El 2026 no llegará como un año más para la agricultura chilena. Tras un 2025 marcado por alta actividad sectorial, múltiples eventos, volatilidad de precios, restricciones sanitarias y un escenario climático cada vez más exigente, el agro inicia un nuevo ciclo condicionado por factores estructurales que obligan a repensar estrategias, prioridades y formas de enfrentar el futuro.
A este contexto se suma un cambio de gobierno, que introduce una lógica distinta a la vivida en los últimos cuatro años y abre interrogantes sobre el rumbo de las políticas públicas, la inversión en infraestructura y la relación del sector agrícola con el Estado.
Un nuevo punto de partida político y económico
El recambio de autoridades genera expectativas, pero también incertidumbre. Para el agro, el desafío estará en cómo se reconfiguran las prioridades públicas, especialmente en materias como gestión del agua, regulación, competitividad y comercio exterior.
Luego de un período marcado por ajustes normativos, mayores costos y un entorno internacional complejo, el sector entra a 2026 con menos margen para la improvisación y mayor necesidad de planificación estratégica y coordinación público-privada.
Cambio climático y sequía: una variable estructural
El cambio climático dejó de ser una proyección futura para transformarse en una condición permanente de la actividad agrícola. Informes del USDA – Foreign Agricultural Service y de la OCDE coinciden en que la sequía y el estrés hídrico seguirán condicionando la producción agrícola en Chile durante los próximos años, con impactos especialmente severos en regiones como Coquimbo, donde la disponibilidad de agua ya compromete la continuidad productiva.
Este escenario obliga a avanzar en eficiencia hídrica, reconversión productiva, uso de tecnología y planificación territorial, en un contexto donde producir con menos agua ya no es una opción, sino una condición para seguir siendo competitivos.
System Approach en uva de mesa: una señal de alerta para el sector
Uno de los episodios más relevantes de 2025 fue la paralización del System Approach para la exportación de uva de mesa a Estados Unidos, situación ampliamente documentada por medios especializados del sector frutícola.
Más allá del impacto inmediato en los envíos, el caso evidenció la fragilidad de los accesos sanitarios y la dependencia de una coordinación fluida entre autoridades y sector privado para sostener los mercados de destino. De cara a 2026, el desafío será revertir esta situación, fortalecer los sistemas de control fitosanitario y evitar que conflictos similares se repitan en otros cultivos o mercados estratégicos.
Nuevos acuerdos comerciales: oportunidades que exigen preparación
En paralelo, Chile continúa explorando nuevos acuerdos comerciales y profundizando su inserción internacional. El interés por avanzar en una relación comercial más estrecha con India aparece como una oportunidad relevante para diversificar destinos y ampliar el abanico de exportaciones agrícolas.
Sin embargo, expertos y gremios coinciden en que los acuerdos, por sí solos, no garantizan resultados. Para que se traduzcan en oportunidades reales, el sector deberá adaptarse a nuevos estándares, comprender culturas comerciales distintas y desarrollar estrategias de promoción específicas, especialmente en productos con mayor valor agregado.
La mirada gremial: pensar en grande
Desde el mundo gremial, el mensaje ha sido claro. En una reciente reflexión publicada por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), su presidente planteó que Chile debe “buscar grandes acuerdos” y recuperar una visión estratégica del comercio exterior, advirtiendo que la competitividad del agro dependerá de decisiones estructurales y no de ajustes parciales.
El llamado apunta a fortalecer la escala, la coordinación y la capacidad del país para competir en un escenario global cada vez más exigente.
Volatilidad de precios y costos: un desafío silencioso
El 2025 también dejó en evidencia una fuerte volatilidad de precios agrícolas, con alzas y caídas abruptas según especie y mercado. A ello se suman costos crecientes en insumos, mano de obra y logística, que presionan los márgenes productivos.
De cara a 2026, el desafío será profesionalizar la gestión empresarial del campo, mejorar el uso de información de mercado y anticipar riesgos, entendiendo que la rentabilidad ya no depende solo del rendimiento productivo, sino de decisiones estratégicas oportunas.
Un año para definir el rumbo
La agricultura chilena entra a 2026 con más desafíos que certezas, pero también con aprendizajes acumulados. Cambio climático, nuevos escenarios políticos, exigencias sanitarias y oportunidades comerciales configuran un entorno complejo, pero también una oportunidad para redefinir el rumbo del sector.
El gran desafío será transformar este escenario en decisiones estratégicas, fortalecer la colaboración entre actores y avanzar hacia un agro más competitivo y preparado para el futuro.
