Los viñedos de La Geria, en Lanzarote, se cultivan en conos excavados en el picón volcánico y rodeados por zocos de piedra de lava, una técnica que permite producir uva en una de las zonas más áridas y ventosas de España.
En la isla de Lanzarote (Islas Canarias, España), las erupciones del volcán Timanfaya entre 1730 y 1736 sepultaron las mejores tierras agrícolas bajo lava y ceniza. Donde antes se sembraba cereal, los agricultores desarrollaron el sistema que hoy define los viñedos de La Geria: un método de cultivo en seco, conocido como enarenado, que las fuentes describen como exclusivo de Lanzarote.
La recuperación fue rápida en términos históricos. La bodega El Grifo, fundada en 1775 y presentada por su gerente como una de las cinco más antiguas de España aún en funcionamiento, abrió apenas unas décadas después del fin de las erupciones. Con el tiempo, el paisaje se consolidó como un mosaico de miles de hoyos que hoy integra el Paisaje Protegido de La Geria, en la zona centro-sur de la isla, repartido entre los municipios de Yaiza, Tías, San Bartolomé, Tinajo y Teguise.
Un hoyo, una cepa y un muro de piedra
La técnica parte de una dificultad concreta: el suelo fértil quedó enterrado bajo el picón, también llamado lapilli, una ceniza volcánica con partículas de entre 2 y 60 milímetros, y los viticultores deben cavar hasta encontrarlo. En La Geria, donde el enarenado natural es más profundo, la capa puede alcanzar varios metros, por lo que los hoyos, la separación entre cepas y la altura de los muros deben ser mayores. En otras zonas, como Masdache, la capa suele ser menos gruesa, de entre medio metro y un metro, y las cepas se plantan a unos dos metros de distancia.
Cada hoyo tiene forma de cono y aloja una sola cepa. Alrededor, en la parte expuesta a los vientos dominantes, se levanta un zoco: un murete semicircular de piedra de lava seca, de unos 15 a 20 centímetros, que cubre cerca de la mitad del perímetro del hoyo. Donde el terreno permite abrir zanjas en lugar de hoyos, los muros son lineales y la densidad de plantación puede ser mayor. Aun así, sigue siendo baja: unas 250 a 300 plantas por hectárea, frente a los miles de plantas de un viñedo europeo típico.
El picón y el agua que casi no cae
Lanzarote es la isla más oriental de Canarias y la más cercana a África, con lluvias de alrededor de 150 milímetros al año (otras fuentes citan hasta 200) y sin ríos ni lagos. En ese escenario, el picón deja infiltrar rápido el agua de lluvia, lo que evita la escorrentía, y actúa como una cubierta que frena la evaporación del suelo fértil que queda debajo. Varias fuentes del sector agregan que su superficie porosa y oscura retiene el rocío y la humedad que traen los alisios, y la ficha oficial de la DOP sostiene que la arena volcánica retiene el agua del rocío y de las escasas lluvias. Otra fuente consultada, en cambio, califica de hipotético el efecto de succión nocturna, aunque reconoce que los alisios generan rocío frecuente en la isla.
Una uva para rendimientos mínimos
Predomina la Malvasía Volcánica, un cruce natural entre Malvasía Aromática y Marmajuelo que hoy se considera una variedad propia de Lanzarote. La ficha de la DOP la ubica en cerca de tres cuartas partes de los viñedos, mientras que otras fuentes hablan de más de la mitad de la producción. Entre las tintas destaca Listán Negro; entre las blancas, además de la Malvasía, se cultivan Diego, Moscatel y Pedro Ximénez. La mayor parte de la cosecha se destina a vinos blancos, que van de secos a dulces, además de espumosos y licorosos, según el Consejo Regulador. La DOP Lanzarote, reconocida en 1994, abarca más de 1.800 hectáreas de viñedo repartidas en cuatro subzonas, y La Geria es la más grande.
Los rendimientos son bajos, de entre 1.000 y 1.500 kilos por hectárea según el Consejo Regulador, y toda la labor se hace a mano porque el sistema no admite maquinaria. Es un trabajo exigente: cada cepa se poda, se atiende y se vendimia de forma individual dentro de su propio hoyo. Hasta la década de 1960, los viñedos de la isla se trabajaban con la ayuda de dromedarios.
Los viñedos de La Geria dependen de quien los trabaja
El mayor desafío actual es humano. Según el Mapa de Cultivos citado por el Gobierno de Canarias, de las 1.368 hectáreas de viña de La Geria, 237 (15 %) están abandonadas. En noviembre de 2024, el Ejecutivo canario y el Cabildo de Lanzarote ratificaron un convenio para conservar los agrosistemas de la zona y frenar ese abandono. El gerente de El Grifo advirtió que La Geria está perdiendo a sus trabajadores tradicionales, y productores locales reclaman precios que reflejen el costo de producir en este paisaje. Una columna publicada en marzo de 2025 en La Voz de Lanzarote indica que el kilo de uva pasó de 1 a 3,60 euros en la vendimia 2024, impulsado por el auge turístico.
Desde que una fotografía de este paisaje integró en 1964 la exposición Arquitectura sin arquitectos del MoMA de Nueva York, los viñedos de La Geria son una referencia mundial de adaptación agrícola. Para quienes producen en zonas de secano, el caso deja una lección concreta: con unos 150 milímetros de lluvia al año y viento constante, el manejo del suelo y la protección individual de cada planta bastan para sostener una cosecha, siempre que haya manos que mantengan el sistema.
Centro de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote, Consejo Regulador DOP Lanzarote, Google Arts & Culture, Infoagro, La Voz de Lanzarote, Portalfruticola, Redalyc, Canary Wine, Wine with Seth, Neel Burton, Bodegas El Grifo, Turespaña, eTwinning y Foods & Wines from Spain.
por Juan Lagos
