Durante décadas, el guano fue, ante todo, un problema logístico y ambiental para productores de leche y cerdos: había que almacenarlo, tratarlo y disponerlo sin contaminar suelos ni cursos de agua. Hoy, ese mismo residuo se transformó en uno de los activos energéticos más codiciados por fondos de infraestructura, petroleras y grandes empresas de alimentos, al punto que el biogás agrícola dejó de ser un proyecto de sustentabilidad de nicho para convertirse en una clase de activo energético financiado a gran escala.

Cómo el guano se convierte en gas natural

El proceso ocurre dentro de biodigestores anaeróbicos, tanques sellados donde microorganismos descomponen materia orgánica —guano, residuos de cultivos, desechos de alimentos y bebidas— en ausencia de oxígeno. El resultado crudo es un biogás compuesto por cerca de 65% metano y 35% dióxido de carbono. Una vez purificado y llevado a especificaciones de calidad de gasoducto, ese metano se convierte en gas natural renovable (RNG), químicamente intercambiable con el gas natural fósil, pero producido a partir de un residuo que de otra forma se liberaría a la atmósfera o se quemaría sin aprovechamiento. El proceso además deja un residuo llamado digestato, rico en nutrientes, que puede devolverse a los campos como fertilizante, desplazando el uso de fertilizante sintético.

Por qué el negocio se volvió tan atractivo financieramente

El motor económico detrás de este auge es lo que la industria llama “créditos ambientales apilados”. El metano almacenado en lagunas de guano abiertas es un gas de efecto invernadero cerca de 80 veces más potente que el CO2, por lo que capturarlo antes de que escape le otorga al RNG derivado de residuos lecheros una puntuación de intensidad de carbono profundamente negativa. Eso permite que un mismo proyecto genere ingresos simultáneos por créditos federales bajo el Estándar de Combustibles Renovables de Estados Unidos (RINs), créditos del Estándar de Combustible Bajo en Carbono de California (LCFS), y la venta del gas propiamente tal. A esto se suman las llamadas “tarifas de recepción” (tipping fees), que los digestores cobran por aceptar residuos orgánicos externos, como desechos de supermercados o plantas procesadoras de alimentos, lo que además incrementa la producción total de biogás.

Grandes capitales ya están detrás de este negocio

La escala del interés financiero es considerable. Vanguard Renewables, compañía de cartera de BlackRock y Global Infrastructure Partners, construye proyectos junto a TotalEnergies bajo su marca “Farm Powered”, con planes de completar más de 100 instalaciones de digestión anaeróbica hacia 2028. Clean Energy Fuels, por su parte, desarrolla proyectos de RNG lechero a través de CE bp Renew Co, su empresa conjunta con bp. La escala sigue siendo determinante para la rentabilidad: la planta más grande de EnviTec en Estados Unidos opera con el residuo de 9.500 vacas, mientras que el proyecto de Clean Energy en Idaho procesa el de más de 35.000 cabezas.

El sector cárnico también se sumó con fuerza: Smithfield Foods, el mayor procesador de cerdo y productor porcino del mundo, tiene seis proyectos que recibirán en conjunto cerca de US$319 millones en inversión de infraestructura y gastos operativos durante los próximos 20 años. En el frente corporativo, AstraZeneca firmó con Vanguard Renewables lo que medios especializados describieron como “el mayor acuerdo de RNG de mercado abierto hasta la fecha”, para abastecer con este combustible todas sus operaciones en Estados Unidos.

Una industria que ya opera a escala real

Según datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), a junio de este año existían 191 sistemas de digestión anaeróbica basados en residuos ganaderos produciendo RNG en el país, con 69 proyectos adicionales en construcción. Más allá del ingreso energético, la propia EPA destaca beneficios adicionales de estos sistemas para los productores: reducción de olores, menor riesgo de escurrimiento de nitrógeno y fósforo hacia cursos de agua, y menores niveles de patógenos en el digestato resultante.

Un cambio de paradigma para la ganadería mundial

El caso ilustra un giro que va mucho más allá de la sustentabilidad simbólica: para explotaciones ganaderas y porcinas de gran escala, el manejo de residuos dejó de ser un costo puro para convertirse en una fuente de ingresos diversificados, capaz de competir en atractivo financiero con la propia producción de leche o carne. Para regiones ganaderas de otras partes del mundo, incluida América Latina, el modelo plantea una pregunta concreta: si el guano ya es tratado como un activo energético financiable por fondos de infraestructura globales, ¿cuánto tiempo más seguirá siendo visto, en otras latitudes, como un simple problema de desecho?

Fuentes: iGrowNews, Agricultural Marketing Resource Center (AgMRC), U.S. Environmental Protection Agency (EPA/AgSTAR), U.S. Energy Information Administration (EIA), Vanguard Renewables, Gevo, Alternative Fuels Data Center (afdc.energy.gov).

por José Rios