Payador a los 11 años, participante de realities de Canal 13, y hoy uno de los mayores generadores de contenido sobre cultura campesina chilena en redes sociales, José Miguel Gutiérrez carga con un apellido que lleva seis décadas ligado al folclor nacional. En esta conversación con Diario Agrícola cuenta cómo su familia declaró la cueca danza nacional de Chile, cómo dio el salto desde la televisión a las redes sociales, y qué relación ve entre el folclor, el patrimonio y la agricultura chilena.

¿De dónde viene tu relación con el folclor chileno?

Vengo de una familia muy folclórica, la familia Gutiérrez, todos nacidos y criados en Graneros. Mi abuelo tuvo diez hijos, entre ellos mi padre, y casi todos terminaron dedicados a la música: mis tíos formaron parte de grupos como Aria Selva, Mili Poncho y Los Cantores del Sur. Mi padre, por su parte, creó el Conjunto Graneros, que este año cumple 60 años cantando folclor chileno de raíces campesinas de forma ininterrumpida, y llegó a ser presidente de la Federación Nacional de la Cueca. Bajo su gestión se logró que la cueca fuera declarada danza nacional de Chile, en 1979, y se crearon los campeonatos nacionales infantiles de cueca.

Yo nací en el 85. Los Grillitos de Graneros, el conjunto infantil folclórico, ya existía desde 1968 y hoy lleva casi seis décadas de trayectoria. Entré con dos años y estuve dieciocho, hasta los veinte, con clases de música, canto, baile y expresión corporal tres veces por semana. Fui el payador del grupo, recorrí Chile de punta a punta actuando en festivales, y a los once años tuve el honor de aperturar el Festival del Huaso de Olmué junto a Jorge Yáñez. Incluso participé en el segmento de niños talento de Sábado Gigante, y por eso viajé un par de veces a Miami. Fue una infancia muy disciplinada: no había espacio para faltar a los ensayos. Con el tiempo, Los Grillitos ha formado a más de 5.000 niños. A la par, mi papá fundó el Colegio Graneros, que hoy tiene más de mil alumnos y es de los pocos colegios en Chile donde se enseña el ramo de Cultura Chilena y Folclor desde primero a cuarto básico. Con mi hermana incluso presentamos un proyecto de ley para que ese ramo sea obligatorio en todo el país; está avanzando, aunque más lento de lo que esperábamos.

Más allá de la música, tengo otra vida ligada al campo: por parte de mi mamá, mi abuelo corría a caballo, y yo desde chico tengo caballos y he corrido en rodeo. No es solo folclor y canto, también hay una relación real y cotidiana con los animales y el campo.

¿Cómo diste el salto desde la televisión a construir una comunidad tan grande en redes sociales?

Fui parte de dos realities de Canal 13: el primero en 2012, donde me pusieron el apodo de “El Huaso”, y luego en 2023 como monitor de actividades, donde me decían “El Capataz”. Cuando terminó ese segundo proyecto, a fines de 2023, se abrió para mí todo el mundo digital, y lo tomé de muy buena manera, porque a la tele y a los realities uno siempre les pone un límite. Ahí tomé la posta de lo que nos enseñó la familia: crear contenido y comunidad en torno a la cultura y el campo, aunque no es un tema que genere la dopamina inmediata de otros contenidos. Pero hay muchas historias que contar.

Con mi hermana María Azucena creamos el programa “Patrimonios del Mundo: los niños de Chile”, que estuvo tres años en Radio Agricultura y se transformó en uno de los programas más viralizados en redes sociales de Chile. Gracias a eso cerramos con Mega, y ahora estamos grabando la nueva temporada.

¿Qué te motiva a mostrar el patrimonio cultural del campo chileno?

Tenemos la convicción de que los patrimonios no son solo los edificios antiguos: son los saberes que nos enseñan nuestros padres y abuelos, son las canciones, es el niño que hace dos horas a caballo para llegar a la escuela con la mamá que le preparó pan amasado para el camino. Eso también es folclor, y aunque puede perderse, hoy tenemos la obligación de darle visibilidad.

Estoy terminando un pódcast de seis capítulos llamado “Lo que nadie ve: cultura chilena”, donde entrevisté, por ejemplo, a una joven de un fundo de cinco mil hectáreas en Quilapilún que se dedicó a la pedagogía en lugar de al campo, y con quien hablamos de brechas educativas rurales. Ese cruce entre agricultura, folclor y comunidades rurales me parece clave: cuando alguien entrevista al dueño de un fundo, ahí mismo trabajan quinientas personas, y muchas de esas familias hacen folclor sin que nadie lo sepa.

Creo firmemente que hay que contar la historia completa, con responsabilidad, lo bueno y lo malo. Por ejemplo, cuento sin problema que Augusto Pinochet firmó el decreto que declaró la cueca danza nacional en 1979, y que años después inauguró la Casa de la Cueca que construyó mi padre en Graneros, un espacio cultural que sigue funcionando hasta hoy. Me han criticado por contarlo, pero para mí es historia, con evidencia y fotografías, y hay que mostrarla tal como fue.

Hay mucha historia familiar que no se puede perder. Hace un tiempo encontré en YouTube el video de cuando aperturé el Festival del Huaso de Olmué a los 11 años —recuerdo que aprendí las décimas que me mandó Jorge Yáñez durante el vuelo hacia allá— y lo subí a mis redes; tuvo muy buena recepción. Ese tipo de archivo es justamente lo que quiero seguir rescatando y mostrando.

¿Qué alcance tiene hoy tu contenido, y qué consejo le darías a otros que quieran comunicar el mundo agrícola y rural?

Hoy uso todas las plataformas: en TikTok tengo más de 100.000 seguidores, en Facebook cerca de 60.000, y en Instagram superé los 200.000. El alcance mensual promedio ronda los 4,5 millones de personas, y cuando hacemos los programas con mi hermana llegamos a 25 millones de personas al mes. Para el contenido de cultura chilena, encuentro que es harto.

Detrás hay bastante trabajo: armo los guiones, consigo auspiciadores, grabo con un equipo fijo de tres cámaras y luces, y me demoro dos o tres días en preparar el guion de una entrevista de una hora. Publico programas largos en YouTube y después saco extractos para todas las redes, porque ahí es donde realmente hay alcance.

Mi consejo para quienes quieran comunicar el mundo agrícola es simple: no paren aunque al principio no tengan mucha visualización, busquen buenos personajes y apalánquense en otras cuentas que ya tengan comunidad para crecer juntos. Y sean creativos: hablen también de los temas de contingencia, de lo difícil que es el campo, de las historias reales de la gente, no solo de los grandes empresarios agrícolas. Esa es la que realmente conecta con la gente.


Desde Diario Agrícola creemos que la historia de José Miguel es un buen recordatorio de que el folclor, el patrimonio rural y la agricultura son parte de una misma raíz: son los saberes, las canciones y las familias que sostienen el campo chileno día a día. Seguiremos mostrando a los distintos actores —grandes y pequeños, tradicionales y digitales— que hacen de esta industria y esta cultura algo tan potente y grande para Chile y Latinoamérica.

Por Cristián Valenzuela