Lo que comenzó como una estación gubernamental de investigación agrícola se transformó, décadas después, en una de las atracciones agroturísticas más visitadas de la costa este de Australia. Tropical Fruit World, ubicada en el valle de Tweed, en Nueva Gales del Sur, recibe hoy hasta 100.000 visitantes al año y factura US$22 millones anuales combinando turismo, gastronomía y venta directa de fruta.

De estación estatal a “Avocadoland”

El predio donde hoy opera Tropical Fruit World comenzó su historia como una estación gubernamental de investigación agrícola, antes de que los actuales propietarios lo adquirieran durante la década de 1970 y lo convirtieran en un huerto familiar privado. La marca formal nació en 1983 bajo el nombre de “Avocadoland” —de ahí que hasta hoy el ícono del lugar sea un gigantesco avocado de cemento visible desde la carretera— antes de expandirse hacia el concepto mucho más amplio que representa actualmente: una granja comercial de frutas exóticas y parque de investigación, con más de 500 variedades de frutas tropicales y exóticas cultivadas en un mismo predio de 200 acres (cerca de 80 hectáreas), a solo 20 minutos del aeropuerto de Gold Coast.

Cómo funciona el negocio hoy

La propuesta central de Tropical Fruit World combina turismo agrícola con producción comercial real. Los visitantes recorren la plantación en un tren remolcado por tractor, participan de una degustación de frutas, un paseo en bote por la zona de vida silvestre, un parque de fauna con canguros y emúes, juegos infantiles y una introducción a la cultura gastronómica aborigen australiana (bush tucker). El recorrido completo dura entre dos y dos horas y media, e incluye además una cafetería que sirve platos elaborados con la propia fruta de la granja —desde nachos de yaca hasta cheesecake de pitahaya— una tienda de regalos y una línea propia de productos elaborados con fruta local, entre ellos una gama de cosmética a base de aceite de palta.

Según cifras de la propia compañía, el negocio genera hoy ingresos anuales por US$22 millones, bajo la dirección de su gerente general, Aymon Gow. Más allá del circuito turístico, la granja mantiene una operación comercial paralela: un vivero de árboles frutales y una instalación propia de distribución que abastece con fruta tropical fresca y deshidratada al mercado mayorista interestatal, es decir, la venta de entradas turísticas convive con un negocio agrícola de exportación mucho menos visible para el visitante promedio.

Un modelo que ya lleva más de 30 años funcionando

Tropical Fruit World celebra ya más de tres décadas dentro de la industria turística de la región Tweed/Gold Coast, un período en el que se transformó en pionera del desarrollo de atracciones de esparcimiento regional en esa zona de Nueva Gales del Sur, con foco específico en los segmentos de gastronomía, bienestar y turismo de naturaleza. El propio negocio recibe reconocimientos periódicos como atracción turística premiada, y mantiene una fuerte estacionalidad promocional: durante el invierno austral de 2026, por ejemplo, la empresa ofreció descuentos de hasta 30% en sus experiencias guiadas para atraer visitantes fuera de la temporada alta.

Por qué este modelo importa más allá del turismo

El caso de Tropical Fruit World ilustra un fenómeno que ya identificamos como tendencia global en Diario Agrícola: la creciente demanda de experiencias que conectan al público urbano con la producción real de alimentos, la misma lógica de fondo que explica el boom del agroturismo a nivel mundial. La diferencia en este caso es la escala y la antigüedad del modelo: mientras buena parte del fenómeno agroturístico actual se explica por el auge reciente de las redes sociales, Tropical Fruit World construyó su negocio durante más de cuatro décadas, demostrando que la combinación de producción agrícola real, experiencia turística curada y venta directa de productos puede sostenerse como negocio de largo plazo, mucho antes de que el término “agroturismo” se popularizara.

Lo que viene

Con un modelo de negocio que ya combina exitosamente producción, distribución mayorista y turismo experiencial, Tropical Fruit World se perfila como un caso de referencia para productores agrícolas de otras regiones del mundo que evalúan diversificar sus ingresos hacia el turismo sin abandonar su actividad productiva central, en un momento en que la demanda global por experiencias de este tipo —ya documentada en distintos mercados, incluido el chileno— sigue en expansión.

por Juan Lagos