En la comuna de Los Ángeles, en plena Región del Biobío, opera hoy la instalación de ordeño robotizado más grande y productiva del planeta. Se trata de Ancali, el brazo lechero del grupo Bethia, de la familia Heller, que en poco más de dos décadas pasó de ser un proyecto ligado a la hípica a convertirse en un caso de estudio internacional de automatización agrícola.
De los caballos de carrera a la mega lechería
La historia de Ancali comenzó en 1987, cuando la primera generación de la familia Heller adquirió tierras en la zona para preparar caballos de alto rendimiento destinados a la hípica. El giro hacia la producción lechera llegó recién en 2002, cuando el empresario y agrónomo Carlos Heller Solari decidió diversificar el negocio familiar y transformarlo en lo que hoy se conoce como una “mega lechería”. Desde entonces, el proyecto priorizó la productividad y la eficiencia tecnológica por sobre el simple crecimiento en escala.
Un primer hito de innovación llegó en 2013, cuando Ancali desarrolló uno de los biodigestores más grandes de América Latina. Al año siguiente, en 2014, se convirtió en una de las primeras lecherías del mundo en implementar un sistema de ordeño robotizado, la base tecnológica que terminaría definiendo su identidad productiva.
72 robots y más de 4.500 vacas en ordeño
Hoy, la lechería opera con 72 robots de ordeño VMS de DeLaval en el fundo El Risquillo, procesando a cerca de 4.500 vacas en ordeño de un rodeo total que supera las 9.000 cabezas. El sistema funciona bajo la modalidad de ordeño voluntario, donde cada animal decide cuándo acercarse a ordeñarse, las 24 horas del día, los 365 días del año, mientras un software centraliza en tiempo real la información de producción, reproducción, alimentación, salud y comportamiento de cada vaca.
La producción individual promedio alcanza los 45,7 kilos de leche por vaca al día, con un total anual cercano a los 70 millones de litros. Toda la operación se sostiene sobre la filosofía del Cow Comfort, el concepto que prioriza el bienestar animal como base de la productividad, e incorpora además sistemas de inteligencia artificial con cámaras de monitoreo capaces de identificar patrones de comportamiento y salud en los animales mediante machine learning.
Sostenibilidad y un futuro con marca propia
Más allá de la robótica, Ancali ha construido su operación sobre varios pilares de sostenibilidad, incluyendo economía circular, generación de energías renovables no convencionales y prácticas agrícolas orientadas a la salud del suelo, como la rotación de cultivos y la siembra de cobertura, con la meta declarada de avanzar hacia la neutralidad de carbono.
Actualmente, el 55% de la producción de Ancali se destina a Soprole y el 45% restante a Nestlé. Sin embargo, la compañía ya proyecta un cambio de estrategia relevante: según confirmó su director ejecutivo, Pedro Heller Ancarola, la empresa planea lanzar su propia marca de leche, yogures y quesos elaborados con leche A2A2, comenzando en 2027 con venta directa al consumidor a pequeña escala, para dar el salto definitivo al negocio B2C en 2029.
Un modelo que Chile exporta como caso de estudio
El nivel de desarrollo alcanzado por Ancali ha convertido a la lechería en un referente internacional dentro de la industria: representantes de la compañía han sido invitados a compartir su experiencia en encuentros internacionales como la Conferencia ONE de Alltech, en Kentucky, Estados Unidos, y el propio fundo ha recibido delegaciones de productores latinoamericanos y estadounidenses interesados en conocer de cerca el modelo. Lo que comenzó como un negocio familiar ligado a los caballos de carrera terminó posicionando a Chile en el mapa mundial de la innovación lechera.
Fuentes: Ancali, Diario Financiero, Diario Lechero, Infortambo Chile, Innovar Agro, Consorcio Lechero, EDairyNews, Bethia.
por Juan Lagos
