La sequía estructural que afecta a gran parte del territorio chileno ha dejado de ser un fenómeno puntual para convertirse en una de las principales amenazas para la seguridad alimentaria y la competitividad del agro. Frente a este escenario, la ciencia ha avanzado en el desarrollo de cultivos transgénicos y plantas editadas genéticamente capaces de tolerar mejor el estrés hídrico. ¿Qué evidencia existe en el mundo, qué ocurre hoy en Chile y cómo podría aplicarse esta tecnología de forma responsable?


Sequía en Chile: un desafío de largo plazo

Chile acumula más de una década de déficit hídrico, con especial impacto en la zona centro-norte. La reducción sostenida de precipitaciones, el aumento de las temperaturas y una mayor presión sobre los recursos hídricos han obligado a replantear los sistemas productivos agrícolas.

Si bien la eficiencia de riego, la gestión de cuencas y la reconversión productiva siguen siendo pilares clave, hoy se suma una pregunta estratégica: ¿puede la biotecnología ayudar a que los cultivos resistan mejor la escasez de agua?


Cómo funcionan los cultivos transgénicos frente al estrés hídrico

Los cultivos transgénicos y las plantas desarrolladas mediante edición genética (como CRISPR) buscan mejorar la respuesta de las plantas frente a condiciones adversas. Entre los principales mecanismos se encuentran:

  • Regulación más eficiente del uso del agua (apertura y cierre estomático).
  • Mayor protección celular frente al estrés hídrico y térmico.
  • Mejor desarrollo radicular para explorar el suelo en busca de humedad.
  • Mantención del rendimiento en condiciones de déficit moderado de agua.

A diferencia de las soluciones tradicionales, estas tecnologías no apuntan a aumentar la demanda hídrica, sino a reducir las pérdidas productivas cuando el agua escasea.


Evidencia internacional: avances y aprendizajes

A nivel global, existen múltiples líneas de investigación y desarrollos comerciales orientados a la tolerancia a sequía en distintos cultivos, principalmente cereales, leguminosas y forrajeras.

Uno de los ejemplos más conocidos es DroughtGard® (evento MON 87460), desarrollado por Bayer, un maíz transgénico diseñado para reducir pérdidas de rendimiento bajo estrés hídrico. Diversos estudios han mostrado que este tipo de eventos puede aportar mayor estabilidad productiva en ambientes secos, aunque sus resultados dependen del clima, el manejo agronómico y el suelo.

Este caso ilustra una tendencia más amplia: la biotecnología como herramienta de adaptación, no como solución única. En paralelo, universidades y centros de investigación avanzan en el uso de edición genética (CRISPR) para mejorar la tolerancia a sequía en cultivos como arroz, trigo, papa y otros, con resultados prometedores en etapas experimentales.


¿Qué pasa en Chile con los cultivos transgénicos?

Chile cuenta con un marco regulatorio que permite la investigación, los ensayos de campo y la producción de semillas transgénicas bajo estrictos sistemas de control, supervisados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Actualmente, el país es un actor relevante en la multiplicación de semillas transgénicas para exportación (contraestación), lo que demuestra capacidad técnica, regulatoria y científica. Sin embargo, la liberación comercial de cultivos transgénicos para consumo interno es un debate pendiente, que involucra aspectos productivos, regulatorios, comerciales y sociales.

En el contexto de la sequía, esto abre una oportunidad estratégica: evaluar, con evidencia local, si estas tecnologías pueden aportar resiliencia en determinados cultivos y sistemas productivos.


Oportunidades y límites para el agro chileno

Oportunidades

  • Mayor estabilidad productiva en escenarios de escasez hídrica.
  • Complemento a las políticas de eficiencia de riego y manejo de suelos.
  • Desarrollo de investigación local en edición genética aplicada a cultivos relevantes para Chile.

Límites y precauciones

  • La respuesta de cada cultivo depende del entorno local; no existen soluciones universales.
  • Es necesario evaluar impactos ambientales, comerciales y de aceptación de mercado.
  • La biotecnología no reemplaza la gestión del agua ni la planificación territorial.

Una hoja de ruta posible

Expertos coinciden en que el camino no es la adopción inmediata, sino un proceso gradual que incluya:

  1. Ensayos piloto en condiciones locales y con cultivos estratégicos.
  2. Fortalecimiento de la investigación público-privada en tolerancia a sequía.
  3. Actualización del marco regulatorio frente a nuevas técnicas como la edición genética.
  4. Transparencia, comunicación y diálogo con productores, consumidores y mercados.

Mirada final

Los cultivos transgénicos y la edición genética no son una solución mágica frente a la sequía, pero sí pueden transformarse en una herramienta complementaria relevante dentro de una estrategia integral de adaptación al cambio climático.

Para un país como Chile, donde la escasez hídrica llegó para quedarse, el desafío no es solo producir más, sino producir mejor y con mayor resiliencia.