El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, puso en duda las estimaciones que anticipaban una nueva subida en las bencinas para mayo. El tema genera preocupación por su impacto en inflación, transporte, logística y costo de vida.
El precio de los combustibles volvió a instalarse como uno de los temas más sensibles de la economía chilena. Luego de que expertos proyectaran una eventual alza cercana a los $35 por litro en las gasolinas para inicios de mayo, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, salió a poner en duda esa estimación y apuntó al rol del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, Mepco, como herramienta para amortiguar eventuales incrementos.
La respuesta del secretario de Estado fue directa. Ante la consulta por una posible nueva alza, Quiroz reaccionó con la frase: “¿Quién le dijo eso?”. Luego, al ser informado de que se trataba de estimaciones de expertos, volvió a cuestionar la proyección y sostuvo que el ajuste del Mepco podría contener parte del aumento esperado.
La polémica se da en un momento complejo para el bolsillo de los hogares. Los combustibles no solo afectan a quienes utilizan automóvil. También inciden en el transporte público, la distribución de productos, los costos logísticos, el traslado de alimentos y el precio final de distintos bienes y servicios.
El Mepco vuelve a estar bajo presión
El debate ocurre después de semanas marcadas por alta volatilidad en los precios internacionales del petróleo. En marzo, el Gobierno anunció una fuerte alza en los combustibles debido al encarecimiento del crudo, en un contexto de tensión geopolítica internacional. Según reportes de prensa, el aumento informado en ese momento alcanzó los $370 por litro en la gasolina de 93 octanos y $580 en el diésel.
Para enfrentar ese escenario, el Ejecutivo activó medidas de mitigación. Entre ellas se incluyó el congelamiento del transporte público en Santiago hasta fin de año, apoyo al transporte en regiones, reducción y congelamiento del precio de la parafina durante otoño e invierno, y subsidios para taxis y colectivos.
En ese contexto, el Mepco volvió a quedar en el centro de la discusión. Este mecanismo no evita completamente las alzas, pero permite suavizar los cambios bruscos en los precios de los combustibles. Su objetivo es reducir la volatilidad que reciben los consumidores cuando el petróleo sube o baja con fuerza en los mercados internacionales.
Sin embargo, el sistema también tiene un costo fiscal. Mientras más alto se mantiene el precio internacional del petróleo, mayor puede ser el esfuerzo del Estado para contener parte del impacto en el mercado local. Por eso, el debate no solo es económico, sino también fiscal y político.
Expertos anticipaban nueva presión en precios
La controversia comenzó luego de que analistas proyectaran una nueva alza cercana a los $35 por litro en las gasolinas durante la primera semana de mayo. Esa estimación se vinculó al comportamiento internacional del petróleo y al ajuste que debía realizarse en el mercado local.
No obstante, el último informe semanal de precios de ENAP disponible para el período del 23 al 29 de abril mantiene la atención del mercado sobre las variaciones oficiales. ENAP publica regularmente informes de precios estimados para combustibles, los que sirven como referencia técnica para el seguimiento del mercado nacional.
La diferencia entre las proyecciones de expertos y la señal entregada por el Gobierno refleja el nivel de incertidumbre que existe en torno a los combustibles. Una cosa es el precio internacional del petróleo. Otra es el precio final que llega a consumidores. Entre ambos factores intervienen el tipo de cambio, los impuestos, los costos de importación, la operación de ENAP y el propio Mepco.
Por eso, aunque el ministro Quiroz descartó que el alza esté confirmada en los términos señalados, el tema seguirá bajo observación durante los próximos días.
Inflación y costo de vida en la mira
El precio de las bencinas es especialmente sensible porque puede influir en las expectativas de inflación. Cuando suben los combustibles, también pueden aumentar los costos de traslado, distribución y producción. Ese efecto puede terminar presionando el precio de bienes y servicios.
En un país largo como Chile, donde muchas actividades dependen del transporte terrestre, cada variación en los combustibles tiene impacto más allá de las estaciones de servicio. El efecto puede sentirse en supermercados, ferias, comercio, transporte de pasajeros, reparto de mercadería y servicios básicos.
Esto ocurre en un escenario económico que ya muestra señales de debilidad. La actividad completó tres meses consecutivos en rojo, según los últimos datos del Imacec, y las proyecciones de crecimiento para Chile se han vuelto más cautelosas. En ese contexto, un nuevo aumento en combustibles podría profundizar la preocupación de hogares y empresas.
El problema es doble. Por un lado, mayores precios de combustibles pueden empujar la inflación. Por otro, también reducen el ingreso disponible de las familias, ya que una mayor parte del presupuesto mensual se destina a transporte o a pagar productos más caros.
Gobierno busca contener una nueva presión ciudadana
La reacción del ministro Quiroz también refleja la sensibilidad política del tema. Las alzas de combustibles suelen generar una rápida respuesta ciudadana, especialmente cuando se acumulan con otros factores como inflación, bajo crecimiento, desempleo o alza en servicios básicos.
Por eso, el Gobierno ha intentado transmitir que existen herramientas para moderar el impacto. El Mepco aparece como la principal pieza técnica para evitar traspasos abruptos al consumidor. Sin embargo, su capacidad depende del comportamiento del petróleo, del tipo de cambio y del espacio fiscal disponible.
La discusión también muestra una tensión comunicacional. Mientras algunos expertos proyectan nuevos aumentos, el Gobierno busca evitar que se instale una expectativa de alza antes de contar con los datos oficiales. Esa diferencia puede generar confusión en la ciudadanía, que observa con atención cualquier cambio en los precios.
Un tema que seguirá marcando la agenda económica
Más allá de si la próxima variación llega o no a los $35 por litro, el episodio confirma que los combustibles seguirán siendo una variable crítica durante 2026.
El precio del petróleo depende de factores externos que Chile no controla. Entre ellos están las tensiones geopolíticas, la producción internacional de crudo, la demanda global, el comportamiento del dólar y las decisiones de los principales países productores. Esa combinación mantiene un escenario de alta incertidumbre.
Para los hogares, el efecto es concreto. Una nueva alza puede significar más gasto en transporte, mayores precios en productos de consumo diario y una sensación de presión permanente sobre el presupuesto familiar.
Para la economía, el impacto también es relevante. Los combustibles inciden en inflación, expectativas, logística, competitividad, consumo y actividad. Por eso, el debate entre Gobierno y expertos no es solo una discusión técnica. Es una señal de cómo el país enfrenta un escenario externo complejo y de alto costo para la ciudadanía.
En medio de una economía debilitada, con menor crecimiento y alta preocupación por el costo de vida, las bencinas vuelven a ser un termómetro clave. Y mientras el Gobierno apuesta por el Mepco para amortiguar las alzas, consumidores y empresas seguirán mirando de cerca cada nuevo informe de precios.
