Todo comenzó con Jada, una Rottweiler con problemas estomacales crónicos que ningún alimento comercial lograba resolver. Una década después, la empresa que nació de esa frustración —The Farmer’s Dog— superó los 1.000 millones de comidas entregadas y acaba de llegar a las góndolas de Walmart, el minorista más grande del mundo.

El origen: una mascota enferma y una cocina casera

The Farmer’s Dog fue fundada en 2015 por Brett Podolsky y Jonathan Regev, luego de que el veterinario de la Rottweiler de Podolsky, Jada, recomendara cambiar su dieta a comida casera para tratar problemas digestivos crónicos que arrastraba desde cachorra. Podolsky ya había probado numerosas marcas comerciales sin éxito, pero cuando comenzó a cocinarle él mismo cada comida, el cuadro de la perra mejoró. Esa experiencia los llevó a investigar más a fondo la industria del alimento para mascotas, y lo que encontraron los sorprendió: pese a que todo el marketing del sector giraba en torno a palabras como “real” y “natural”, el contenido real de las bolsas seguía siendo, según explicaron ambos fundadores a TechCrunch, “la misma comida altamente procesada y misteriosa, dejada en el estante durante uno o dos años”.

De esa frustración nació la idea central del negocio: si cada perro come básicamente lo mismo todos los días, ¿por qué no crear un plan de alimentación por suscripción, personalizado para cada mascota según su tamaño, edad y condición de salud? Con ese modelo, la compañía comenzó a preparar comida mínimamente procesada, con ingredientes reconocibles a simple vista, en lugar de los piensos industriales tradicionales.

De una ronda de US$8,1 millones a mil millones de comidas servidas

En 2017, apenas dos años después de su fundación, The Farmer’s Dog ya había entregado más de un millón de comidas y cerró una ronda de inversión Serie A por US$8,1 millones, liderada por Shasta Ventures —el mismo fondo detrás de éxitos como Dollar Shave Club y Warby Parker— con la participación de Forerunner Ventures, Collaborative Fund y SV Angel, elevando su capital total recaudado a US$10,1 millones en ese momento. Casi una década después, la escala del negocio cambió por completo: según confirmó la propia empresa, hoy ya superó las 1.000 millones de comidas entregadas desde su fundación, consolidándose como una de las marcas que impulsó un cambio de fondo en la manera en que los estadounidenses alimentan a sus mascotas, alejándose de las opciones altamente procesadas hacia alimentos mínimamente procesados y de calidad apta para consumo humano.

El salto a Walmart

El hito más reciente de la compañía se anunció el 24 de marzo de 2026: The Farmer’s Dog confirmó su primer desembarco en el comercio minorista físico y digital a través de Walmart, ampliando su modelo de negocio más allá del canal directo al consumidor que había sostenido desde sus orígenes. El CEO y cofundador, Jonathan Regev, explicó el sentido de la alianza: “empezamos The Farmer’s Dog porque vimos lo que la comida real podía hacer por los perros, y una vez que lo ves, no puedes dejar de verlo”, señaló, agregando que Walmart llega a más familias estadounidenses que casi cualquier otra empresa del planeta, lo que les permitirá “encontrar a millones de dueños de perros justo donde ya están”.

Un mercado que no deja de crecer

El salto de The Farmer’s Dog ocurre dentro de una industria que ya movía cerca de US$70.000 millones a nivel mundial en ventas minoristas hacia 2015 —de los cuales US$24.000 millones correspondían solo a Estados Unidos— un sector considerado relativamente resistente a las recesiones económicas, dado que los dueños de mascotas tienden a mantener ese gasto incluso cuando recortan otros. Dentro de ese mercado, The Farmer’s Dog no está sola: compañías como The Pets Table, una subsidiaria de HelloFresh fundada por tres empleados dueños de perros, compiten con una propuesta similar de comida fresca y personalizada, también disponible a través de Walmart y otros socios minoristas.

Lo que viene

Con más de mil millones de comidas ya entregadas y su primer ingreso al comercio minorista físico recién concretado, The Farmer’s Dog se perfila como uno de los casos más citados de cómo una frustración personal con la industria alimentaria puede convertirse, en poco más de una década, en un actor capaz de negociar directamente con el minorista más grande del planeta.

por José Rios