La salud del suelo en el campo podría influir en la salud de los niños a través de los nutrientes, el microbioma y el sistema inmune. Estudios de Estados Unidos, Finlandia, India y otros países respaldan parte de la idea, pero la evidencia directa en niños sigue siendo escasa.
Se dice que lo que ocurre en el suelo termina en la salud de las personas, y la hipótesis se explica en cuatro pasos. Primero, el suelo vivo, con miles de millones de bacterias y hongos, ayuda a las plantas a captar nutrientes como zinc, hierro y fósforo. Segundo, esas condiciones de cultivo influyen en la composición nutricional del alimento: producir más no significa producir alimentos más nutritivos. Tercero, los nutrientes, la fibra y los compuestos vegetales apoyan el sistema inmune y la microbiota intestinal. La salud del suelo tiene respaldo científico en varios de esos pasos, pero la cadena completa, medida en niños, todavía no está demostrada.
Cómo la salud del suelo cambia los nutrientes de los alimentos
El estudio más citado es el de David Montgomery y Anne Biklé, de la Universidad de Washington, publicado en PeerJ en 2022. Compararon ocho pares de predios en Estados Unidos, con prácticas regenerativas (siembra sin labranza, cultivos de cobertura y rotaciones diversas) durante al menos cinco años frente a vecinos convencionales. En promedio, los cultivos regenerativos tuvieron más magnesio, calcio, potasio y zinc, más vitaminas B1, B12, C, E y K y más fitoquímicos. En trigo de Oregón, la diferencia fue de 56 % más zinc y 48 % más calcio. Montgomery reconoce que la mayor crítica es el tamaño de la muestra, y por eso el título dice “preliminar”.
El informe de The Food Foundation, del Reino Unido (noviembre de 2025), coincide en la cautela: la evidencia sobre densidad de nutrientes es menor que la que existe sobre beneficios ambientales, los estudios son pequeños y el vínculo es más fuerte para los fitonutrientes, que no tienen ingestas recomendadas oficiales. Añade que los beneficios podrían perderse al procesar el alimento y que la diversidad de la dieta pesa más que el contenido de un solo producto: comer cinco porciones diarias de frutas y verduras convencionales es mejor que comer dos regenerativas.
Con los minerales, la relación entre suelo y salud está mejor documentada. Alrededor de un tercio de la población mundial está en riesgo de deficiencia de zinc, sobre todo menores de cinco años, según una revisión sobre biofortificación de cereales. En India, casi la mitad de los suelos cultivados tiene poco zinc disponible, y HarvestPlus estima que más de la mitad de los niños menores de cinco años de India y Bangladesh están en riesgo. Finlandia muestra el camino inverso: desde 1984 agrega selenio a los fertilizantes de todo el país y, en dos años, la ingesta se triplicó y el selenio en sangre subió 70 %.
El microbioma, la hipótesis más prometedora y menos probada
El tramo que une el microbioma del suelo con el intestino es el menos sólido. Una perspectiva publicada en Nature Communications en 2025 por Haikun Ma, Deborah Cornadó y Jos Raaijmakers, de Países Bajos, reconoce que la evidencia convincente de un eje suelo, planta e intestino “es escasa”, aunque identifica microorganismos que podrían viajar por ese camino. Proyectos como Soils2Guts, de la Universidad de Leiden y Van Hall Larenstein, buscan comprobar si cultivos de suelos manejados de distinta forma cambian la salud intestinal.
Los indicios más cercanos a los niños tratan del contacto con ambientes naturales, no de la comida. En un estudio de 2016 en el New England Journal of Medicine, el asma afectaba a cerca de 5 % de los niños amish de Estados Unidos, que crecen entre establos y animales, frente a 21,3 % de los hutteritas, que viven de una agricultura industrializada. La prevalencia de asma y de sensibilización alérgica era 4 y 6 veces menor, y el polvo de las casas amish protegió a ratones del asma. Otro estudio, en Finlandia (Science Advances, 2020), instaló piso de bosque y césped en patios de jardines infantiles: tras 28 días, 75 niños tenían microbiota más diversa y señales inmunes más reguladas. Ambos son estudios pequeños, que no prueban causa y efecto.
Lo que todavía no se puede afirmar
Aún faltan estudios grandes en humanos que sigan a niños que consumen alimentos de suelos regenerativos y midan su salud. The Food Foundation concluye que sostener el caso de estas prácticas por sus beneficios para la salud “sigue siendo difícil” y que hace falta más investigación, con mejores métodos para medir los nutrientes. También advierte del riesgo de usar la imagen saludable para vender alimentos que no lo son.
Para los productores, la salud del suelo ya tiene argumentos propios en agua, carbono y resiliencia, y el vínculo con la salud humana es una hipótesis con indicios que se está investigando en varios países. Lo que sí resiste el análisis es una idea más modesta: lo que ocurre en el campo influye en lo que llega al plato, y vale la pena medirlo.
PeerJ, Universidad de Washington, The Food Foundation, Nature Communications, Universidad de Leiden, New England Journal of Medicine, Universidad de Arizona, Science Advances, HarvestPlus, Royal Society of Chemistry y Luke.
por Juan Lagos
