Bajo tierra, en la mayoría de los suelos agrícolas del mundo, existe una relación biológica que la industria de bioinsumos ha empezado a llamar la “reina de los biológicos”: la simbiosis entre las raíces de las plantas y los hongos micorrízicos. Una empresa israelí, Groundwork BioAg, construyó todo un negocio a partir de esa relación, desarrollando un inoculante capaz de mejorar significativamente la absorción de nutrientes de los cultivos sin necesidad de aumentar el uso de fertilizantes.

Una simbiosis que existe desde hace 400 millones de años

Los hongos micorrízicos forman una asociación con las raíces de cerca del 90% de todas las especies vegetales del planeta, una relación que, según los propios investigadores de la compañía, ha existido durante más de 400 millones de años. El hongo extiende físicamente la zona de absorción de la raíz —según Groundwork BioAg, hasta 100 veces su tamaño original— y actúa como una red que le permite a la planta acceder a nutrientes que de otra forma quedarían fuera de su alcance, especialmente fósforo, un macronutriente que tiende a quedar químicamente atrapado en el suelo y resulta difícil de absorber para las raíces por sí solas.

El problema es que décadas de prácticas agrícolas intensivas han agotado las poblaciones naturales de estos hongos en buena parte de los suelos cultivados del mundo, lo que llevó a Groundwork BioAg a desarrollar cepas propias, originadas en las duras condiciones del desierto israelí, a través de más de treinta años de investigación que comenzaron en el reconocido Instituto Volcani de Israel.

Lo que muestran los ensayos de campo

Groundwork BioAg comercializa su producto bajo la marca Rootella, y sus resultados en ensayos de campo, aunque variables según el cultivo, la región y las condiciones del suelo, muestran mejoras consistentes. En pruebas conjuntas con Marrone Bio Innovations en distintos estados del medio oeste estadounidense, la soya tratada con Rootella mostró incrementos de hasta 19% en su rendimiento, el maíz hasta 30%, y las lentejas hasta 33%. En Brasil, donde Rootella BR se convirtió en el primer inoculante micorrízico registrado comercialmente en el país, los ensayos en seis sitios distintos mostraron aumentos de rendimiento superiores al 11% en todos los tratamientos, tanto en maíz como en soya, con un impacto aún mayor bajo regímenes de fertilización reducida con fósforo.

Es importante ser precisos sobre el alcance real de estos resultados: no se trata de que el producto “duplique” mecánicamente la absorción de nutrientes en todos los casos, sino que, según reporta la propia compañía, permite reducir hasta un 50% el uso de fertilizante fosfatado en ciertas condiciones, sin sacrificar el rendimiento del cultivo, además de mejorar la tolerancia de las plantas a condiciones de estrés como sequía, salinidad o suelos ácidos.

Un negocio que también apunta al carbono

Groundwork BioAg amplió su modelo de negocio más allá de la venta de inoculantes. Este año, la compañía anunció una colaboración con Anew Climate para comercializar cerca de 500.000 toneladas de créditos de carbono verificados, generados a través de la capacidad de estos hongos micorrízicos para secuestrar carbono de forma permanente en el suelo, bajo el estándar Verra VM0042. Según la propia empresa, en suelos no cultivados estos hongos secuestran naturalmente cerca de 13,1 gigatoneladas de carbono al año, un potencial que hoy busca capitalizar como una fuente adicional de ingresos para los agricultores que adoptan la tecnología.

Una pieza más del rompecabezas de los bioinsumos

El caso de Groundwork BioAg es un ejemplo concreto de una tendencia que ya cubrimos antes en este espacio: el crecimiento sostenido del mercado de bioinsumos a nivel mundial, impulsado por la necesidad de reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos sin sacrificar productividad. Con presencia comercial hoy en Estados Unidos, Brasil, India, Canadá, Europa y, más recientemente, China, la apuesta de esta compañía israelí ilustra cómo un hongo que existe desde hace cientos de millones de años puede convertirse, con la tecnología adecuada, en una herramienta clave para la agricultura del siglo XXI.

Fuentes: Groundwork BioAg, Bridges Fund Management, AgroPages, BioSpace/GlobeNewswire, PR Newswire, LinkedIn (Groundwork BioAg).

por Juan Lagos