Cuando una naranja viaja semanas en barco hacia el otro lado del mundo, se deshidrata, se oxida y puede desarrollar hongos antes de llegar a destino. La startup israelí Sufresca desarrolló un recubrimiento comestible e invisible que ataca ese problema desde la biología de la fruta, sin usar plásticos ni las ceras sintéticas tradicionales, y ya compite de igual a igual con gigantes del sector valorados en miles de millones de dólares.

Exportar fruta fresca al otro lado del mundo tiene un enemigo silencioso: el tiempo. Un cítrico o un aguacate pueden pasar semanas en un contenedor marítimo antes de llegar a destino, y durante ese trayecto pierden agua, se oxidan y quedan expuestos a hongos poscosecha. Israel, con un ecosistema de más de 400 startups de tecnología agrícola, se convirtió en uno de los focos más activos del mundo para resolver ese problema con una idea puntual: envolver la fruta en una capa comestible, invisible y prácticamente indetectable.

El problema que nadie ve hasta que la fruta llega mala

Entre un 40% y un 60% de las frutas y verduras que se producen en el mundo se pierden o se desperdician antes de llegar al consumidor, según estimaciones citadas por la industria del sector. Buena parte de esa pérdida ocurre después de la cosecha, durante el transporte y el almacenamiento, cuando la fruta sigue “respirando” y perdiendo humedad de forma natural.

La solución tradicional durante décadas fueron las ceras de parafina derivadas del petróleo, usadas desde hace mucho tiempo en manzanas y cítricos. El problema es que ese enfoque no funciona igual de bien en productos de piel más delicada, como tomates, pepinos o pimientos, y hoy además enfrenta la creciente exigencia de los supermercados por reducir plásticos y residuos químicos en el empaque de alimentos.

Sufresca, la apuesta nacida en un laboratorio universitario

Sufresca fue fundada por el profesor Amos Nussinovitch, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, junto a los profesores Haim Rabinowitch y Yoni Elkind, sobre la base de más de 15 años de investigación en el laboratorio de Nussinovitch. La compañía desarrolló una emulsión líquida a base de agua, compuesta enteramente por ingredientes alimentarios naturales, que se aplica como un recubrimiento transpirable e invisible sobre la fruta.

El mecanismo es sencillo de explicar, pero difícil de lograr: la capa crea pequeñas disrupciones que actúan como una barrera parcial y permiten un intercambio selectivo de gases, ralentizando la maduración y el deterioro posterior a la cosecha, sin sellar completamente la fruta como lo haría un plástico. Según su fundadora y CEO, Efrat Boker Ferri, el producto no tiene sabor ni olor perceptible, puede lavarse si se desea, y es comestible. La compañía comenzó con pimientos, uno de los productos más sensibles a la pérdida de peso, y luego expandió su tecnología a tomates, pepinos, cebolla, ajo y frutas como el mango y el aguacate.

Sufresca levantó capital en distintas rondas: US$1,3 millones iniciales de Agrinnovation y Rimonim Agro, y posteriormente US$3,5 millones en una ronda semilla liderada por OurCrowd VC, junto a FEAT Investments. Su principal competidor internacional es la estadounidense Apeel Sciences, valorada en miles de millones de dólares, que desarrolla una tecnología similar a partir de subproductos agrícolas como la cáscara de naranja. Según Boker Ferri, competir con una empresa de ese tamaño desde Israel “es una situación de David contra Goliat”.

Otras apuestas del mismo ecosistema

Sufresca no está sola en este nicho. Otras startups israelíes como Ripe-Guard y BioPel desarrollan recubrimientos comestibles y de origen vegetal similares, pensados para desacelerar la oxidación y la pérdida de humedad de la fruta y reducir la dependencia de la refrigeración. El objetivo común de estas empresas es ayudar a productores, distribuidores y minoristas a reducir pérdidas, aumentar la rentabilidad y entregar productos más frescos y seguros a los consumidores, con menor huella de carbono asociada al desperdicio de alimentos.

Lo que la tecnología logra, y lo que todavía no está confirmado

Es importante distinguir lo que está bien documentado de lo que no. Está confirmado que este tipo de recubrimientos puede extender la vida útil de la fruta por varias semanas, que reduce la necesidad de envases plásticos y que ya está regulado como seguro para consumo humano bajo normas GRAS (Generally Recognized As Safe) en Estados Unidos, además de cumplir con normativas de la Unión Europea.

No encontré, en cambio, evidencia específica de que la fórmula de Sufresca esté compuesta por algas marinas o alginatos, como suele describirse en presentaciones divulgativas de esta tecnología en general; la propia empresa la describe como una emulsión de “ingredientes alimentarios naturales” sin detallar públicamente su composición exacta, probablemente por tratarse de una fórmula patentada.

Una carrera que recién empieza

El caso de Sufresca y sus pares muestra que el futuro de la exportación de fruta fresca podría depender tanto de la genética de la planta como de una capa invisible aplicada después de la cosecha. Para países exportadores como los de Latinoamérica, que compiten en los mismos mercados con envíos de larga distancia hacia Europa, Asia y Estados Unidos, este tipo de innovación apunta directamente a uno de los cuellos de botella más costosos de toda la cadena: lograr que la fruta llegue en las mismas condiciones en las que salió del huerto.

Fuentes: Food Dive, AgFunderNews, CTech (Calcalist), Sufresca, PackagingInsights, The Times of Israel, FreshPlaza, Produce Processing, Fruitnet, Israel Trade & Economic Office (Embassy of Israel), Startup Nation Central.

por José Rios