El mismo sistema que mantiene a 10 regiones en estado de excepción preventivo reabre una discusión que se repite cada invierno en el agro: la escasa cobertura de seguros climáticos frente a un patrón de siniestros que crece año a año. Con la alerta ya declarada, cualquier productor sin póliza vigente queda fuera de la posibilidad de asegurarse para este evento.
Una brecha de seguros climáticos que vuelve a quedar en evidencia
Según datos de Fundación Terram y Agrolatam, los siniestros agrícolas por causas climáticas aumentaron 8% en julio de 2025 respecto al mismo mes de 2024, y 15% frente a 2023, con más de 1.400 siniestros pagados en 2024 y montos que ya superaban los $2.600 millones a julio de 2025.
Pese a esa tendencia al alza, menos del 2% de la superficie frutícola nacional cuenta hoy con algún tipo de cobertura climática. Los seguros paramétricos —una modalidad habilitada por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) hace menos de un año, que paga automáticamente al superarse un umbral meteorológico (por ejemplo, milímetros de lluvia o velocidad de viento), sin necesidad de acreditar el daño caso a caso— siguen siendo una herramienta poco usada por la mediana agricultura exportadora.
El antecedente que el sector no olvida: 2023
El antecedente más citado por productores y gremios es el sistema frontal de junio de 2023, cuyas inundaciones dejaron pérdidas estimadas en cerca de US$ 290 millones en cultivos, hortalizas y frutales, con el Maule y O’Higgins como las regiones más golpeadas. La lección que dejó ese episodio —y que hoy repiten desde el Minagri y desde Agroseguros— es siempre la misma: la póliza debe contratarse antes del evento climático, no después. Con el temporal actual ya en curso y la alerta declarada, ese plazo quedó cerrado para quienes no tenían cobertura contratada.
Las recomendaciones de INIA para la Agricultura Familiar Campesina
Frente al temporal en curso, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) reforzó sus recomendaciones preventivas para la Agricultura Familiar Campesina (AFC), el segmento más expuesto por su menor acceso a infraestructura de protección y a seguros:
- Reforzar invernaderos y revisar su anclaje antes de que lleguen los vientos más fuertes.
- Despejar canales y sistemas de evacuación de aguas lluvias para evitar anegamientos.
- Suspender el riego tanto antes como después del evento, dado el volumen de agua que aportará la lluvia.
- Evitar aplicaciones de fitosanitarios en las 48 horas previas a las lluvias, para prevenir su lavado y pérdida de eficacia.
- Una vez pasado el frente, aplicar foliares con aminoácidos y antiestresantes en frutales perennes si se registran bajas temperaturas asociadas al sistema.
Qué cultivos y zonas concentran la mayor exposición
Las regiones donde se proyectan las precipitaciones más intensas —Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule y Biobío— concentran además una parte relevante de la fruticultura de exportación del país, en gran medida sin seguros climáticos que cubran esa exposición, lo que eleva el riesgo económico del evento más allá del daño puntual a la infraestructura. A esto se suma el riesgo de heladas asociadas al paso del frente frío, un factor que el propio INIA identifica como una segunda ola de daño posible una vez que escampe, especialmente en frutales que ya iniciaron algún grado de desarrollo fenológico.
En el caso de los cultivos bajo plástico —hortalizas, viveros y berries en particular— el riesgo se concentra en el colapso de estructuras por acumulación de agua o por ráfagas de viento superiores a los 70-90 km/h proyectados para distintas zonas del país.
La discusión pendiente: seguros paramétricos y mediana agricultura
Más allá del balance de daños que deje este temporal puntual, el episodio reabre una conversación de fondo para el sector: por qué la penetración de seguros climáticos sigue tan baja pese a que la frecuencia de eventos extremos —y las pérdidas asociadas— muestra una tendencia sostenida al alza. Los seguros paramétricos aparecen como una alternativa más ágil que los seguros tradicionales, al no requerir peritaje del daño, pero su adopción todavía depende de que productores medianos y pequeños conozcan la herramienta y la incorporen a su planificación de temporada, antes —y no después— de que llegue el próximo temporal.
