Desde el 28 de febrero, el paso estratégico estuvo casi completamente cerrado. Hoy vuelven a cruzar los primeros buques, pero el daño al mercado de fertilizantes ya está hecho.


Cuatro meses de bloqueo en el Estrecho de Ormuz dejaron a la agricultura mundial sin acceso a entre el 20% y el 30% de los fertilizantes que normalmente transitan por esa ruta cada año. Hoy, con un acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán recién firmado, los primeros buques volvieron a cruzar el estrecho, pero los mercados de fertilizantes ya acumulan alzas de hasta 37% y los expertos advierten que la normalización del suministro tardará meses.


Cómo comenzó todo

El 28 de febrero de 2026, Israel y Estados Unidos lanzaron ataques aéreos contra Irán, en el marco de un conflicto que venía escalando desde el fracaso de negociaciones nucleares en Ginebra. Teherán respondió con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en la región, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica declaró el cierre del Estrecho de Ormuz, colocó minas marinas y comenzó a abordar y atacar embarcaciones comerciales que intentaban cruzar.

El impacto fue inmediato. El estrecho es la ruta por la que transita aproximadamente el 25% del comercio mundial de petróleo por vía marítima, el 20% del gas natural licuado y, según distintos organismos internacionales, entre el 20% y el 30% de los fertilizantes que se comercializan globalmente, incluidos urea, amoníaco, fosfatos y azufre.


El peso agrícola del estrecho

El Golfo Pérsico concentra una parte significativa de la producción mundial de insumos agrícolas. En la última década, esa región representó entre el 30% y el 35% de las exportaciones mundiales de urea y entre el 20% y el 30% del amoníaco. Cuando el bloqueo cerró la salida, esa oferta quedó encerrada.

En los días siguientes al cierre, las navieras comenzaron a reportar que decenas de buques cargados con fertilizantes no podían salir del Golfo Pérsico. A mediados de mayo, la Organización Marítima Internacional (OMI) informó que cerca de 1.500 embarcaciones y 20.000 tripulantes permanecían atrapados, con más de treinta buques atacados y diez marinos muertos desde el inicio de la crisis.


La alarma de la FAO y la ONU

En abril, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitió una advertencia directa: si el bloqueo no se resolvía con rapidez, más de 45 millones de personas podrían enfrentar hambre severa o inseguridad alimentaria, y el mercado tardaría al menos cuatro meses en recuperar la normalidad en el suministro de fertilizantes.

El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, fue categórico al señalar que lo último que querría ver la agencia era una menor producción agrícola, un alza en los precios de los productos básicos y mayor inflación alimentaria para el año siguiente. La FAO instó a los países a tomar acciones anticipatorias, especialmente para aquellos con ciclos de siembra que ya habían comenzado.

El impacto en los precios fue rápido. La urea de Oriente Medio acumuló un alza de 37%, mientras que el fosfato diamónico (DAP) en Estados Unidos subió un 5%. Una encuesta de la Federación Americana de la Agencia Agrícola reveló que el 70% de los agricultores estadounidenses no podían costear la totalidad del fertilizante que necesitaban para la temporada 2026.


Los intentos fallidos de reapertura

Durante marzo y abril se sucedieron varios intentos parciales. El 27 de marzo, Irán accedió a una petición de la ONU para permitir el paso de cargamentos humanitarios y de fertilizantes, en un esfuerzo por aliviar la presión sobre países con siembras en curso. Sin embargo, la aplicación efectiva fue limitada.

El 13 de abril, mientras Irán mantenía sus restricciones, Estados Unidos impuso su propio bloqueo sobre los puertos iraníes, generando un doble cierre que agravó aún más la situación logística global. A principios de mayo, Trump lanzó la Operación Proyecto Libertad, una misión naval para escoltar embarcaciones mercantes fuera del Golfo, que fue pausada días después ante lo que la Casa Blanca describió como grandes avances en las negociaciones.

El 10 de junio, tras el estancamiento de las conversaciones, Trump anunció una nueva ofensiva militar contra Irán, y Teherán respondió declarando el cierre total del estrecho, amenazando con atacar cualquier buque que intentara cruzarlo.


El acuerdo del 17 de junio y la situación actual

El 17 de junio, en el marco de la cumbre del G7 celebrada en el Palacio de Versalles, Trump y el presidente iraní Masud Pezeshkián firmaron un memorando de entendimiento para poner fin al conflicto. El acuerdo establece una tregua de 60 días, durante la cual se negociarán los términos definitivos, incluyendo el programa nuclear iraní y la creación de un fondo de reconstrucción.

Al día siguiente, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó el levantamiento del bloqueo naval sobre los puertos iraníes. El 19 de junio, los primeros superpetroleros saudíes cruzaron el estrecho desde el inicio de la guerra —los buques Shaden, Jaham y Awtad, de la naviera estatal Bahri—, junto a un gasero de Qatar y un petrolero chino.

En los días posteriores, el tráfico marítimo registró su mayor actividad en dos meses: 25 buques comerciales cruzaron el estrecho en un solo día, más del triple del promedio diario registrado desde marzo. Sin embargo, la situación dista de haberse normalizado. Irán exige que todas las embarcaciones soliciten autorización con al menos 48 horas de anticipación, y la Armada de Pakistán emitió una alerta por la presencia de minas cerca de la costa de Omán. Además, se reportó que Irán perdió el rastro de parte de las minas que colocó durante el conflicto, lo que dificulta la reapertura completa de la vía.


Las consecuencias que se vienen para la agricultura

El daño inmediato al suministro ya es un hecho. El ciclo agrícola 2026-27, cuyas siembras de granos comienzan normalmente en septiembre en el Hemisferio Norte, llegará con fertilizantes más caros y cadenas de suministro aún en recuperación. Los países de África Occidental, altamente dependientes de urea y fosfatos importados, enfrentan los mayores riesgos de escasez.

Para América Latina, el escenario se traduce en mayores costos de insumos en un período clave. La FAO estima que los precios globales de fertilizantes podrían registrar un alza promedio del 20% en 2026, añadiendo presión a productores que ya operaban con márgenes ajustados antes del conflicto.

El acuerdo provisional entre EE.UU. e Irán abre una puerta. Pero con minas sin localizar en el estrecho, un armisticio de solo 60 días y conversaciones nucleares que aún no han comenzado formalmente, la estabilidad del suministro agrícola global sigue dependiendo de una negociación que todavía no tiene resultado asegurado.


Fuentes: Bloomberg Línea, ONU Noticias, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE-CESEDEN), El Colombiano, Infobae, Perfil, Voz.us.