Durante años, el bienestar se asoció a retiros de lujo, suplementos caros y rutinas de gimnasio. Hoy, una nueva generación de creadoras de contenido está redefiniendo ese concepto desde un lugar mucho más simple: la vida fuera de la ciudad, el contacto con la tierra y la autosuficiencia del día a día.
Cuando el bienestar se muda al campo
El concepto de wellness —bienestar integral, físico y mental— atraviesa hoy una transformación evidente. Ya no se trata solo de rutinas de meditación o dietas restrictivas, sino de un estilo de vida completo que prioriza el ritmo lento, la producción propia de alimentos y remedios, y la distancia física respecto al estrés urbano. La economía global del bienestar ya está valuada en más de US$4,5 billones, y dentro de ese universo, la vida rural se consolidó como una de las categorías de mayor crecimiento en plataformas como Instagram y TikTok.
Historias que muestran cómo se ve esto en la práctica
En Chile, un ejemplo de esta tendencia es Fernanda Undurraga (@fernandaundurraga), madre de tres hijos que vive en el sur del país y que construyó una comunidad de cerca de 59.300 seguidores enseñando lo que ella misma describe en su biografía como el camino hacia ser “más autosuficiente”: elaboración de cosméticos naturales, un hogar libre de tóxicos y remedios caseros. Undurraga es además creadora de @tallow_and_me, una marca propia derivada de ese mismo enfoque hacia el cuidado natural de la piel.
El fenómeno no es exclusivo de Chile. En Suecia, Victoria Oderland documenta desde su propiedad, Villa Ölmanäs, lo que describe como una “vida simple y lenta de campo a través de las estaciones”, sumando cerca de 29.000 seguidores interesados en la simplicidad, la vida en el campo y la decoración minimalista. En Austria, otras creadoras muestran de forma similar su día a día en la campiña, combinando la crianza de sus hijos con una filosofía de pausas conscientes y momentos simples, desde una caminata por el bosque hasta una taza de café frente a la ventana.
Por qué esta tendencia crece justo ahora
Detrás de este giro hay un cansancio compartido: la sobreexposición digital, el ritmo acelerado de las grandes ciudades y una desconfianza creciente hacia los productos industriales terminaron empujando a millones de personas a buscar referentes que muestren, con sus propias manos, cómo se hace un jabón, cómo se cultiva una verdura o cómo se prepara un remedio casero. A diferencia del wellness tradicional, más centrado en el consumo de productos y servicios, esta versión rural del bienestar se apoya en la producción propia y en la reducción deliberada de la dependencia de lo industrial, una idea que conecta directamente con la creciente evidencia científica sobre los beneficios del contacto con la naturaleza para la salud física y mental, tanto en la infancia como en la vida adulta.
Un fenómeno que ya tiene ecos globales
Esta búsqueda de simplicidad rural no ocurre de forma aislada: se inscribe dentro de una tendencia cultural mucho más amplia, la misma que ya llevó a distintos fenómenos digitales a acumular millones de seguidores mostrando su propia vida en el campo, y la misma que impulsa hoy el auge mundial de las escuelas bosque, la agricultura de precisión a pequeña escala y el consumo de alimentos mínimamente procesados. Lo que distingue a esta nueva generación de creadoras de wellness rural es que no venden una experiencia puntual de desconexión, sino un estilo de vida sostenido en el tiempo, documentado con la misma constancia con la que antes se documentaban rutinas de gimnasio o recetas de comida saludable.
Lo que viene
Con audiencias que ya suman cientos de miles de seguidores en distintos países, y una economía del bienestar que sigue expandiéndose a nivel global, todo indica que esta versión más simple y rural del wellness seguirá ganando terreno frente al modelo tradicional de spas, suplementos y rutinas de alto costo, apostando en cambio por algo mucho más antiguo: hacer las cosas con las propias manos, en un ritmo más lento y más cerca de la tierra.
por Juan Lagos
