Nacida de una anécdota casi doméstica —una ingeniera agrónoma que le contaba a su pareja, un ingeniero eléctrico, sobre las pérdidas millonarias que dejaban las heladas tardías en los campos chilenos— Instacrops se convirtió en poco más de una década en una de las plataformas de agtech (tecnología aplicada a la agricultura) más relevantes de Latinoamérica, con operaciones que hoy llegan a varios países del continente y reconocimiento en los principales ecosistemas de innovación del mundo.
Los orígenes, una apuesta que empezó como un préstamo
La idea de Instacrops nació en 2014, cuando Mario Bustamante, ingeniero eléctrico chileno, comenzó a desarrollar un dispositivo capaz de anticipar heladas en los cultivos, inspirado en las historias que le compartía su entonces pareja, ingeniera agrónoma. Antes de fundar la empresa, Bustamante ya había tenido una primera experiencia emprendedora vendiendo miles de dispositivos electrónicos personalizados, negocio que terminó vendiendo a una cadena retail de Latinoamérica.
Para probar su nueva idea, Bustamante recurrió a una estrategia poco convencional: le ofreció el dispositivo en préstamo, sin costo, a uno de los mayores exportadores de cerezas del mundo, con la condición de que se lo quedara solo si funcionaba. Esa temporada ocurrió una helada de gran magnitud que, a nivel país, hizo perder cerca de 50 millones de cajas de fruta fresca. El dispositivo de Bustamante, en cambio, permitió anticipar el fenómeno a tiempo para que el agricultor pudiera activar medidas de protección como molinos de viento o quema controlada.
Instacrops se lanzó oficialmente en 2015, cofundada junto al ingeniero Jorge Vega Aravena, quien lideró el desarrollo tecnológico de la plataforma. Con el tiempo, la empresa evolucionó desde un dispositivo de alerta temprana hacia lo que su fundador define como el primer asesor agrícola virtual de Latinoamérica.
De sensores en el campo a inteligencia artificial
El modelo de negocio de Instacrops también fue cambiando con los años. En sus primeras etapas, la compañía instalaba estaciones de monitoreo con sensores IoT (Internet de las Cosas) directamente en los campos para capturar datos de suelo, clima y riego. Con el tiempo, y a medida que ese tipo de hardware se volvió más estandarizado y accesible, Instacrops giró su enfoque hacia el software y la inteligencia artificial, integrando esos sensores con imágenes satelitales, datos de drones y modelos de machine learning para entregar recomendaciones de manejo en tiempo real.
Ese giro tecnológico le permitió a la empresa procesar volúmenes de información que antes eran impensados: según ha señalado la propia compañía, sus modelos llegan a procesar del orden de 15 millones de datos por hora, más de 80 parámetros distintos —entre ellos humedad de suelo, temperatura, presión, rendimiento de cultivo y el índice de vegetación NDVI obtenido por satélite— para transformar toda esa información en decisiones simples para el agricultor: cuándo y cuánto regar, cuándo fertilizar, cuándo actuar frente a una plaga o enfermedad.
En 2022, la empresa dio un paso adicional al lanzar un modelo de suscripción anual bajo el concepto que bautizó como Precision Agriculture as a Service (PAaaS), que incluye hardware, mantenimiento, soporte técnico y agronómico, y renovación tecnológica, sin contratos que aten al agricultor a planes rígidos, similar a como funciona una suscripción de streaming.
La apuesta más reciente de la compañía va en una línea distinta: hace un par de semanas, Instacrops lanzó InstaDrop AI, un agente de inteligencia artificial generativa que asesora en riego directamente a través de WhatsApp, disponible de forma completamente gratuita para los agricultores. El asistente responde en segundos consultas como cuándo regar un huerto, entregando una recomendación con profundidad de agua, horario óptimo y condiciones ambientales asociadas, con el objetivo de optimizar el uso del recurso hídrico y mejorar el rendimiento del cultivo. Según cifras entregadas directamente por Bustamante, los agricultores que usan esta recomendación pueden alcanzar hasta un 30% más de productividad y ahorrar hasta un 30% de agua. La lógica de fondo es la misma que ha guiado el giro reciente de la empresa: llevar sus recomendaciones a un canal masivo y sin fricción como WhatsApp, conectando los sensores de campo directamente con decisiones que el agricultor recibe en su teléfono.
Tres agentes, un mismo objetivo
Según el propio sitio de Instacrops, InstaDrop hoy forma parte de una familia de tres agentes de inteligencia artificial que trabajan de manera especializada:
- InstaDrop: el asistente de riego que conversa de forma natural por WhatsApp —por voz o por texto—, disponible las 24 horas, entrega respuestas personalizadas con los datos de cada campo y va aprendiendo de la operación con cada consulta.
- InstaYield: estima la cosecha y la fecha óptima de inicio con un 90% de precisión, a partir del análisis de datos históricos climáticos y satelitales, apoyando también la optimización de los procesos de producción.
- FruitTracker: una aplicación que utiliza visión computacional para contar fruta y calibrar en terreno, optimizando el momento de cosecha, proyectando tamaño y calidad de la fruta, y apoyando la planificación de recursos laborales y la integración con la cadena de suministro.
El funcionamiento general de la plataforma sigue una lógica de cuatro pasos: primero se instalan sensores IoT que, en menos de media hora y con energía solar, comienzan a capturar datos de suelo, clima y cultivo; luego esa información es procesada con inteligencia artificial —del orden de 15 millones de datos por hora, analizando más de 80 variables—; después el agricultor recibe recomendaciones directo en su WhatsApp a través de InstaDrop, indicando cuándo regar, cuánto aplicar o qué problemas prevenir; y finalmente, según reporta la empresa, ese ciclo se traduce en resultados medibles desde el primer mes, con ahorros de hasta 30% en agua y aumentos de rendimiento de entre 10% y 20%.
Alcances, una startup chilena con proyección internacional
Instacrops nació en Santiago, pero desde temprano apuntó a un mercado que supera largamente las fronteras chilenas. Según las cifras que la propia compañía publica en su sitio oficial, Instacrops mantiene hoy más de 5.500 sensores conectados, monitorea más de 20 tipos de cultivos distintos, opera en 5 países de Latinoamérica y trabaja con más de 260 clientes en la región, con presencia histórica también en Estados Unidos. En conjunto, la plataforma monitorea unas 120.000 hectáreas a la fecha y sus clientes han ahorrado, según reporta la empresa, 120 billones de litros de agua en riego. Su foco ha estado puesto especialmente en cultivos de alto valor como paltos, manzanos, nogales, cerezos y hortalizas.
El hito de mayor visibilidad internacional llegó en 2021, cuando Instacrops se convirtió en la primera agtech latinoamericana en ser aceptada en Y Combinator, una de las aceleradoras de startups más prestigiosas del mundo, donde levantó US$2,8 millones en una ronda Serie A liderada por Genesis Ventures —fondo chileno cuyo principal inversionista es el grupo británico OxBridge Capital Partners—, con aportes adicionales del Fondo CLIN de Fundación Chile y participación de SVG Ventures, uno de los venture capital más activos del mundo en la industria agtech. Distintas plataformas de datos de startups reportan cifras algo distintas sobre el total histórico levantado por la compañía, que según la fuente consultada varía entre poco más de US$3,5 millones y cerca de US$6 millones en capital privado a lo largo de su historia, sumando entre sus inversionistas también a la minera no metálica SQM.
Ese reconocimiento internacional se tradujo en más presencia en la escena global: en 2025 la compañía fue seleccionada para presentar su tecnología en el Startup Battlefield de TechCrunch Disrupt, una de las vitrinas más importantes para startups tecnológicas a nivel mundial. En Chile, el trabajo de Bustamante también fue reconocido con el Premio Nacional Avonni en la categoría Recursos Naturales, en alianza con Arauco.
Por qué esto importa para la agricultura
El problema que busca resolver Instacrops no es menor. La agricultura consume alrededor del 70% del agua dulce disponible en el planeta, y en países como Chile esa cifra puede superar el 90%. En un contexto de sequía estructural, cambio climático y eventos extremos cada vez más frecuentes —como los propios frentes de mal tiempo y las heladas que este medio ha cubierto recientemente—, la capacidad de anticipar riesgos y optimizar el uso de cada litro de agua se vuelve decisiva para la sostenibilidad del sector.
Según reporta la compañía en su sitio oficial, los campos que utilizan su tecnología han logrado reducir su consumo de agua hasta en un 30%, mientras aumentan sus rendimientos productivos entre un 10% y un 20%. Son cifras que, multiplicadas por la escala de la agricultura de exportación chilena y latinoamericana, representan un aporte relevante tanto a la rentabilidad de los productores como a la gestión responsable de un recurso cada vez más escaso.
Para un país como Chile, donde la fruticultura de exportación es uno de los pilares de la economía rural y donde los episodios climáticos extremos —heladas, sequías y ahora también lluvias fuera de temporada— se han vuelto parte del paisaje habitual, historias como la de Instacrops muestran un camino posible: que la tecnología y los datos se conviertan en una herramienta más de manejo agrícola, tan cotidiana como el riego o la poda.
por Juan Lagos
