Chile enfrenta un desafío ineludible: producir alimentos cuidando el medio ambiente. En este contexto, la agroenergía en la agricultura surge como una estrategia clave para reducir emisiones, proteger los recursos naturales y estabilizar los precios agrícolas en el largo plazo.

El problema del carbono fósil y el aumento del efecto invernadero

Durante los últimos 150 años, la humanidad ha dependido del carbón y el petróleo como motores del desarrollo. El problema es que este carbono “antiguo”, al liberarse, ingresa nuevamente a la atmósfera, aunque nunca formó parte del ciclo actual de la biosfera. Por eso, la agroenergía en la agricultura se posiciona como una alternativa limpia y estratégica para el país.

El resultado es claro: un aumento sostenido de los gases de efecto invernadero.

  • El dióxido de carbono (CO₂) explica cerca del 50% del efecto invernadero global.
  • Estos gases dejan pasar la radiación solar, pero atrapan la radiación de onda larga que emite la Tierra.
  • La temperatura media del planeta sigue aumentando, derritiendo glaciares y reduciendo la disponibilidad de agua dulce.

Las proyecciones advierten que al año 2030 la temperatura promedio podría subir entre 1,5° y 4,5°C, un escenario que afectaría directamente la productividad agrícola.

La agroenergía en la agricultura impulsa nuevas oportunidades de negocio al aumentar la demanda por residuos y materias primas.


La biomasa: la solución del “ciclo corto”

La alternativa más efectiva para reducir el impacto climático, sin renunciar al uso de energía basada en carbono, es utilizar fuentes que pertenezcan al ciclo del carbono actual.
Aquí entra en escena la biomasa: residuos agrícolas, forestales y cultivos energéticos capaces de transformarse en energía limpia.

Cuando se usa biomasa:

  • El carbono liberado es el mismo que la planta absorbió recientemente.
  • No se agrega carbono “nuevo” a la atmósfera.
  • Se establece un equilibrio entre emisiones y absorción natural.

Este es el fundamento del concepto Bioenergía y Medioambiente, un verdadero círculo virtuoso para la agricultura moderna.


Impacto económico: un estabilizador del precio de los commodities agrícolas

Más allá del beneficio ambiental, la agroenergía ofrece un impacto económico profundo.
A pesar del crecimiento de la población mundial, los precios internacionales del trigo, maíz, arroz y soya han caído más del 60% en comparación con otros bienes transables.

La incorporación de una política agroenergética trae efectos concretos:

1. Aumento de la demanda agrícola

La necesidad de residuos y productos para biocombustibles aumenta la demanda, impactando positivamente los precios agrícolas.

2. Incremento en la producción y en los residuos aprovechables

Los subproductos agrícolas pueden transformarse en energía, creando nuevas líneas de ingresos y reduciendo pérdidas.

3. Transformación del rol del agricultor

El campo deja de ser solo productor de alimentos para convertirse en productor de alimentos y energía, elevando su importancia estratégica.


La urgencia de sincronizar políticas públicas

El desarrollo agroenergético no puede depender únicamente del sector agrícola.
Se necesita una alineación entre:

  • Política energética
  • Política agrícola y de desarrollo
  • Política ambiental

Solo una estrategia coordinada permitirá enfrentar eficazmente:

  • El agotamiento de los recursos fósiles
  • El cambio climático
  • La dependencia energética externa
  • La necesidad de estabilidad en los ingresos rurales

La agroenergía no es solo una alternativa técnica: es una oportunidad histórica para posicionar al agro chileno como un pilar de la mitigación ambiental, la seguridad energética y la estabilidad económica del país.

Recursos recomendados

➡️ Ministerio de Energía – Energías renovables en Chile

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