La frutilla enfrenta un nuevo foco de atención sanitaria en el inicio de la temporada 2026. El nemátodo foliar de la frutilla, un organismo microscópico que afecta el desarrollo de la planta, se ha convertido en un desafío relevante para productores, viveros y autoridades, debido a su impacto en rendimiento y sanidad del cultivo.

Aunque no se trata de un problema nuevo, durante los últimos años el tema ha tomado mayor relevancia por su capacidad de dispersión a través del material vegetal y por los efectos que genera en predios productivos cuando no se detecta a tiempo.


Qué es el nemátodo de la frutilla

El nemátodo foliar asociado a la frutilla corresponde principalmente a Aphelenchoides fragariae. Este organismo puede provocar deformaciones en hojas, menor vigor de la planta y reducción del rendimiento, especialmente cuando el ataque ocurre en etapas tempranas del cultivo.

Los síntomas no siempre son evidentes en un comienzo. Por ello, en muchos casos el problema se detecta cuando el daño ya está instalado, lo que dificulta su manejo dentro del predio.


Qué cambió en Chile y por qué importa en 2026

Uno de los hitos clave fue el cambio en el estatus fitosanitario definido por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). El nemátodo dejó de ser considerado una plaga cuarentenaria ausente y pasó a ser tratado como una plaga presente, lo que implica un enfoque distinto.

Con este cambio, la estrategia ya no se centra en erradicación, sino en prevención, control y reducción del riesgo, especialmente en el origen del problema: los viveros y el movimiento de plantas.

Para la temporada 2026, este enfoque cobra mayor importancia, ya que obliga a productores y proveedores de plantas a reforzar la trazabilidad, el monitoreo y el manejo sanitario.


El rol del material vegetal y los viveros

Los especialistas coinciden en que el principal riesgo de dispersión del nemátodo está en el uso de plantines contaminados. Una vez que el organismo ingresa al predio, su control se vuelve complejo y costoso.

Por esta razón, el SAG y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) han reforzado acciones de capacitación, monitoreo y difusión técnica, con foco en viveros, asesores y productores.

El objetivo es reducir la entrada del nemátodo al sistema productivo y evitar que se transforme en un problema estructural del cultivo.


Qué puede hacer el productor frente a este escenario

Para la temporada 2026, las recomendaciones técnicas apuntan a medidas concretas:

  • Exigir respaldo sanitario y trazabilidad del material vegetal.
  • Realizar monitoreos tempranos y confirmar diagnósticos con apoyo técnico.
  • Implementar medidas de higiene y manejo del predio, evitando la dispersión entre lotes.
  • Tomar decisiones oportunas cuando se detectan focos, para reducir el impacto productivo.

Estas acciones no eliminan el riesgo por completo, pero permiten manejar el problema de forma más eficiente y reducir pérdidas.


Un desafío técnico que exige prevención

El caso del nemátodo de la frutilla confirma una tendencia cada vez más clara en la fruticultura chilena: los problemas sanitarios no se resuelven con una sola herramienta, sino con prevención, información y manejo integrado.

Para 2026, el mensaje es claro. La sanidad del cultivo comienza antes de plantar. Y en el caso de la frutilla, el control del nemátodo depende en gran medida de decisiones tomadas al inicio del ciclo productivo.