Espacial Internacional desde 2017. Se trata de un sistema completamente sellado y automatizado, donde las raíces de las plantas no descansan en tierra, sino en un sustrato poroso de arcilla que libera nutrientes de forma controlada. Casi 200 sensores monitorean en tiempo real temperatura, humedad, niveles de dióxido de carbono y oxígeno, calidad e intensidad de la luz, y humedad específica en la zona de raíces, enviando toda esa información a un equipo en tierra en el Centro Espacial Kennedy que puede ajustar remotamente las condiciones de cultivo sin que la tripulación deba intervenir.
La pieza clave para el “cero desperdicio” es su capacidad de reciclar el agua transpirada por las propias plantas: la humedad que las hojas liberan al ambiente se recupera por condensación dentro del mismo circuito cerrado, evitando que se pierda una sola gota. Gracias a este sistema, astronautas ya han cosechado y comido rábanos y ajíes Hatch Chile cultivados directamente en órbita, en lo que la propia tripulación llegó a celebrar preparando “tacos espaciales”. Vale la pena notar que, según reportes recientes, el APH está llegando al final de su misión y será retirado de la estación espacial este año, después de casi una década de operación continua.
De la órbita a las granjas verticales terrestres
La misma lógica de raíces suspendidas en el aire, sin tierra, alimentadas por una neblina de agua y nutrientes, es el principio detrás de la aeroponía, la tecnología que hoy usan varias de las granjas verticales comerciales más grandes del mundo. La estadounidense AeroFarms, pionera del rubro desde 2004, opera granjas verticales de gran escala en Estados Unidos que usan hasta 95% menos agua que el cultivo tradicional en campo, recirculando el 100% del agua dentro de sus instalaciones mediante un sistema cerrado. En su planta de Danville, Virginia —la más grande de su tipo en el mundo—, la compañía incorporó además un proceso de recuperación de agua todavía más avanzado, similar en su lógica al que usa la NASA en órbita, logrando ahorros adicionales de más del 50% respecto a instalaciones anteriores de la propia empresa.
Vale la pena ser honestos sobre los desafíos reales de este modelo de negocio en la Tierra: AeroFarms atravesó dificultades financieras significativas, llegando a anunciar en 2023 la posible pérdida de financiamiento para continuar operando, antes de asegurar nuevos recursos de un inversionista existente para mantener sus operaciones. Especialistas del sector han señalado que la baja escalabilidad y los márgenes de rentabilidad ajustados siguen siendo un desafío estructural para la agricultura de precisión de este tipo, incluso cuando la tecnología en sí misma funciona correctamente.
Un mismo principio, distintas escalas de aplicación
El caso de la hidroponía comercial confirma el mismo patrón de ahorro hídrico: empresas como Pure Harvest Smart Farms, Bowery Farming y Gotham Greens, que ya cubrimos en esta sección, reportan reducciones de consumo de agua de entre 90% y 95% frente al cultivo tradicional en suelo, gracias a sistemas de circuito cerrado que reciclan el agua en lugar de perderla por evaporación o filtración en el terreno. La startup sueca SweGreen, que instala huertos hidropónicos directamente dentro de supermercados, reporta cifras todavía más extremas: apenas un litro de agua para producir un kilo de lechuga, frente a los 250 litros que exige el mismo cultivo en tierra.
Cuando la exploración espacial termina resolviendo problemas terrestres
El recorrido de esta tecnología, desde una cámara de cultivo diseñada para sobrevivir en el vacío del espacio hasta un huerto instalado dentro de un supermercado sueco o una planta industrial en Virginia, ilustra un fenómeno que se repite con frecuencia en la historia de la innovación: soluciones desarrolladas bajo las restricciones más extremas imaginables —cero desperdicio, cero margen de error, recursos limitados a lo que se puede transportar— terminan resolviendo, años después, problemas muy concretos en la Tierra, como la creciente escasez de agua que enfrenta la agricultura mundial. Para las ciudades que buscan producir alimentos de forma más eficiente y cercana al consumidor, la pregunta ya no es si esta tecnología funciona, sino qué tan rápido puede seguir escalando.
Fuentes: NASA, Sierra Space, Space Botany, Vertical Farming Planet, AeroFarms, Produce Grower, Blue Book Services, Sci-Tech Today.
por Juan Lagos
