La empresa mantiene su determinación de no contratar remolacha para la temporada 2026-2027. Tras reuniones con agricultores, la SNA y el Gobierno, el foco ahora está en buscar alternativas para los productores afectados.

La remolacha chilena atraviesa uno de sus momentos más complejos en décadas. Luego de una serie de reuniones entre agricultores, la Sociedad Nacional de Agricultura, autoridades de Gobierno y Empresas Iansa, el escenario sigue siendo crítico: la compañía mantiene su decisión de no contratar remolacha para la temporada 2026-2027.

La medida fue comunicada por Iansa a fines de abril y golpeó directamente a productores de Ñuble y Biobío, zonas donde este cultivo ha tenido una importancia histórica. La empresa informó que su planta azucarera de San Carlos, en la Región de Ñuble, orientará su capacidad productiva al procesamiento de azúcar cruda, en lugar de producir azúcar a partir de remolacha nacional.

El Gobierno calificó la situación como lamentable y ha sostenido encuentros con agricultores para dimensionar el impacto. Sin embargo, desde el Ejecutivo también se reconoció que la decisión empresarial parece no tener vuelta atrás, al menos para las próximas temporadas.

Una decisión que cambia el escenario productivo

La decisión de Iansa no implica el cierre total de la planta de San Carlos. La empresa señaló que mantendrá operaciones vinculadas al procesamiento de azúcar cruda, endulzante líquido y otras líneas productivas. Sin embargo, el cambio deja fuera de la ecuación a los agricultores que producían remolacha bajo contrato.

Ese punto es central. La remolacha azucarera funciona con una lógica de agricultura contractual. Los productores siembran cuando existe un acuerdo previo con la industria que recibirá la producción. Sin ese contrato, el cultivo pierde viabilidad comercial, porque no cuenta con un mercado alternativo simple ni inmediato.

Por eso, la preocupación del sector no se limita a una menor compra. Para muchos agricultores, la decisión puede significar el fin de una actividad productiva en la que han invertido por años en maquinaria, riego, tecnología, conocimiento técnico y planificación agrícola.

Agricultores sin certezas para la próxima temporada

La temporada actual continúa en curso. Las hectáreas sembradas para el ciclo 2025-2026 se están entregando con normalidad en la planta de San Carlos. El problema se concentra en lo que viene: para la temporada 2026-2027, Iansa no ofrecerá nuevos contratos.

Según antecedentes entregados por el Gobierno, la afectación productiva nacional se estima en torno a 6.200 hectáreas. De ese total, 4.200 hectáreas corresponden a 236 agricultores ya catastrados por la autoridad.

La Sociedad Nacional de Agricultura ha planteado una estimación incluso mayor. El gremio advirtió que la medida podría afectar a más de 250 productores y cerca de 7.000 hectáreas. Además, recordó que la remolacha llegó a superar las 60 mil hectáreas en Chile, lo que muestra el fuerte retroceso que ha tenido este cultivo en las últimas décadas.

La preocupación de la SNA

La SNA reaccionó con preocupación ante el anuncio de Iansa. Su presidente, Antonio Walker, advirtió que la decisión pone en riesgo la continuidad de un cultivo histórico y pidió evaluar alternativas que permitan sostener, aunque sea parcialmente, la producción remolachera en el país.

Desde el gremio también se ha insistido en que el problema no puede quedar reducido a una decisión empresarial. La salida de Iansa del modelo de compra de remolacha afecta a productores, trabajadores, proveedores, transportistas y servicios asociados a una cadena que ha tenido fuerte presencia territorial.

La SNA también ha vinculado esta crisis con una realidad más amplia del agro. Los cultivos tradicionales enfrentan altos costos de producción, menor rentabilidad y precios internacionales que hacen más difícil sostener ciertas actividades. En ese contexto, la remolacha aparece como un caso emblemático de una presión que también golpea a otros rubros agrícolas.

El rol del Gobierno

El Ministerio de Agricultura ha sostenido reuniones con productores y representantes gremiales para evaluar el impacto de la medida. El ministro Jaime Campos señaló que el país requiere una explicación por parte de Iansa y calificó la decisión como muy lamentable y dolorosa para el sector.

A nivel territorial, el subsecretario de Agricultura, Francesco Venezian, junto al seremi de Agricultura de Ñuble, Juan Luis Enríquez, se reunió con agricultores afectados. Tras esos encuentros, el Ejecutivo ratificó que la decisión de la empresa se mantiene y que el foco deberá avanzar hacia medidas de apoyo y alternativas productivas.

Entre las líneas de trabajo mencionadas por la autoridad está la búsqueda de otras agroindustrias que puedan absorber parte de la superficie afectada. Sin embargo, esa transición no es simple. Cambiar de cultivo implica evaluar suelos, infraestructura, demanda, rentabilidad, maquinaria disponible, contratos comerciales y tiempos de adaptación.

Un golpe para Ñuble y Biobío

La crisis tiene un impacto especial en Ñuble y Biobío. En estas regiones, la remolacha ha sido parte de la economía agrícola local durante décadas. No solo ha generado ingresos para agricultores, sino también empleo, servicios, transporte, asistencia técnica y actividad vinculada a la planta de San Carlos.

En comunas como Chillán y San Ignacio, la preocupación ya se instaló con fuerza. Según reportes locales, estas zonas figuran entre las más afectadas por la decisión de la empresa.

El problema, además, llega en un momento delicado para el agro. Muchos productores enfrentan altos costos, incertidumbre climática y márgenes estrechos. Perder un cultivo contractual como la remolacha significa perder una alternativa relativamente estructurada dentro de la planificación agrícola anual.

La planta seguirá operando, pero con otro modelo

Iansa ha señalado que la planta de San Carlos continuará funcionando. No obstante, lo hará bajo un modelo distinto. En lugar de procesar remolacha nacional para producir azúcar, se enfocará en el procesamiento de azúcar cruda y otras líneas industriales.

Desde el punto de vista de la empresa, esta flexibilidad permite orientar la operación hacia la alternativa más competitiva según las condiciones del mercado. Pero desde la mirada de los agricultores, el cambio altera profundamente una relación productiva que durante años dio sustento a la cadena remolachera.

La diferencia es importante. La planta puede seguir activa, pero el cultivo nacional queda sin comprador principal. Y sin contrato, la siembra proyectada para la próxima temporada podría reducirse drásticamente o simplemente desaparecer.

Una cadena histórica en riesgo

La remolacha azucarera tiene una historia de más de 70 años en Chile. Fue parte del desarrollo agroindustrial del centro sur y permitió articular una cadena productiva con fuerte presencia regional. Iansa, creada en 1953, estuvo ligada desde sus orígenes a una política de impulso agroindustrial basada en la producción nacional de azúcar.

Por eso, el debate actual no solo tiene una dimensión económica. También tiene un componente territorial, social y productivo. La eventual desaparición de la remolacha como cultivo comercial afectaría conocimientos acumulados, inversión predial y una identidad agrícola construida por generaciones.

La preocupación de los agricultores apunta precisamente a eso. No se trata solo de buscar otro cultivo. Se trata de reemplazar una cadena completa, con su comprador, su logística, sus estándares técnicos, su calendario agrícola y su red de servicios.

El estado actual del conflicto

Después de las conversaciones sostenidas con la empresa, la SNA, los agricultores y el Gobierno, el escenario sigue sin una solución definitiva. Iansa mantiene su decisión de no contratar remolacha para la temporada 2026-2027. El Gobierno reconoce el impacto y trabaja en alternativas. Los agricultores piden respuestas claras y una transición responsable.

La situación, por ahora, se mueve desde la expectativa de revertir la medida hacia la necesidad de gestionar sus consecuencias. Esa es la principal señal que dejaron las últimas reuniones.

El desafío será evitar que el término de los contratos derive en una salida abrupta para cientos de productores. Para eso, se requerirán medidas concretas, información oportuna y una coordinación real entre el Estado, los gremios, las agroindustrias y la propia empresa.

La remolacha chilena enfrenta una etapa decisiva. Su continuidad productiva está en duda y el tiempo para encontrar alternativas se acorta. Para los agricultores, la pregunta ya no es solo qué pasará con Iansa, sino qué futuro tendrá un cultivo que durante décadas formó parte del paisaje agrícola del centro sur.