por Augusto Delgado

En Chile vivimos una sequía desde al año 2010, lo cual ha significado arrancar y perder muchas hectáreas de paltos en la zona norte, reemplazar cultivos y disminuir la superficie plantada con cítricos y uva de mesa por falta de agua de riego.

Recordemos que el año 2018 fue uno de los años más secos que ha vivido la zona central de Chile, el agua de riego no era suficiente para regar las hectáreas productivas y significó que muchos agricultores tomaran medidas extremas. Tuvieron que rebajar a tocón los huertos de paltos para disminuir su consumo de agua y mantener vivas las plantas hasta la próxima temporada, esperando un año con lluvias, otros decidieron disminuir la superficie de riego destinada a la producción de fruta y los que decidieron no disminuir la superficie de riego y regar igual todas sus hectáreas, les pasó la cuenta con la caída de los calibres, que generó grandes perdidas económicas para los agricultores dedicados a la exportación.

Después de tantos años de espera, el año 2023 tuvimos precipitaciones concentradas y de gran intensidad, que generaron inundaciones y daños importantes en la agricultura. 

Esta temporada nos encontramos frente a un poderoso fenómeno de El Niño, se han recargado embalses, tranques, lagunas y acuíferos, una gran noticia para todos desde el punto de vista de la seguridad hídrica para este año.

El exceso de lluvia en periodos cortos de tiempo provocó el desborde de ríos, canales y quebradas, que han generado daños en el campo, en las ciudades y pérdidas económicas importantes para la agricultura.

Las lluvias generaron atrasos en la cosecha de limones, naranjas Navel tardías (como Cara Cara y Lane Late) y mandarinas W. Murcott. También aumentan la incidencia de pudrición en los frutos, principalmente en la parte baja de los árboles, ya que las salpicaduras de barro desde el suelo hacia los frutos, desplaza la Phytophthora citrophthora que es responsable de generar esa pudrición.

La cosecha se dificulta porque no puede ingresar la maquinaria y porque los cítricos no se pueden cosechar húmedos, se produce la rotura de las vesículas de aceite de la piel del fruto (flavedo), un desorden fisiológico llamado oleoselósis (manchas oscuras en la piel) y esa fruta se descarta.

Los paltos también han tenido problemas, lamentablemente este año en algunas zonas fueron afectados por las heladas previo a las lluvias, generando grandes pérdidas. Pero el desafío esta temporada no termina ahí. La Phytophthora cinnamomi, más conocida como la pudrición del cuello, enfermedad generada por exceso de agua, suelos saturados y anoxia en las raíces, va a volver a tomar importancia después de tantos años de sequía.

En el caso de los carozos, hay muchos huertos inundados, con suelos compactados y anegados, que dificultan el paso de maquinaria para realizar el control de cáncer bacterial y hongos de la madera. En muchos casos no se ha podido aplicar los rompedores de dormancia (Cianamida Hidrogenada) y homogeneizadores de brotación que son imprescindibles en zonas y variedades tempranas como es el caso de la cereza Santina. 

La cereza es un cultivo de carrera corta, las variedades tempranas tienen un periodo cercano a 60 días desde floración a cosecha, y si tenemos lluvias en primavera lo más probable es que no se pueda fertilizar temprano en la temporada, aumentando la importancia de las aplicaciones foliares. Por otro lado, si tenemos lluvias en floración, es muy probable que veamos caídas en los porcentajes de cuaja y condiciones ambientales que favorecen la incidencia hongos, por lo que las aplicaciones fitosanitarias para control de hongos y bacterias van a jugar un rol fundamental esta temporada, sin duda, es recomendable el uso de adherentes para disminuir el lavado.

En el caso de los cítricos y paltos, la etapa de floración es más tardía y el periodo entre floración y cosecha es mucho mayor, por lo que tenemos una ventana más grande para fertilizar. Sin embargo, esta temporada vamos a ver huertos inundados y compactados, condiciones ideales para la Phytophthora spp., disminuye el desarrollo de raíces y genera altos niveles de estrés. 

Es imprescindible hacer salidas de agua para drenar los huertos, monitorear la humedad del perfil de suelo con calicatas para saber cuándo podremos iniciar el riego y fertilización. Los huertos compactados van a requerir manejos mecánicos, aplicación de productos que ayuden a descompactar, uso de materia orgánica, sulfato de calcio y ácidos húmicos para mejorar la estructura y promover el desarrollo de raíces.

La floración de los frutales de hoja persistente también es un periodo crítico, y si continúan las lluvias en esa fecha, van a tener que realizar un control fitosanitario minucioso para evitar la proliferación de hongos en las flores y no ver afectada su producción.

Es una temporada sensible donde no se puede comenzar a regar por calendario. El éxito de esta temporada va a depender de muchos factores, primero hay que hacer un buen diagnóstico, las calicatas van a ser nuestra mejor alidada para monitorear la humedad y el desarrollo de las raíces, la calicata va a indicar cuándo empezar los riegos. El uso de bioestimulantes para disminuir el estrés de las plantas nos ayudará a reactivar el huerto y sin duda, es una buena temporada para el uso de productos biológicos para bajar la carga de inóculos de hongos y bacterias.