Por cada botella de whisky que sale de una destilería escocesa, quedan toneladas de residuos que durante generaciones solo sirvieron para alimentar ganado. Una empresa nacida de una idea de laboratorio ya los transforma en los mismos químicos que hoy usan Marcas globales para fabricar champú, perfume y líquido limpiaparabrisas, con una planta que ya está despachando sus primeros cargamentos comerciales.

Escocia produce, según estimaciones del sector, unos 1.600 millones de litros de “pot ale” (el líquido residual con levadura que queda tras la destilación) y 500.000 toneladas de “draff” (los granos de cebada ya usados en la fermentación) cada año, solo como subproducto de su industria del whisky. Durante generaciones, ese volumen descomunal de residuos tuvo un único destino: alimentar ganado. Hoy, una empresa llamada Celtic Renewables ya lo convierte en algo muy distinto: los mismos químicos verdes que la industria farmacéutica, cosmética y del cuidado del hogar necesita para reemplazar a sus equivalentes derivados del petróleo.

De una idea de universidad a una planta que ya factura

La historia detrás de esta tecnología empezó como investigación académica en la Universidad Napier de Edimburgo, de la mano del microbiólogo Martin Tangney, quien identificó que los residuos del whisky eran la materia prima perfecta para adaptar un proceso de fermentación centenario —conocido como fermentación ABE (acetona-butanol-etanol), originalmente desarrollado por el químico Chaim Weizmann— y producir bioacetona y biobutanol sin necesidad de cultivar materia prima adicional. Celtic Renewables se fundó formalmente como empresa en 2012, y tras años de pruebas y financiamiento público y privado, completó a fines de 2022 la construcción de su primera biorrefinería a escala comercial en Grangemouth, con más de £60 millones de financiamiento total.

El hito más reciente y contundente llegó cuando la compañía despachó su primer cargamento comercial en camión cisterna de bioacetona y biobutanol desde esa planta, en el marco de un acuerdo de largo plazo con la distribuidora química internacional Caldic, con destino a una planta procesadora en Chesterfield, Inglaterra. Fue, según describió el propio CEO de la compañía, Mark Simmers, el momento en que “las ideas y aspiraciones se convirtieron en realidad”.

De mover un auto a abastecer una industria química completa

La aspiración original de la compañía, de hecho, sí llegó a probarse en la práctica, aunque a una escala simbólica. En 2014, Celtic Renewables alcanzó un acuerdo con Bio Base Europe —una iniciativa auspiciada por la Comisión Europea para impulsar la transición desde una economía basada en combustibles fósiles hacia otra de base biológica— para desarrollar una planta piloto de biobutanol a partir de subproductos del whisky, con casi un millón de euros de respaldo del gobierno del Reino Unido. En julio de 2017, en sociedad con la destilería Tullibardine, la compañía anunció lo que describió como el primer viaje de un automóvil movido íntegramente con un biocombustible producido a partir de residuos de whisky: biobutanol capaz de reemplazar tanto a la gasolina como al diésel sin modificar el motor. Ese mismo año, el Gobierno de Escocia aportó 9 millones de libras esterlinas como coinversión para construir la planta de demostración comercial en Grangemouth.

De ahí en adelante, el destino comercial del biobutanol de Celtic Renewables terminó orientándose hacia la industria química antes que hacia el estanque de combustible de un auto: la compañía pasó de demostrar que un vehículo podía moverse con whisky residual a construir, años después, una cadena de suministro real hacia fabricantes de champú, pintura y perfume. Es un giro que vale la pena notar, porque muestra cómo una misma tecnología de base —la fermentación de residuos de whisky en bioacetona y biobutanol— puede terminar sirviendo a un mercado final muy distinto al que inspiró el proyecto originalmente.

De la destilería al champú, pasando por la pintura

Lo notable de este proceso es hacia dónde termina yendo el producto final. Caldic distribuye los químicos verdes de Celtic Renewables a fabricantes de productos farmacéuticos, cuidado personal y del hogar en todo el mundo, entre ellos líquido limpiaparabrisas para autos, pinturas, champús, lociones de manos, jabones y perfumes. Es decir: los residuos de una destilería escocesa terminan, unos meses después, en el estante de un supermercado convertidos en productos de consumo masivo completamente distintos al whisky que les dio origen.

El beneficio ambiental del proceso está cuantificado con precisión: según la propia compañía, sus productos generan hasta un 65% de ahorro de carbono en comparación con los químicos derivados del petróleo, y por cada tonelada de bioacetona o biobutanol producida se evitan casi 3 toneladas de emisiones de carbono. No es un dato menor considerando que, según cifras citadas por la propia empresa, el sector químico global consume por sí solo el 10% de todos los combustibles fósiles que se utilizan en el mundo.

Un mercado de US$2.000 millones, y apenas el comienzo

Celtic Renewables apunta a un mercado específico: el de los químicos verdes, valorado globalmente en unos US$2.000 millones, impulsado por el creciente número de grandes compañías que se fijaron metas de carbono neutralidad y que hoy necesitan, casi con urgencia, proveedores de insumos químicos con menor huella ambiental. Bettina Brierley, líder de grupo de producto en Caldic UK, fue enfática al respecto: sus clientes llevaban mucho tiempo esperando una solución así, y la demanda de bioacetona y biobutanol es hoy alta porque los fabricantes ya están listos para alejarse de los combustibles fósiles.

La compañía no planea quedarse en una sola planta. Según adelantó Simmers, Celtic Renewables ya evalúa entre tres y cuatro oportunidades de biorrefinerías de mayor escala, que espera desarrollar en los próximos cuatro a cinco años, con una producción combinada de 32.000 toneladas anuales, buscando además licenciar su tecnología y establecer alianzas a nivel global. La compañía cerró además, hacia fines de 2025, una nueva ronda de financiamiento pensada específicamente para avanzar en el diseño y la decisión final de inversión de su primera biorrefinería industrial a gran escala, con la construcción de una nueva planta en la misma zona de Grangemouth proyectada para comenzar en 2026 y la primera producción de esa segunda planta prevista para 2028.

Un símbolo del ritmo real del cambio climático

El propio Simmers marcó un contraste que resume bien el ritmo de esta transformación: durante la COP26, celebrada en Escocia en 2021, la biorrefinería de Grangemouth todavía estaba en fase de construcción. Para la COP29, ya estaban despachando camiones cisterna con bioacetona y biobutanol rumbo a clientes comerciales reales. Es, en palabras del propio CEO, apenas el comienzo de algo con un potencial de escala mucho mayor: transformar la forma en que se fabrican los productos de consumo cotidiano en todo el mundo.

Qué significa esto para el sector agroindustrial

Más allá del whisky, el caso de Celtic Renewables plantea una pregunta relevante para cualquier industria agroalimentaria que genere grandes volúmenes de residuos orgánicos de forma predecible y a gran escala: cerveceras, bodegas vitivinícolas, plantas de procesamiento de frutas o cualquier otra agroindustria con subproductos ricos en azúcares fermentables. La tecnología de fermentación ABE que usa la compañía no es exclusiva del whisky; es, en esencia, un proceso adaptable a cualquier residuo orgánico con la composición química adecuada. El caso escocés demuestra que ese tipo de residuo, que durante generaciones se consideró apenas apto para alimentar ganado, puede convertirse en la materia prima de una industria química completamente nueva, con contratos comerciales reales y una demanda que, según sus propios clientes, ya supera a la oferta disponible.


Fuentes: Celtic Renewables (comunicado oficial, “First Tanker Shipment of Green Chemicals From Scotland’s First Biorefinery”), Energías Renovables (Javier Rico, “Celtic Renewables mueve ya coches en Escocia con residuos de la industria del whisky”, 2017), Wikipedia (Celtic Renewables), Ethanol Producer Magazine, Crowdcube, Innovation Hub (Edinburgh Napier University), Companies House UK.

por Juan Lagos