Un video publicado a fines de julio por The Farmlink Project, una organización dedicada a combatir el desperdicio de alimentos en Estados Unidos, mostró algo difícil de entender a primera vista: agricultores de durazno cerca de Sacramento, California, arrancando de raíz árboles sanos y en plena producción, justo en medio de la temporada de cosecha. La cifra real detrás de esas imágenes es enorme: 420.000 árboles, repartidos en unos 3.000 acres —cerca de 1.214 hectáreas—, terminarán siendo eliminados.

La organización viajó hasta uno de esos huertos, en las afueras de la ciudad, para entender por qué. La respuesta se remonta a más de un año atrás: la quiebra de Del Monte Foods, declarada el 1 de julio de 2025. La empresa dejó de existir como comprador desde entonces, pero sus efectos recién se están viendo de forma literal en el terreno, ahora que la fruta de esta temporada está lista para cosecharse y no tiene quién la compre.

La quiebra que lo desató todo

Del Monte, una compañía de casi 140 años de historia en la industria de alimentos envasados, se declaró en quiebra el año pasado y, poco después, cerró sus plantas procesadoras de Modesto y Hughson, en California. Esas dos plantas por sí solas procesaban entre un 30% y un 35% del total de duraznos cling —la variedad usada para conservas— que se producen en el estado. La compañía venía arrastrando problemas desde antes: el consumidor había ido abandonando progresivamente las frutas y verduras enlatadas en favor de productos frescos, y sus costos operativos se dispararon, en parte por los aranceles aplicados al acero importado que usaban para fabricar las latas.

Contratos de 20 años que se convirtieron en una trampa

El problema para los agricultores es que este tipo de huertos no se cultiva de un año para otro: un árbol de durazno tarda unos tres años en dar su primera cosecha, y luego produce durante cinco o seis años más. Por eso, muchos productores de la zona de Sacramento habían firmado contratos a 20 años con Del Monte —el mismo horizonte de vida productiva de sus árboles—, por un valor conjunto superior a los US$550 millones, equivalentes a unos US$12.500 por acre. El año pasado, esos huertos entregaron cerca de 74.000 toneladas de fruta a la compañía. Con Del Monte fuera del mercado, solo quedan dos plantas procesadoras operando en el estado —de la empresa Pacific Coast Producers, en Lodi y Oroville—, capaces de absorber apenas un tercio de ese volumen: unas 24.000 toneladas. El resto de la fruta, sin comprador, queda condenada a pudrirse o a ser destruida junto con los árboles que la producen.

Por qué no se puede simplemente regalar la fruta

Es la pregunta que muchos se hacen al ver este tipo de imágenes, y que también se planteó en los comentarios del video de Farmlink Project: ¿por qué no donar la fruta a comunidades locales en vez de destruirla? La respuesta tiene que ver con la escala y la naturaleza del negocio: los agricultores están especializados en producir, no en distribuir. No cuentan con la flota de camiones, el personal ni la infraestructura de empaque necesaria para mover decenas de miles de toneladas de fruta fresca hacia compradores nuevos en poco tiempo, y buena parte de esos duraznos —pensados para ser procesados industrialmente, no vendidos como fruta fresca de mesa— tampoco tiene la calidad estética que exige la venta directa al consumidor. Frente a ese escenario, y con la imposibilidad de sostener económicamente huertos sin comprador, muchos productores optan por eliminar los árboles y reconvertir esos terrenos hacia otros cultivos, como almendros, que sí tienen mercado asegurado.

La ayuda que está llegando, aunque no alcanza

La magnitud del problema ya generó presión política. En marzo de este año, un grupo bipartidista de 38 congresistas, liderados por los representantes Mike Thompson, David Valadao y el senador Adam Schiff, enviaron una carta a la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, solicitando ayuda federal urgente para los productores de durazno de los condados de Yuba y Sutter, los más afectados por el cierre de la planta de Modesto. El USDA (Departamento de Agricultura) ya destinó US$9 millones en fondos de asistencia para cubrir parte de los costos de remoción de árboles, aunque la cifra resulta modesta frente a la escala del problema: unos 3.000 acres —cerca de 1.214 hectáreas— y 420.000 árboles de durazno que terminarán siendo eliminados.

Un capítulo más de una crisis que golpea a la fruticultura de California

El caso de Del Monte no es un hecho aislado. En los últimos años, la industria frutícola de California ha visto caer a otros gigantes del sector: Prima Wawona, una de las mayores productoras y empacadoras de fruta de hueso del estado, se declaró en quiebra en 2023 y terminó liquidando 16.000 acres de tierra agrícola, afectando a más de 5.400 trabajadores. Más recientemente, Trinitas Farming, una compañía de cultivo de almendros financiada por capital privado, se declaró en quiebra en febrero de este año sin haber alcanzado siquiera a cosechar su primera producción, arrastrando una deuda de US$188 millones. Son señales de una fruticultura californiana bajo una presión financiera cada vez mayor, donde incluso operaciones agrícolas de gran escala y con años de trayectoria pueden colapsar en poco tiempo, arrastrando con ellas a cientos de productores que dependían de sus contratos para sobrevivir.

por José Rios