Fotógrafo, documentalista y creador de contenido, Timothy Dhalleine dejó Francia hace más de una década para instalarse en la Patagonia chilena, donde hoy retrata, a través de la fotografía y el documental, la relación entre las personas y la naturaleza. En esta conversación con Diario Agrícola cuenta cómo llegó a Chile, por qué cree que este país puede ser un modelo mundial de ecoturismo, y cuáles son sus próximos proyectos documentales.

¿Cómo llegaste a Chile y a la Patagonia?

Primero me enamoré de una chilena. Antes de eso ya quería vivir de la creación de contenido, mi sueño desde siempre. Llevaba años viajando por distintos países y continentes —Australia, la selva amazónica en Ecuador— y en esos viajes me di cuenta de que el planeta estaba lleno de tesoros salvajes que no había conocido creciendo en Francia, en un lugar rural pero bastante explotado por la agricultura. Conocí a Lisette en su último año de estudios, cuando estudiaba negocios internacionales; en esa carrera siempre se mencionaba la naturaleza como un recurso que había que explotar, y ahí terminé de darme cuenta de que en realidad esos recursos eran limitados y había que cuidarlos. De niño ya tenía pasión por lo audiovisual, hacía cortometrajes con amigos, y con los viajes empecé a mezclar la cámara con la naturaleza, justo cuando el ecoturismo empezaba a crecer a nivel mundial: ahí entendí que se podía vivir de eso, no solo tenerlo como pasión.

Cuando conocí a Lisette, que hoy es mi esposa, ella tenía que volver a Chile, y yo decidí seguirla con un pasaje solo de ida, sin vuelta. Llegamos primero a Valparaíso, y yo quería sí o sí trabajar en un parque nacional haciendo contenido y ecoturismo. A los pocos meses conseguimos trabajo en el Parque Nacional Torres del Paine, y ahí nos quedamos, hasta hoy.

¿Por qué eligieron la Patagonia específicamente?

Ambos queríamos salir de nuestra zona de confort. La aventura siempre ha guiado mi vida, y tenía muchas ganas de descubrir un lugar salvaje muy distinto a lo que conocía. La Patagonia apareció casi como un imán, aunque ni siquiera conocía bien las Torres del Paine cuando llegué a Chile en 2014; en ese entonces el destino estaba mucho menos posicionado de lo que está hoy. Postulé a distintos ecolodges y agencias que pensaba podían necesitar contenido.

Al final fue una coincidencia de la vida: antes de Chile había estado en Sri Lanka, en un proyecto de ecoturismo, y mi jefe de esa época decidió recomendar mi perfil a EcoCamp, un lodge pionero en ecoturismo en Chile. Me llegó un correo de la nada, terminé entrevistado y contratado, justo cuando ya tenía interés en la Patagonia, pero llegó como una sorpresa. Fue amor a primera vista: la primera vez que vi las torres de noche, sentí que ese lugar juntaba todos los elementos que me hacían sentir feliz y vivo. Con los años me fui profesionalizando en creación de contenido, y este lugar se convirtió en nuestra casa.

¿Qué tiene Chile de especial, y por qué crees que está poco explotado en ese sentido?

Creo que Chile es un ejemplo mundial de destino transformador. No es solo un destino que impacta por su belleza y por la acogida de su gente, sino uno que impacta la vida de las personas: hablo de turismo transformacional, porque cuando alguien viaja al desierto de Atacama o a Torres del Paine, se lleva a casa algo que le generó verdadero asombro, y ese asombro se queda para siempre. He compartido con miles de turistas y siempre pasa lo mismo: la gente no solo ve, siente. Chile es un país que se siente, no solo se mira, y eso es lo que trato de transmitir con mi fotografía.

Tiene un potencial enorme para ser un modelo de ecoturismo a nivel mundial, porque tiene territorios de relevancia global por sus ecosistemas: es el país con más glaciares de Sudamérica, tiene fauna endémica, es casi un laboratorio a cielo abierto. El componente educativo del turismo ahí es clave, y creo que la creación de contenido cumple un rol fundamental para mostrar y cuidar ese tesoro.

¿Cuáles son tus planes a futuro, y en qué proyectos documentales estás trabajando?

Tengo dos hijos, una hija de seis años y un hijo que nació hace dos meses, y seguimos viajando en familia todos los años; en un par de meses viajamos a Alemania e Inglaterra. La aventura fue algo que nos unió con mi esposa desde el inicio, y queremos seguir transmitiéndoselo a nuestros hijos, descubriendo juntos destinos naturales alrededor del mundo. Aun así, Chile siempre será nuestra base: cuando salgo del país, después de unos meses ya lo extraño, porque acá siento que viajo todos los días sin moverme.

Hoy lo que más me motiva es el trabajo de cine, especialmente documentales sobre la relación entre el ser humano y la Tierra. La Patagonia tiene un escenario muy potente para historias que conmueven e inspiran, como el documental The Present —que de hecho Diario Agrícola ya cubrió en su momento, porque fue algo que marcó harto—, y uno nuevo que estrenamos en noviembre en Inglaterra, Remember the Summit. Ambos, aunque cuentan historias distintas, comparten una misma línea: el poder del asombro. Quiero seguir narrando aventuras en la naturaleza, mostrando que va más allá de emocionar por su belleza: moldea la vida de las personas, y el trabajo audiovisual ayuda a que ese legado perdure en el tiempo. Mis próximas metas son concretar mi primer largometraje, un sueño de hace muchos años, y lanzar mi primer libro de fotografía, que sale en pocos meses.

¿Cómo ha sido la respuesta de la gente que ve tu contenido?

He recibido mucho cariño y agradecimiento, sobre todo por ser alguien que llegó de tan lejos, dejó su país natal, y se instaló acá para mostrar lo que Chile tiene. A veces me reconocen en los senderos, y siento que la gente valora que alguien de afuera difunda lo único que es este país; me siento un poco como un embajador. De hecho, muchas personas me han dicho que para ellos ya soy un chileno más, y eso me emociona muchísimo.

por Cristián Valenzuela