Bioo, la empresa española reconocida por el Parlamento Europeo como la más innovadora de Europa y por Google como la más disruptiva del mundo, está detrás de algunas de las tecnologías más sorprendentes de los últimos años: plantas bioluminiscentes que iluminan ciudades sin electricidad, suelos que generan energía y agua, y hojas que funcionan como interruptores. Detrás de todo eso hay una idea que su fundador repite una y otra vez: no se trata de dominar la naturaleza, sino de construir una verdadera simbiosis con ella. De hecho, escuchándolo hablar de cómo las plantas se comunican mediante vibración, es difícil no acordarse de aquella célebre frase de Nikola Tesla: “Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”. Su fundador, Pablo Vidarte, conversó con Diario Agrícola sobre cómo nació la compañía, hacia dónde va su línea agrícola, y por qué está convencido de que la próxima gran revolución tecnológica será biotecnológica.

¿Cómo nace Bioo?

La historia, la verdad, es bastante estereotípica: nació de un sueño a las tres de la mañana, de despertarme y pensar que esto se tenía que poder hacer de alguna forma. Antes ya había fundado otras dos empresas, una de inteligencia artificial y otra de localizadores, ambas las vendí, y con eso empecé Bioo en 2015.

Lo primero que armamos fue un equipo de voluntarios —ingenieros, nanotecnólogos, biólogos— y durante un año hicimos prototipo tras prototipo con un objetivo claro: aprovechar lo que la naturaleza ya hace. En cualquier tierra existen microorganismos que descomponen materia orgánica y, en ese proceso, liberan electrones. Lo que hicimos fue capturar esos electrones para generar electricidad, pero también aprovechar los iones de hidrógeno que liberan, que se combinan de forma natural con el oxígeno y crean agua: literalmente, creamos agua a partir de un sólido. Por eso hay tanto interés en países desérticos; de hecho, tenemos sede en Riad. En total, estuvimos siete años solo en investigación y desarrollo antes de lanzar al mercado, en 2022.

Además de generar energía y agua desde el suelo, han desarrollado otras tecnologías bastante inesperadas.

Sí, en el camino fueron surgiendo varias. Una es una tecnología que utiliza la capacidad natural de las plantas de comunicarse mediante sonido, algo que se descubrió hace apenas cuatro o cinco años. Las plantas modulan vibraciones que reflejan su forma de “ver” el mundo, y nosotros podemos leer esas vibraciones: cuándo les falta agua, cuándo necesitan fertilizante, o incluso cuándo hay un hongo o fuego cerca. En el entorno urbano ya la aplicamos como domótica con plantas —Bioo Switch—, activando luces, sonidos o pantallas con solo tocar una hoja. En el sector agrícola queremos ir más allá: en vez de aplicar sensores genéricos de humedad y temperatura, estamos armando el diccionario del lenguaje de las plantas en formato de onda, para que el propio campo escuche a sus plantas y regule solo el riego o la fertilización.

Y después está la bioluminiscencia, Bioo Lumina, que surgió de la hipótesis más simple: si ya generamos energía y agua con la propia tierra y activamos luces en parques y jardines, ¿por qué no dar un paso más y transformar directamente la planta en la fuente de luz? Como en Avatar. Ya existen organismos bioluminiscentes en la naturaleza —hongos, algas, insectos, plancton—, pero su luminiscencia es diez veces menor a la que necesitábamos para que funcionara en una ciudad. Lo que creamos fue un fertilizante foliar que la planta absorbe en 24 horas: capta luz durante el día y la libera de noche, ayuda a la planta a crecer y, de paso, inhibe el acceso de ciertas plagas, sin afectar a los polinizadores. Y estamos trabajando en algo más, todavía no lista para mercado: raíces robóticas, que no se mueven pero crecen bajo tierra para localizar minerales, agua o incluso yacimientos arqueológicos.

¿Qué alcance tiene hoy Bioo, y qué viene con la línea agrícola?

Hoy operamos desde Barcelona, Riad y Shanghái, con más de 50 distribuidores oficiales, 6 patentes y más de 117 premios internacionales. Tenemos proyectos en cuatro continentes —en América hay varios, en Costa Rica, Punta Cana, Estados Unidos—, en edificios de oficinas, residenciales, campos de golf, y ahora ciudades completas.

En 2027 lanzaremos oficialmente nuestra línea agrícola. Vamos a empezar sustituyendo pilas y paneles solares en el campo: las pilas requieren recambios constantes, y los paneles solares necesitan limpieza y estructuras elevadas para que no les dé sombra. Nuestros sistemas van directo al suelo y generan la energía necesaria para sistemas de riego, comunicación y sensórica. De hecho, ya tenemos Bioo Sensor, el primer sensor agrícola alimentado por la tierra, co-testado con Bayer Crop Science, y participamos en Soil2Power, un proyecto europeo que lleva este mismo principio a escala de campo completo. El sector agrícola hoy consume el 90% de las pilas químicas del mundo para alimentar sensores; nosotros convertimos la tierra misma en la batería.

¿Por qué eligieron las plantas como materia prima para todo esto?

Hasta ahora, el paisajismo urbano —y en parte también el agrícola— era un sector bastante arcaico, que había evolucionado muy poco mientras las ciudades innovaban en todo lo demás: pasamos de ciudades de chimeneas a ciudades de hormigón y pantallas digitales, pero la relación con la naturaleza casi no cambió. Nuestro objetivo nunca fue reemplazar la ciudad por un bosque, ni que la gente viva como hippies en medio de la naturaleza. El objetivo es usar el progreso para lograr una verdadera simbiosis con la naturaleza, algo que como humanidad siempre buscamos, incluso antes de la agricultura. Las plantas eran un componente casi inexplotado para esto, y sin embargo no podríamos vivir sin ellas: la materia prima perfecta, siempre que no la uses simplemente para quemarla, porque eso ya está inventado.

¿Cómo ves a Bioo en diez o quince años más, y qué rol está jugando la inteligencia artificial en todo este desarrollo?

La respuesta corta es la misma frase que digo siempre: queremos ser la empresa biotecnológica del mundo. No nos metimos en farmacéutica ni en materiales porque son mercados ya ocupados; quisimos ir por la biotecnología urbana y agrícola, que hasta ahora nadie había tocado. Fundamos la empresa en 2015, pero recién lanzamos al mercado en 2022, y el sector de la construcción es lento: los primeros años nos tomó terminar las primeras instalaciones, y recién ahora estamos empezando a hacer proyectos de ciudades completas, no solo edificios o barrios. Creo que en los próximos cinco a diez años esto va a estar tan normalizado como hoy lo están las pantallas en los edificios.

Sobre la inteligencia artificial: la usamos muchísimo, con tantos agentes de IA haciendo tareas que ni podría decirte un número exacto, trabajo que a una persona le tomaría demasiado tiempo y no sería rentable hacer manualmente. Es algo común hoy en cualquier empresa, pero especialmente en biotecnología: el desarrollo de fármacos o de nuevas proteínas hoy pasa todo por IA. Yo tuve una empresa de inteligencia artificial hace más de diez años, y para los estándares de ahora, esa tecnología se quedaba muy corta comparada con lo que existe hoy. Honestamente creo que, aunque tenga sus riesgos, la IA bien utilizada va a ser una de las herramientas que más nos va a liberar a todos, y hoy ya es posible crear una empresa casi enteramente apoyada en ella, algo que en un año más va a ser todavía más real.

por Cristián Valenzuela