En cuatro años, esta plataforma californiana respaldada por capital de private equity pasó de no existir a controlar dos de las exportadoras chilenas más importantes del país. Detrás hay una lógica financiera precisa: abastecer fruta fresca los 365 días del año desde distintos hemisferios, con activos reales en el campo.


En el verano de 2021, David Krause dejó su puesto como presidente de la división de cítricos de The Wonderful Company —uno de los conglomerados agrícolas más grandes de Estados Unidos— y se subió a un avión. Tenía en la cabeza una idea que llevaba años madurando: construir una red global de productores y exportadores de fruta de alta calidad que pudiera abastecer mercados internacionales durante todo el año, sin depender de una sola geografía ni de una sola temporada. El nombre de esa idea era Frutura.

Lo que vino después fue una de las campañas de adquisiciones más aceleradas que ha visto el sector frutícola latinoamericano en décadas.


California como cuartel general, América Latina como campo de batalla

Frutura tiene su sede en Los Ángeles, pero su alma está repartida entre los valles chilenos, los campos peruanos, las plantaciones uruguayas y, desde 2025, los huertos colombianos. La empresa es, técnicamente, una plataforma de ventas y comercialización respaldada por Renewable Resources Group (RRG), un gestor de activos reales con sede en California que lleva dos décadas invirtiendo en agricultura, agua, conservación y energías renovables.

RRG es quien pone el capital. Frutura es quien opera en el terreno.

La distinción importa, porque explica la lógica detrás de cada adquisición: no se trata de un grupo empresarial tradicional que quiere crecer en el negocio de la fruta por razones industriales. Se trata de un fondo de inversión que identifica activos agrícolas subvalorados o estratégicamente posicionados, los integra a una red común de comercialización, y genera valor a través de la escala, la eficiencia logística y el acceso a mercados que las empresas familiares difícilmente pueden alcanzar solas.

En enero de 2024, el vehículo de co-inversión RRG Frutura Co-Investment Partners completó una ronda de capital por USD 33,5 millones, lo que da una idea del interés institucional que sigue atrayendo este modelo.


Chile: la pieza central del rompecabezas

Cuando Frutura cruzó la cordillera por primera vez, lo hizo con un objetivo claro: Subsole. La empresa santiaguina era —y sigue siendo— uno de los referentes históricos de la exportación chilena. En marzo de 2022, tras meses de negociaciones, Frutura cerró la adquisición. El monto no fue divulgado.

La compra no fue un capricho. Subsole es la mayor exportadora chilena de uva de mesa hacia Estados Unidos, Europa y Asia, y tiene presencia en regiones tan diversas como Atacama, Coquimbo, Valparaíso, la Región Metropolitana y O’Higgins. Era exactamente el tipo de empresa que Frutura necesitaba: con historia, con clientes consolidados, con liderazgo local sólido, y con capacidad de crecer.

Inmediatamente después del cierre, Frutura anunció planes para adquirir 1.300 hectáreas adicionales de campos en distintas zonas del país, con el objetivo de diversificar la base productiva de Subsole y ampliar el volumen exportado, especialmente en paltas y cítricos. También impulsó iniciativas de empaque y expansión varietal. El equipo directivo chileno, encabezado por Juan Colombo, se mantuvo en su lugar. Esa es una de las marcas de fábrica de Frutura: comprar sin destruir la cultura interna de las empresas adquiridas.

Pero Chile no terminó ahí. En octubre de 2023, Frutura concretó su segunda gran adquisición en el país: Giddings Fruit, la empresa fundada en 1993 por el agrónomo Julio Giddings, referente en el negocio de berries y cerezas. La transacción incluyó también a Cerasus —filial de Giddings especializada en cerezas para Asia, Europa y Norteamérica— y se realizó en paralelo con la compra de Sun Belle, distribuidora de berries con sede en Chicago, que era socia histórica de Giddings en el mercado norteamericano.

Fuentes del sector manejaron en su momento una cifra de entre USD 240 y USD 260 millones solo por Giddings, aunque el monto oficial nunca fue confirmado. Fue, según el propio David Krause, “una de las adquisiciones más significativas que Frutura ha hecho hasta la fecha”.

Hoy, en Chile, Frutura controla dos de las exportadoras de fruta más relevantes del país, con presencia en uva de mesa, cítricos, paltas, berries, cerezas y kiwis. Subsole y Cerasus operan con sus equipos locales y sus marcas originales, pero bajo un paraguas financiero y comercial que las conecta con una red global de distribución.


La lógica de la red: fruta 52 semanas al año

El concepto que articula toda la estrategia de Frutura es tan simple como ambicioso: proveer fruta de calidad durante las 52 semanas del año. Para lograrlo, necesita activos productivos en distintos hemisferios y distintas zonas climáticas, de modo que cuando termina la temporada en Chile, empieza en Perú; cuando termina en Uruguay, empieza en Colombia.

Hoy la red incluye, además de las dos empresas chilenas, a Agrícola Don Ricardo en el Valle de Ica (Perú), especializada en uva de mesa, cítricos y arándanos; Frutura Uruguay, con base en Salto, que produce y exporta cítricos; Dayka & Hackett, importadora y comercializadora californiana activa en uva, cítricos, drupas, mangos y paltas; Sun Belle, distribuidora de berries convencionales y orgánicos; y Montana Fruits, la última incorporación —concretada en marzo de 2025—, una empacadora y exportadora colombiana de paltas Hass que refuerza la cadena de suministro de ese producto para los mercados que requieren abastecimiento permanente.

En total, nueve empresas activas en seis países, con operaciones en tres continentes.


Cómo funciona un fondo que invierte en activos agrícolas

El modelo de Frutura es parte de una tendencia global que ha venido creciendo con fuerza en los últimos años: los fondos de capital privado que ven en la tierra y los activos agrícolas una clase de inversión atractiva, estable y con retornos que no están correlacionados con los mercados financieros tradicionales.

A diferencia de un fondo de acciones, que compra participaciones en empresas cotizadas, un fondo de activos agrícolas adquiere directamente tierra, infraestructura productiva y empresas del sector agroalimentario. La lógica de rentabilidad es doble: por un lado, la apreciación del valor del activo real (tierra que vale más con el tiempo, instalaciones que se optimizan); por otro, el flujo de caja generado por la producción y comercialización de los cultivos.

El atractivo específico de este tipo de vehículos ha crecido en contextos de inflación y volatilidad financiera. La tierra agrícola de alta calidad es escasa, su valor tiende a subir en el largo plazo, y la demanda de alimentos es una de las pocas certezas estructurales que tiene la economía global. Según estimaciones del sector, la inversión en activos agrícolas pasó de niveles marginales a comienzos de la década de 2010 a cifras de miles de millones de dólares anuales en la actualidad, y proyecciones de organismos como la FAO estiman que la producción global de alimentos deberá aumentar cerca de un 50% antes de 2050 para satisfacer la demanda de una población creciente.

En el caso de RRG y Frutura, el modelo añade una capa de complejidad adicional: no solo se adquieren tierras o empresas, sino que se construye una plataforma integrada que agrega valor en la cadena comercial. En lugar de ser un propietario pasivo que arrienda campos, Frutura participa activamente en la producción, el empaque, la logística y la comercialización de los productos. Eso le permite capturar más margen a lo largo de la cadena y tener mayor control sobre la calidad y el posicionamiento de marca.

Esta clase de fondos, conocidos en la industria como permanent crop funds o agri-private equity platforms, han multiplicado su presencia global en los últimos diez años. Firmas como Macquarie Asset Management, Nuveen Natural Capital, TIAA-CREF y la propia RRG gestionan portafolios que suman decenas de miles de millones de dólares en activos agrícolas globales. La tendencia es sostenida y va en aumento.


La huella ESG: más que un adorno

Uno de los aspectos que distingue a Frutura de un fondo de adquisiciones convencional es la centralidad que le otorga a los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). No como un elemento de marketing, sino como parte integral de su tesis de inversión.

La empresa matriz, RRG Capital Management, es una corporación certificada B-Corp y firmante de los Principios de Inversión Responsable de las Naciones Unidas. Frutura también ostenta la certificación B-Corp. En el caso de Agrícola Don Ricardo, la empresa peruana obtuvo su propia certificación B-Corp en 2024.

En Chile, el historial de Subsole en esta materia fue, según la propia Frutura, uno de los factores que aceleró la decisión de compra. La empresa chilena fue pionera en instalar una planta de energía fotovoltaica en Copiapó, y ha mantenido políticas de gestión eficiente del agua y del suelo desde antes de que esos criterios fueran exigidos por los mercados internacionales.


Los planes que vienen

La lógica de expansión de Frutura no parece haber llegado a su límite. El CEO David Krause ha sido consistente en señalar que América Latina sigue siendo un eje estratégico para la empresa, aunque el radar también apunta a otras regiones productoras.

En Chile, el foco inmediato está en consolidar y hacer crecer las operaciones de Subsole y Cerasus, aprovechar las sinergias entre ambas empresas —que ahora comparten estructura comercial y acceso a clientes— y continuar agregando superficie productiva en distintas zonas del país. El mercado asiático, especialmente China, sigue siendo un destino prioritario para las cerezas chilenas.

A nivel global, la incorporación de Montana Fruits en Colombia en 2025 indica que el rubro del aguacate es una prioridad creciente. La palta Hass colombiana tiene ventajas de temporada frente a la chilena y la peruana, lo que permite a Frutura ofrecer ese producto en períodos del año en que los otros proveedores no pueden hacerlo.

El modelo, en definitiva, sigue siendo el mismo que Krause esbozó cuando fundó la empresa hace cuatro años: construir una plataforma global que permita que en las góndolas del mundo siempre haya fruta de calidad con el sello de Frutura, independientemente de la estación.

Chile, con su diversidad geográfica, su infraestructura exportadora y sus empresas de trayectoria larga, es hoy la columna vertebral de esa plataforma. Y todo indica que seguirá siéndolo.


Fuentes: sitio oficial de Frutura (fruturaproduce.com), Diario Financiero, Redagrícola, Portal Frutícola, Blueberries Consulting, RRG Capital Management (rrgcapitalmanagement.com), Meganoticias, SEC (Form D filings).