José Miguel Armijo, arquitecto formado en la Universidad Católica, trabaja en Axiom Space, empresa estadounidense que colabora con la NASA en el desarrollo de nuevos espacios habitables para la Estación Espacial Internacional y futuras bases lunares.

La arquitectura ya no solo mira hacia ciudades, viviendas o edificios en la Tierra. También comienza a proyectarse hacia el espacio. En esa frontera trabaja el arquitecto chileno José Miguel Armijo, profesional formado en la Universidad Católica, quien hoy participa en el diseño de hábitats para la vida humana fuera del planeta.

Armijo se desempeña en Axiom Space, empresa estadounidense con sede en Houston que colabora con la NASA en el desarrollo de infraestructura espacial. Allí trabaja en piezas para la Estación Espacial Internacional y en diseños para nuevas generaciones de estaciones, interiores de cohetes y futuras bases en la Luna.

Su historia fue destacada por la Universidad Católica y por medios nacionales, que relataron cómo su interés por el espacio comenzó cuando estudiaba Arquitectura en el campus Lo Contador. Durante sus largos trayectos entre Maipú y la universidad, solía dibujar naves, construcciones y casas lunares. Hoy, esa inquietud se transformó en una carrera profesional vinculada a uno de los campos más complejos del diseño contemporáneo.

De Maipú a Houston

El camino de Armijo combina arquitectura, fabricación digital, ingeniería y exploración espacial. Tras estudiar Arquitectura y luego un magíster en la Universidad Católica, continuó su formación en Ingeniería Aeroespacial en el Georgia Institute of Technology.

Ese cruce de disciplinas le permitió ingresar a un ámbito poco común para arquitectos chilenos: el diseño de entornos habitables en condiciones extremas.

Hoy vive en Houston, cerca de las instalaciones de la NASA, y trabaja en Axiom Space. Desde ahí participa en proyectos vinculados a la vida humana en órbita y al futuro de la exploración lunar.

Su caso muestra cómo la arquitectura puede expandirse hacia nuevos territorios. En el espacio, diseñar no significa solo pensar en forma, estética o distribución. También exige resolver seguridad, eficiencia, radiación, movilidad, peso, materiales, energía y bienestar humano.

Axiom Space y la nueva economía orbital

Axiom Space ocupa un lugar relevante en la transición hacia una nueva etapa de infraestructura espacial. En 2020, la NASA seleccionó a la compañía para desarrollar al menos un módulo habitable comercial que pudiera conectarse a la Estación Espacial Internacional. El objetivo es avanzar hacia una estación comercial independiente antes del retiro de la ISS.

La NASA también informó en 2024 un cambio en el orden de ensamblaje de la futura estación comercial de Axiom. La meta sigue siendo desarrollar una plataforma habitable que permita investigación, manufactura y nuevas actividades comerciales en órbita baja.

Esto explica por qué el trabajo de arquitectos, diseñadores e ingenieros cobra tanta relevancia. La próxima etapa espacial no dependerá solo de cohetes. También necesitará espacios donde las personas puedan vivir, trabajar, investigar y mantenerse sanas durante misiones prolongadas.

Diseñar para sobrevivir

La arquitectura espacial enfrenta desafíos muy distintos a los de la construcción tradicional. En la Tierra, un edificio se apoya en suelo, gravedad, redes urbanas, materiales conocidos y normas locales. En el espacio, cada decisión debe considerar restricciones extremas.

Los hábitats deben ser livianos, resistentes, compactos, seguros y eficientes. También deben proteger a sus ocupantes frente a radiación, cambios térmicos, aislamiento, microgravedad y fallas técnicas.

Además, deben cuidar el bienestar psicológico. Vivir en una estación espacial o en una futura base lunar implica permanecer en espacios cerrados, con poca privacidad y alta dependencia de sistemas artificiales.

Por eso, la arquitectura espacial no se limita a “dibujar módulos”. Su aporte está en pensar cómo los seres humanos habitan ambientes extremos. Esa mirada será clave para el futuro de la exploración lunar y marciana.

La Luna como próximo territorio de diseño

El regreso a la Luna es uno de los grandes objetivos de la exploración espacial actual. El programa Artemis de la NASA busca establecer una presencia sostenida en la Luna y sus alrededores. Para ello, serán necesarias tecnologías de comunicación, navegación, energía, movilidad y hábitats seguros.

En ese contexto, las futuras bases lunares deberán resolver preguntas que van mucho más allá de la ingeniería. ¿Cómo se organiza la vida diaria? ¿Cómo se trabaja en un ambiente hostil? ¿Cómo se protege a las personas? ¿Cómo se diseñan espacios funcionales, pero también habitables?

El aporte de profesionales como Armijo se inserta justamente en esa frontera. Su trabajo conecta la formación arquitectónica con la lógica aeroespacial, donde cada centímetro, cada material y cada sistema deben cumplir una función crítica.

Innovación chilena con proyección global

La historia de José Miguel Armijo también entrega una señal para el ecosistema chileno. La innovación no siempre nace desde grandes industrias consolidadas. Muchas veces surge del cruce entre curiosidad, formación técnica y capacidad de mirar más lejos.

Chile cuenta con talento en arquitectura, ingeniería, diseño, astronomía, minería, energía, materiales y tecnologías aplicadas. Todas esas áreas pueden dialogar con la nueva economía espacial.

El caso de Armijo demuestra que las disciplinas creativas también tienen espacio en industrias altamente tecnológicas. La arquitectura, entendida como diseño de hábitats, puede aportar a la exploración espacial, la resiliencia urbana y la construcción en condiciones extremas.

Lo que el espacio puede enseñar a la Tierra

La arquitectura espacial también puede generar aprendizajes para la vida en la Tierra. Diseñar para ambientes extremos obliga a optimizar energía, agua, materiales, espacio y residuos.

Esas mismas preguntas son urgentes para ciudades, viviendas y territorios afectados por cambio climático, escasez hídrica o aislamiento geográfico.

Por eso, los avances en hábitats espaciales pueden tener aplicaciones terrestres. Módulos eficientes, sistemas cerrados, materiales livianos, impresión 3D, reciclaje de recursos y diseño resiliente podrían influir en la construcción del futuro.

En ese sentido, la Luna no es solo un destino. También puede ser un laboratorio para repensar cómo habitamos nuestro propio planeta.

Una carrera que inspira nuevas generaciones

La trayectoria de Armijo tiene un valor simbólico. Muestra que desde Chile es posible participar en desafíos globales de alta complejidad.

Su trabajo une arquitectura, ciencia, tecnología y exploración espacial. También rompe la idea de que ciertas carreras tienen caminos únicos o cerrados.

Hoy, mientras Axiom Space avanza en infraestructura orbital y la NASA proyecta una presencia sostenida en la Luna, un arquitecto chileno aporta desde el diseño a una pregunta fundamental: cómo vivirá el ser humano fuera de la Tierra.

Esa pregunta, que antes parecía ciencia ficción, ya forma parte del presente. Y también abre una invitación poderosa para nuevas generaciones: pensar en grande, cruzar disciplinas y diseñar soluciones para los desafíos más extremos del futuro.