Mientras el mundo lo sigue en las canchas, Lionel Messi construyó, lejos de los reflectores, un patrimonio agropecuario en su país natal que pocos conocen en detalle. La joya de esa cartera es la Estancia Rincón Chico, un campo productivo de 6.800 hectáreas en la provincia argentina de Corrientes, aunque no se trata de su única incursión en el agro.
La Estancia Rincón Chico, la joya del patrimonio rural de Messi
La operación se cerró en 2015, negociada por Jorge Messi, padre del futbolista y administrador de buena parte de las inversiones de la familia. El campo, ubicado en la localidad de San Carlos, a unos 60 kilómetros de la ciudad de Posadas y cerca del límite con la provincia de Misiones, perteneció anteriormente a un empresario español vinculado a la industria petrolera. Según distintas fuentes de prensa, la operación habría rondado los US$20 millones.
Lejos de ser una propiedad de puro lujo o recreo, la Estancia Rincón Chico es un campo con clara vocación productiva. Sus 6.800 hectáreas —equivalentes a unas 9.500 canchas de fútbol— combinan tres actividades principales: ganadería bovina, cultivo de arroz y producción de yerba mate, además de contar con recursos forestales. La zona de Corrientes es reconocida por su tradición en la cría de ganado y por sus extensas superficies dedicadas al cultivo de arroz, mientras que la cercanía con Misiones —la principal región productora de yerba mate de Argentina— explica esa tercera pata del negocio.
No es su primera compra de campo
Lo que pocos recuerdan es que Rincón Chico no fue la primera incursión de la familia Messi en el negocio agropecuario. Ya en 2011, el futbolista había adquirido, también a través de su padre, un campo ganadero de unas 5.000 hectáreas en la zona de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, en una operación estimada en cerca de US$5 millones. Esa primera compra marcó el inicio de una estrategia de diversificación que, con los años, sumó nuevas propiedades productivas en distintas provincias agropecuarias del país.
Por qué invertir en tierra es más que diversificar
Reducir este tipo de inversiones a una simple estrategia de “diversificación patrimonial” —como suele describirse en la prensa de espectáculos— deja afuera una parte más de fondo del fenómeno. La tierra agrícola no es un activo más: es, literalmente, la base física de la que depende la alimentación de una humanidad que sigue creciendo. Según proyecciones del Banco Mundial, la población mundial llegará a los 10.000 millones de habitantes hacia 2050, y la propia FAO advirtió en un informe reciente que, para entonces, el planeta necesitará producir un 50% más de alimentos, piensos y fibra que en 2012, además de un 25% más de agua dulce disponible.
El problema es que la tierra cultivable no crece al mismo ritmo que esa demanda: en los últimos 60 años, la producción agrícola mundial se triplicó, pero la superficie agrícola total solo aumentó un 8%, lo que en la práctica se tradujo en un enorme desgaste de los suelos. Distintos organismos, entre ellos la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), advierten que la degradación de la tierra podría reducir la producción mundial de alimentos en más de un 12% durante los próximos 25 años, y que se ha perdido cerca de un tercio de la tierra cultivable del planeta por erosión en las últimas cuatro décadas. La FAO, además, calculó que 673 millones de personas pasaron hambre solo durante 2024.
En ese contexto, ser dueño de tierra productiva —sobre todo en un país como Argentina, con suelos fértiles y agua disponible, dos recursos cada vez más escasos a nivel global— no es solamente una forma de proteger el patrimonio personal frente a la inflación o la devaluación, como suele explicarse. Es también, en un sentido más amplio, apostar a uno de los pocos activos que el mundo va a necesitar sí o sí, sin importar lo que pase con la tecnología, las monedas o los mercados financieros: la capacidad de producir alimentos para una población que crece y una demanda que solo va a aumentar.
Parte de una tendencia entre los futbolistas argentinos
La apuesta de Messi por el campo no es un caso aislado dentro del fútbol argentino. Según ha reportado la prensa económica local, otros futbolistas de la Selección argentina —como Paulo Dybala, Ángel Di María y Leandro Paredes— también diversificaron parte de su patrimonio hacia el sector agroalimentario y otros activos productivos. Especialistas en gestión patrimonial explican que, en Argentina, el campo y los bienes raíces son los dos sectores que históricamente eligen los inversionistas locales para proteger y hacer crecer su capital: no son inversiones de liquidez rápida ni exigen poco capital para entrar, pero ofrecen una renta sostenida y protegen el valor del dinero en el largo plazo.
El campo es, eso sí, solo una parte de un portafolio de inversiones mucho más amplio que Messi ha construido fuera de las canchas, que incluye desde una marca propia de vino elaborada junto a Bodegas Bianchi desde 2018, hasta la cadena hotelera MiM Hotels, proyectos inmobiliarios en Rosario y participaciones en distintos clubes de fútbol.
por Juan Lagos
