Culta combina inteligencia artificial, datos genómicos y ambientes controlados para acelerar el mejoramiento genético clásico de frutas, sin recurrir a la edición de genes. La startup japonesa ya redujo de 10 a 2 años el desarrollo de una nueva variedad de frutilla, y ahora busca replicar su modelo de negocio en Australia, Estados Unidos y Europa.

El mejoramiento genético de frutas es, tradicionalmente, un proceso lento: cruzar variedades, esperar varias temporadas para ver los resultados, seleccionar los mejores ejemplares y repetir el ciclo durante años. La startup japonesa Culta decidió atacar ese cuello de botella con inteligencia artificial, sin recurrir a la edición genética, y en el camino construyó un modelo de negocio que ya genera ingresos vendiendo fruta de marca propia en Asia. Ahora busca dar el salto a mercados mucho más grandes y competitivos.

Cómo funciona el “fast breeding” con inteligencia artificial

Culta fue fundada en 2017 por Shuhei Noaki, cuando todavía era estudiante de posgrado en la Universidad de Tokio, combinando su formación en análisis de imágenes con su experiencia trabajando junto a productores de frutilla y en el mercado mayorista central de Tokio.

La tecnología de la empresa usa inteligencia artificial y machine learning para analizar correlaciones entre datos genómicos y datos fenotípicos (las características físicas observables de una planta), con el objetivo de identificar qué parentales tienen más probabilidades de producir una buena combinación al cruzarse. Es un punto clave: la información genómica no se usa para editar genes, sino para predecir el fenotipo resultante y guiar mejor los cruces convencionales, lo que evita las barreras regulatorias y el rechazo del consumidor asociados a los cultivos transgénicos o editados genéticamente.

Ese análisis de datos se combina con ambientes controlados bajo techo, que le permiten a Culta correr tres ciclos de mejoramiento de frutilla al año, frente a un único ciclo posible en condiciones de campo abierto en Japón. El resultado, según la propia empresa, son ciclos de desarrollo de variedades al menos cinco veces más rápidos que los métodos convencionales, reduciendo el tiempo típico de desarrollo de una nueva variedad de frutilla de unos 10 años a solo 2.

Un modelo de negocio inspirado en Zespri

Más allá de la tecnología, lo que distingue a Culta es su modelo comercial: no vende semillas ni licencias sueltas, sino que opera un esquema verticalmente integrado. La empresa desarrolla variedades propias, las licencia a 36 productores bajo contrato que reciben apoyo agronómico de la compañía, y luego les compra de vuelta el 100% de la cosecha para comercializarla bajo sus propias marcas en Japón y el sudeste asiático.

“Estamos aplicando el tipo de modelos de negocio verticalmente integrados que desarrollaron Zespri y Driscoll’s“, explicó Noaki, en referencia a la cooperativa neozelandesa que domina el mercado global del kiwi y a la compañía estadounidense líder en berries. Ese modelo también le da a Culta algo más valioso que la fruta misma: datos de cultivo recolectados en ambientes de producción muy diversos, que se retroalimentan a su base de datos propia de variedades, un activo que Noaki describe como “extremadamente difícil de replicar”. La empresa incluso está probando el uso de modelos de lenguaje (LLM) para automatizar parte del soporte agronómico que entrega a sus productores.

Frutillas más firmes, más dulces y con temporadas más largas

El cambio climático fue uno de los motores detrás de la primera apuesta de Culta. Según Noaki, Japón solía poder despachar frutillas desde diciembre hasta junio, pero hoy le cuesta vender más allá de abril, porque las primaveras más calurosas acortaron la temporada tradicional del cultivo.

La respuesta de la empresa fue su variedad insignia, SAKURA DROPS, capaz de tolerar mejor el calor de comienzos de primavera y despachable hasta junio. Según datos de la compañía, esta variedad rinde 1,4 veces más y tiene 1,3 veces más grados Brix (contenido de azúcar) que Benihoppe, la variedad japonesa líder del mercado. También es 1,4 veces más firme, lo que extiende su vida útil y permite cosechar la fruta completamente madura y transportarla manteniendo su calidad por más de 10 días. La marca se vende en cadenas minoristas de alta gama en Singapur y Malasia a S$20 (unos US$16) por paquete.

Culta también comercializó recientemente variedades de frutilla blanca, con mejor dulzor, rendimiento y resistencia a enfermedades, pensadas para los mercados de China y el sudeste asiático, donde la fruta blanca es popular en el segmento de regalos premium pero históricamente había quedado atrás de las variedades rojas en sabor y desempeño.

De las frutillas a las uvas, manzanas, café y cacao

El plan de expansión de cultivos ya está en marcha. Culta comenzó el año pasado a trabajar en el mejoramiento de uvas de mesa y manzanas, con el objetivo de lanzar nuevas variedades de ambos cultivos hacia 2030, y ya tiene programas en etapa inicial para café y cacao. Según Noaki, los veranos cada vez más calurosos están afectando la coloración de las uvas japonesas, mientras que la producción de manzanas se vuelve más difícil incluso en el norte del país, con una oferta que se reduce por el cambio climático.

Los árboles frutales representan un desafío mayor para el enfoque de “mejoramiento rápido” de Culta, ya que no se adaptan tan fácilmente al cultivo bajo techo como las frutillas. Aun así, la empresa está experimentando con cultivarlos en interiores para comprimir sus ciclos de mejoramiento. Culta también lleva cuatro años en una colaboración con la cervecera Kirin para desarrollar lúpulo tolerante al calor, un cultivo que tradicionalmente no se produce bajo techo. Según Noaki, ya lograron la floración en dos años y desde entonces comenzaron con los cruces.

Por qué eligió el mejoramiento genético clásico y no la edición de genes

Aunque Culta cuenta con experiencia interna en biotecnología, Noaki explicó que los rasgos que la empresa busca mejorar, como el rendimiento y el nivel de azúcar, están influenciados por una gran cantidad de genes en lugar de un solo blanco genético puntual, lo que los hace difíciles de abordar con edición genética. A eso se suma que la frutilla es una especie octoploide (con ocho juegos de cromosomas), lo que añade una complejidad adicional para cualquier intento de edición precisa.

El próximo desafío: probar el modelo fuera de Asia

Culta cerró en abril de 2026 una ronda pre-Serie A de 700 millones de yenes (unos US$4,5 millones). Con esos fondos, la empresa apunta a fortalecer la marca SAKURA DROPS en Japón y el sudeste asiático, establecer nuevas instalaciones de producción internacionales y seguir desarrollando nuevas variedades de frutilla.

La verdadera prueba, sin embargo, será si un modelo de mejoramiento y venta de fruta de marca desarrollado en Asia puede funcionar en mercados completamente distintos. La compañía ya planea iniciar producción de frutilla en Australia para abastecer al mercado asiático, y evalúa además comenzar a producir en Estados Unidos y Europa, dos de los mercados de frutilla más grandes del mundo, pero con un perfil de sabor muy distinto al que buscan replicar las variedades japonesas. Culta apunta a alcanzar 30.000 millones de yenes (unos US$195 millones) en ingresos hacia 2032, una meta que dependerá en gran medida de si logra exportar no solo sus semillas, sino todo su modelo de negocio.

Fuentes: AgFunderNews, FreshPlaza, Agroempresario, El Ecosistema Startup, JStories, Preqin, ikigaifruits.com.

por Juan Lagos