El futuro de la agricultura se ve sólido en demanda y tecnología: la FAO proyecta que se necesitará cerca de 50 % más producción en 2050. El desafío está en el relevo, porque cada vez hay menos jóvenes trabajando en el sector.

El futuro de la agricultura se discute con una pregunta simple: si el mundo seguirá necesitando productores. Los números dicen que sí. Según un informe reciente de la FAO, para 2050 la agricultura deberá producir cerca de 50 % más alimentos, forraje y fibras que en 2012, para una población que se acerca a 9.700 millones de personas. El mismo documento advierte que se necesitará también un 25 % más de agua dulce.

La FAO sostiene que ese aumento no puede venir solo de usar más tierra o más agua. Los avances deberán llegar de una producción más inteligente y no solo mayor, con mejoras de productividad y uso eficiente de los recursos.

La demanda no es solo una proyección. En 2024, unas 673 millones de personas pasaron hambre, el 8,2 % de la población mundial, y 2.300 millones vivieron inseguridad alimentaria moderada o grave, según el informe SOFI 2025. Además, unos 2.600 millones no pudieron pagar una dieta saludable. La FAO proyecta que 512 millones seguirán desnutridas de forma crónica en 2030. América Latina y el Caribe mejoró: la subalimentación bajó a 5,1 %, unos 34 millones de personas en 2024.

El futuro de la agricultura y el desafío del relevo generacional

El problema aparece en la mano de obra. Un informe de la FAO de julio de 2025 indica que el 44 % de los jóvenes que trabajan depende de los sistemas agroalimentarios, frente a 38 % de los adultos. Pero ese porcentaje era 54 % en 2005. De los 1.300 millones de jóvenes de 15 a 24 años que hay en el mundo, 46 % vive en zonas rurales, y casi 85 % está en países de ingresos bajos y medios bajos.

El peso del empleo juvenil en el sector cambia según el desarrollo de cada país: llega a 82 % en los sistemas agroalimentarios en crisis prolongada y baja a 23 % en los industrializados. A medida que una economía se desarrolla, ganan importancia los empleos fuera del predio, ligados a la cadena agroalimentaria.

La FAO advierte que el acceso limitado a tierra, financiamiento, educación y tecnología debilita el potencial de empleo juvenil del sector. También indica que los jóvenes están más conectados digitalmente que los adultos y que esa ventaja puede ayudar a reengancharlos. Según el organismo, dar empleo a los jóvenes de 20 a 24 años que no estudian ni trabajan podría subir el PIB mundial en 1,4 %, y cerca de 45 % de ese aumento vendría de los sistemas agroalimentarios.

En América Latina, un estudio de la Cepal y Ayuda en Acción, que analiza 16 países, proyecta que más de 1,2 millones de jóvenes de 15 a 29 años dejarían el sector agrícola hasta 2030, mientras 1,8 millones se sumarían a servicios. En Colombia, según Agronegocios, menos de 25 % de los jóvenes vive en el campo y el promedio de edad de los emprendedores rurales está entre 50 y 60 años, según Juan José Botero, gerente general de Agrícola Guacarí. En Europa, el comisario de Agricultura, Christophe Hansen, afirmó en diciembre de 2024 que hay muy pocos agricultores menores de 40 años.

Los países ya buscan respuestas. En Ecuador, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca trabaja con la FAO en Empleo AgroJoven, un programa que ofrece capacitación, acceso a financiamiento e innovación tecnológica. En mayo de 2026, la FAO inició en la región un nuevo ciclo de intercambios sobre relevo generacional y lanzó, junto con el FIDA y Procasur, el concurso Nexus Rural, que premiará 10 soluciones digitales creadas por jóvenes rurales de América Latina y el Caribe.

La tecnología también atrae inversión. Según AgFunder, el financiamiento global en agrifoodtech llegó a 16.200 millones de dólares en 2025, un 3 % menos que el año anterior. Sin embargo, las startups que desarrollan tecnología para el campo, la producción de alimentos y los sistemas biológicos levantaron 9.000 millones, un 7 % más. Los inversionistas se volvieron más selectivos y apuntan a empresas con ciencia comprobable y resultados medibles. En China, la inversión en agrifoodtech subió 43 % y alcanzó 1.200 millones de dólares.

América Latina aparece bien posicionada. La edición 2025-2034 del informe de la OCDE y la FAO prevé que la producción agrícola mundial crezca 14 % hasta 2034. Según Bloomberg Línea, el informe proyecta que la región consolidará su lugar como principal exportador agrícola del mundo.

En Chile, la directora nacional de INDAP contó en La Conversación del Diario Agrícola que pequeños productores de Ñuble ya siembran arroz con dron y que el servicio hará pruebas de siembra de praderas con la misma tecnología.

El futuro de la agricultura no depende solo de que el mundo necesite alimentos, algo que los datos confirman. Depende de que haya quienes los produzcan: jóvenes con acceso a tierra, financiamiento, formación y tecnología. Para el agro, ese es el verdadero desafío de la próxima década.

FAO, SOFI, Cepal, Ayuda en Acción, AgFunder, Global AgInvesting, OCDE, Agronegocios, Primicias, Bloomberg Línea, Anadolu y Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Ecuador

por José Rios