La esperanza climática ya tiene respaldo en cifras de 2026: las energías renovables superaron al carbón, la deforestación en la Amazonía tocó su mínimo histórico y varios países de la región apuestan por redes eléctricas casi totalmente renovables.
La esperanza climática dejó de ser un acto de fe y empezó a apoyarse en cifras. Mientras el discurso del colapso inminente domina las redes sociales, los informes de 2026 muestran avances concretos en energía, bosques y biodiversidad. Ninguno resuelve el problema por sí solo, pero en conjunto cambian el panorama.
Las energías renovables toman la delantera
El informe Global Electricity Review 2026, del centro de análisis Ember, reveló que en 2025 las energías renovables (solar, eólica, hidroeléctrica y otras fuentes limpias renovables) superaron al carbón como principal fuente de electricidad del planeta por primera vez en un siglo. Aportaron 33,8% de la generación mundial, frente a 33,0% del carbón. Además, la energía limpia creció lo suficiente para cubrir toda la nueva demanda eléctrica. Por eso la generación con combustibles fósiles bajó 0,2%, en el primer año sin alza desde 2020.
El motor fue la energía solar, que por sí sola cubrió 75% del aumento de la demanda. China e India, dos gigantes del carbón, redujeron su generación fósil, algo que no ocurría en ambos países en un mismo año de este siglo. Estados Unidos también dio una señal: en mayo de 2026 la solar superó al carbón en su matriz eléctrica mensual, con 12,8% frente a 12,2%, según el mismo centro de análisis.
Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado en junio, apunta en la misma dirección. Según el documento, tecnologías como las energías renovables, los vehículos eléctricos y las bombas de calor se acercan a un punto en que su adopción se acelera sola. El texto suma la reducción del desperdicio de alimentos entre las victorias climáticas más rápidas, un tema que toca a toda la cadena agroalimentaria.
Esperanza climática también en Latinoamérica
Según la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), 67% de la electricidad de América Latina y el Caribe provino de fuentes renovables en abril de 2026. Paraguay llegó a 100%, Uruguay a 97%, Costa Rica y Ecuador a 92%, y Colombia a 87%.
Chile, por su parte, publicó su Ruta Energética 2026-2030, que fija como meta alcanzar, en algunos momentos, 100% de generación renovable en el sistema eléctrico. La Agencia Internacional de Energía estima que las energías renovables ya aportan cerca de 70% de la electricidad chilena. Sin embargo, el avance tiene un obstáculo: en 2025 se perdieron más de 6.000 GWh de energía limpia por congestión de la red y recortes de generación. El plan busca resolver ese problema.
El cambio llega también al campo. El gobierno de Yucatán (México) informó la puesta en marcha de 19 sistemas de riego solar en Dzilam González, que modernizan 45 hectáreas y reducen los costos de energía y combustible. Además, anunció 100 millones de pesos para nuevos sistemas de riego durante 2026.
Bosques y fauna muestran señales de recuperación
Brasil registró 3.335 km² de deforestación en la Amazonía entre agosto de 2025 y julio de 2026 (unas 333.500 hectáreas). Es la cifra más baja desde que comenzaron los registros, en 1988, y equivale a cerca de 42% menos que el período anterior, según el instituto espacial INPE. En el Cerrado, una importante frontera agrícola, la tala cayó alrededor de 24% y llegó a 5.517 km², el menor nivel desde 2001.
En biodiversidad, el Informe Planeta Vivo 2026 de WWF confirma que las poblaciones de fauna silvestre cayeron 73% entre 1970 y 2022. Aun así, destaca recuperaciones: los tigres salvajes aumentaron más de 70% en 15 años, y la tortuga verde y el atún rojo del Atlántico dejaron de estar clasificados como especies en peligro. Muchas poblaciones de elefantes africanos, además, se mantienen estables o crecen. Según el estudio, cada recuperación tomó décadas de trabajo sostenido.
Los avances no borran los riesgos
Los especialistas piden no confundir esperanza con complacencia. Johan Rockström, director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, reconoció el avance exponencial de las energías renovables, pero advirtió que hasta ahora cubren sobre todo la demanda adicional y todavía no logran reducir el uso de petróleo, gas y carbón. El calentamiento, además, se acelera, y con él los eventos extremos como las olas de calor y las inundaciones.
Michael Mann, de la Universidad de Pensilvania, sostiene que hoy el mayor riesgo es caer en el catastrofismo, la desesperanza y el desinterés. Las cifras de 2026, entonces, sirven menos para celebrar que para demostrar que la acción funciona cuando se sostiene en el tiempo.
Hay matices también en el agro. En Egipto, un programa de agricultura regenerativa con más de 9.000 pequeños productores emitió más de 120.000 créditos de carbono. Con todo, especialistas en suelos advierten que la medición del carbono almacenado en la tierra todavía es poco consistente, así que conviene leer esos números con cautela.
Los datos de 2026 no anulan la urgencia, pero desmontan la idea de que todo está perdido. Para el agro, que sufre el clima de primera mano y a la vez aporta soluciones, desde el riego solar hasta el cuidado del suelo y la reducción de pérdidas de alimentos, la esperanza climática también es una guía práctica: sirve para decidir dónde invertir y qué esperar.
Ember, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Organización Latinoamericana de Energía, Agencia Internacional de Energía, Energía Estratégica, Al Jazeera, DW, Discover Wildlife, The Associated Press, Quartz, Carbon Pulse y SolarQuarter.
por Juan Lagos
