A pocos minutos de Santiago, en Av. La Dehesa, Lo Barnechea, Sandek Stables combina clases de equitación y terapia asistida con caballos bajo un enfoque propio que llaman equitación emocional. Detrás de la escuela de equitación están Marie Louise Clark, veterinaria y terapeuta con estudios de doctorado en neurociencia, y su hija Paula Llorens, quien transformó la pasión familiar en una escuela que hoy recibe a cerca de 150 niños de forma regular. En esta conversación con Diario Agrícola, madre e hija cuentan cómo nació este proyecto, qué es la equitación emocional, y qué han visto cambiar en los niños que pasan por ahí.
¿De dónde viene esta cercanía con los caballos, y cómo nace Sandek Stables?
Marie Louise: Yo nací en Bélgica, y ya de chica pedía el caballo de la Barbie en vez de la Barbie misma, sin tener ningún contacto con caballos todavía. A los ocho años nos vinimos a Chile, llegamos a un campo que se llamaba Lo Campino, y ahí me encontré con los caballos: tuve mi propio caballo y desde entonces siempre estuvieron presentes. Estudié veterinaria, me casé, tuve hijos, me separé, y en medio de todo eso los caballos me volvieron a llamar. Empecé haciendo clases a niñas muy chicas que estaban con los caballos de lunes a sábado, y ahí se fue armando esto a nivel familiar: en mi casa se habla y se respira caballo. Con el tiempo me fui especializando en terapia, hasta hacer un doctorado en neurociencia.
Paula Llorens: Cuando yo salgo de la universidad, con un perfil más de negocios, le propongo a mi mamá armar esto de forma más estructurada. Empezamos con los dos caballos que ella ya usaba para clases, probamos dos días a la semana, una hora al día: se llenó. Pasamos a dos horas diarias, todos los días: se llenó de nuevo. Compré un tercer caballo, y otra vez cupo lleno. En un momento le dije a mi mamá que tenía demasiada demanda y necesitaba ayuda; ella propuso que hiciéramos esto juntas, duplicando. Partimos con seis caballos, todos los cupos llenos, y hoy tenemos nueve caballos de escuela.
En paralelo, mientras mi mamá terminaba de especializarse, la parte de terapia también fue creciendo con fuerza: en uno de los primeros años de la escuela tuvimos incluso un homeschooling en el establo para niños con dislexia escolar, guiado por ella, como un colegio dentro del mismo espacio.
¿Qué es la equitación emocional, y en qué se diferencia de una clase de equitación tradicional?
Paula Llorens: Nuestro gran diferenciador es que las clases van al ritmo del niño, no el niño a la exigencia del plan de clase de ese día. Uno llega con una planificación, pero no sabe si ese niño durmió mal, está angustiado o tuvo un mal día en el colegio, así que hay que adaptarse. Tampoco pedimos diagnósticos para entrar: decimos equitación emocional, y llegan niños con desborde emocional, TEA, síndrome de Down, dificultades de habla. Nosotras los evaluamos en clase: si el niño puede montar, se queda, más allá de cuál sea su diagnóstico.
¿Qué transformaciones han visto en los niños a lo largo del proceso?
Marie Louise: Lo que aprende el niño es que existe un lenguaje corporal, y que la fuerza no viene de la musculatura, sino de una decisión interna. Hemos visto niños con rigidez muscular por alguna condición genética, que el primer día ni siquiera podían pasar la pierna al otro lado del caballo, y hoy galopan solos. Niñas que llegaban sin hablar, para quienes se recomendaba más fonoaudiología o terapia ocupacional, y que con seguridad personal y regulación emocional hoy hablan con total normalidad.
También trabajamos mucho con niños que sufren bullying. Ahí entendemos que el problema no es que el niño “tenga algo”, sino que un grupo pierde la capacidad de tolerar su propia vulnerabilidad y termina atacando a alguien, casi al azar. Cuando ese niño empieza a dirigir a un animal de cuatrocientos kilos —diez veces su propio peso—, entiende que tiene una entereza interna real, que no se trata de ser más violento, sino de tener la certeza de hasta dónde llega su propio límite. Los caballos, además, son animales muy perceptivos —tienen más desarrollado el lóbulo parietal, el de la percepción— y leen al niño casi de inmediato: empiezan a espejear lo que le está pasando, y ahí arranca todo el proceso.
¿Cómo funcionan las dos líneas de trabajo, terapia y clases, y cuál es el alcance de Sandek hoy?
Paula Llorens: Tenemos las dos líneas, terapia y clases, y depende de lo que busque cada familia. Pero nuestro objetivo no es que un niño esté eternamente en terapia: la idea es que empiece ahí, se regule, y después pueda pasar a clases, donde el caballo sigue haciendo su trabajo con él. De hecho, tenemos niños que llegaron a clases normales o a terapia y hoy compiten en nuestro propio equipo de enduro, con su caballo, su grupo de amigos y toda una vida armada en torno a esto.
Hoy tenemos nueve caballos de escuela y alrededor de 150 alumnos activos —este año ya hemos recibido cerca de 250 en total, aunque el número rota según la temporada—. Tenemos clases de lunes a sábado, con los cupos prácticamente siempre llenos.
¿Por qué creen que este tipo de terapia ha crecido tanto a nivel mundial, y cómo ven el futuro de Sandek?
Marie Louise: Creo que a nivel mundial los niños se cansaron de las terapias de solo sentarse a hablar; hay un sobrediagnóstico de muchas condiciones. Lo que realmente vemos es que las funciones ejecutivas de los niños están deterioradas por el uso constante de tecnología: iPad, celular, videojuegos, redes sociales, todo el día. Y lo que trabaja el caballo son justamente esas funciones ejecutivas: control de impulso, flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo. La tecnología va a seguir estando presente, es parte de la vida, pero esto funciona como un contrapeso necesario.
Paula Llorens: De cara al futuro, nuestro foco sigue siendo ayudar a los niños, no crecer de forma masiva, porque ahí se pierde el control y la mirada que nos caracteriza —de hecho, es difícil encontrar gente que siga exactamente nuestra misma línea de trabajo—. Sí queremos seguir expandiéndonos, pero de a poco: mis hermanas se están preparando para abrir nuevas líneas, como constelaciones con caballos e hipoterapia con kinesiólogo. Cada niño que llega lo conocemos por nombre, no es un número, y evaluamos semana a semana cómo está, con feedback directo a las mamás.
Marie Louise: Y es un negocio completamente familiar. Somos cuatro hermanas, y esto se conversa en las comidas, en el día a día: cómo montó tal niño, cómo está tal caballo, cómo ayudamos a este otro. No es que se trabaje en el establo y cada una se vaya por su lado; el establo se nutre todo el tiempo, porque al final esto es nuestra pasión.
Paula Llorens: Y además trabajamos con caballos, no con un computador: cada uno tiene su propia personalidad, sus días buenos y malos, hay días en que están cansados o más irritables. Uno tiene que estar leyendo todo el tiempo al caballo, al niño y a la clase completa; no se puede llegar y tratar a todos los caballos como si fueran iguales, porque no lo son.
por Cristián Valenzuela
