FMI proyección en Chile: El organismo valoró que la agenda del Gobierno pueda apoyar la inversión y el empleo en el mediano plazo. Sin embargo, advirtió que las rebajas tributarias deberán ser compensadas para no afectar las metas de déficit, deuda y gasto público productivo.
El Fondo Monetario Internacional volvió a poner la lupa sobre Chile. En su declaración final de la misión del Artículo IV 2026, el organismo proyectó que la economía chilena crecería 2,2% este año y 2,5% en 2027, en un escenario marcado por mejores precios del cobre, pero también por el alza del petróleo, condiciones financieras externas más estrechas y mayores riesgos geopolíticos.
La cifra representa una señal de cautela en medio de un debate económico cada vez más intenso. Hace solo algunas semanas, el propio FMI había elevado su proyección para Chile a 2,4% en 2026, según su informe de Perspectivas Económicas Mundiales. Sin embargo, el nuevo diagnóstico técnico moderó esa expectativa y dejó claro que el país enfrenta un escenario más exigente.
La advertencia llega justo después de conocerse que la actividad económica completó tres meses consecutivos en rojo. El Imacec de marzo cayó 0,1% anual, acumulando un primer trimestre débil para la economía chilena. Ese dato aumentó la preocupación por el crecimiento, la inversión y el empleo.
Cobre ayuda, pero no basta
El FMI reconoció que Chile cuenta con un punto a favor: el mayor precio del cobre. Según el organismo, este factor podría apoyar el crecimiento durante 2026 y 2027, especialmente si se mantiene una alta demanda asociada a la transición energética, la infraestructura vinculada a inteligencia artificial y el gasto en defensa.
Pero el cobre no resuelve todo. El organismo también advirtió que una prolongación del conflicto en Medio Oriente podría mantener altos los precios del petróleo por más tiempo. Eso afectaría el ingreso disponible de los hogares, elevaría costos productivos, presionaría la inflación y podría frenar la actividad económica.
Para el agro, este punto es clave. El precio del petróleo impacta directamente en transporte, maquinaria, fertilizantes, logística, distribución y costos de exportación. En un sector donde los márgenes ya son estrechos, cualquier aumento sostenido en combustibles puede golpear la planificación de la temporada.
La reforma económica bajo observación
El FMI también analizó la agenda económica del Gobierno, especialmente el llamado Plan de Reconstrucción Nacional. El organismo señaló que las medidas orientadas a facilitar la inversión privada, reducir trabas regulatorias, bajar costos laborales y disminuir gradualmente el impuesto corporativo podrían apoyar el crecimiento de mediano plazo.
Entre las medidas mencionadas aparecen la reducción gradual del impuesto corporativo desde 27% a 23%, un crédito tributario para empresas que empleen trabajadores de menores ingresos y el retorno a un sistema tributario totalmente integrado.
Sin embargo, el respaldo no fue un cheque en blanco. El FMI advirtió que, aun considerando las posibles ganancias de crecimiento del plan, estas podrían ser optimistas. Por eso, sostuvo que se necesitarán esfuerzos adicionales de consolidación fiscal para cumplir las metas de déficit y deuda.
El riesgo: crecer sin debilitar las cuentas públicas
El punto más sensible del informe está en el equilibrio fiscal. El FMI señaló que la brecha adicional generada por el nuevo proyecto deberá compensarse con medidas equivalentes de gasto o ingresos. Es decir, si el Estado recauda menos por rebajas tributarias, deberá encontrar otra forma de financiar esa pérdida.
El organismo también llamó a cuidar el espacio fiscal para mantener gasto público productivo. Incluso advirtió que recortes generalizados de gasto público, destinados a compensar menores ingresos tributarios, podrían limitar áreas que ayudan a la productividad, como el cuidado infantil.
Este punto abre una discusión relevante para los sectores productivos. Para crecer, Chile necesita inversión privada. Pero también requiere infraestructura, innovación, capacitación, conectividad, riego, investigación aplicada y apoyo a la productividad. En el agro, esas áreas son esenciales para sostener competitividad.
Una señal para mirar desde el mundo agrícola
Aunque el informe del FMI está centrado en la economía nacional, sus efectos llegan al campo. Una economía que crece menos reduce el dinamismo de la inversión. También aumenta la cautela en decisiones empresariales, financiamiento, contratación y nuevos proyectos.
Para el sector agroalimentario, esto ocurre en un contexto desafiante. Los productores enfrentan costos elevados, exigencias de sostenibilidad, presión logística, cambios climáticos y necesidad permanente de tecnificación. Por eso, las señales macroeconómicas importan: afectan el crédito, el tipo de cambio, la demanda interna, las exportaciones y la capacidad de invertir.
El FMI planteó que Chile puede aspirar a crecer más, pero advirtió que elevar el crecimiento tendencial es difícil y exige mantener proyecciones de ingresos prudentes. Esa frase resume el fondo del problema: no basta con diseñar reformas proinversión; también se necesita credibilidad fiscal, estabilidad y foco en productividad.
El crecimiento vuelve al centro del debate
El nuevo diagnóstico del FMI instala un mensaje claro. Chile tiene oportunidades, especialmente por el cobre y por una agenda que busca reactivar inversión y empleo. Pero también enfrenta riesgos concretos: petróleo caro, inflación, tensiones externas, bajo dinamismo interno y presión sobre las cuentas fiscales.
En paralelo, la Cepal también recortó recientemente su proyección para Chile a 2% en 2026, apuntando a un escenario internacional más complejo, mayor inflación y menor dinamismo regional.
Así, el crecimiento vuelve a estar en el centro del debate económico. Y para el agro, la pregunta es directa: cómo sostener inversión, productividad y competitividad en un país que necesita volver a crecer, pero sin perder estabilidad.
