La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanzó una advertencia que ya inquieta a los mercados agrícolas del mundo: el prolongado bloqueo del estrecho de Ormuz podría desencadenar un “shock agroalimentario sistémico”, con efectos directos sobre los precios de los alimentos, los fertilizantes y la estabilidad de las cadenas de suministro globales.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, es uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta. Por esa ruta transita cerca del 20% del petróleo mundial y entre el 20% y 30% del comercio global de fertilizantes, incluyendo grandes volúmenes de urea, amoníaco y azufre, insumos fundamentales para la agricultura intensiva.
Según la FAO, el problema ya no es solo energético. El organismo advirtió que el cierre prolongado de esta vía marítima podría generar una reacción en cadena: alza del petróleo, aumento del costo del transporte, escasez de fertilizantes, caída de rendimientos agrícolas y, finalmente, una inflación alimentaria global en un horizonte de seis a doce meses.
Fertilizantes bajo presión y temor por la próxima temporada agrícola
Uno de los mayores focos de preocupación está en el mercado de fertilizantes nitrogenados. La región del Golfo concentra casi la mitad de la producción mundial de urea y cerca del 30% de la oferta global de amoníaco.
El conflicto ha provocado interrupciones logísticas, aumento de primas de seguros marítimos y desvíos de embarcaciones, encareciendo el suministro agrícola en plena planificación de siembras en varios países del hemisferio sur.
Analistas internacionales advierten que esta situación podría ser incluso más grave que una crisis petrolera tradicional, debido a que los fertilizantes impactan directamente la productividad agrícola mundial. Ahmed El-Hoshy, CEO de Fertiglobe, señaló que la humanidad depende críticamente de los fertilizantes nitrogenados para sostener los niveles actuales de producción de alimentos.
El petróleo ya muestra señales de tensión
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) alertó que las reservas globales de crudo podrían entrar en “zona roja” durante julio o agosto si Ormuz no vuelve a operar con normalidad.
El precio del Brent ya se ha acercado a los US$100 por barril y algunos analistas proyectan nuevos aumentos si el conflicto continúa escalando.
Para la agricultura, esto significa mayores costos de combustible, transporte, maquinaria y logística exportadora, afectando especialmente a países dependientes de importaciones de fertilizantes y energía.
Chile y Sudamérica observan con preocupación
Aunque Chile no depende directamente del estrecho de Ormuz para exportar fruta fresca, sí podría resentir el impacto por el encarecimiento de fertilizantes, combustibles y costos logísticos internacionales.
La industria agrícola sudamericana enfrenta además un escenario especialmente delicado: Brasil y Argentina son grandes consumidores de fertilizantes importados, y cualquier interrupción prolongada podría tensionar toda la cadena agroexportadora regional.
En paralelo, expertos comienzan a advertir que la volatilidad geopolítica podría acelerar tendencias como la agricultura regenerativa, el uso de biofertilizantes y la búsqueda de mayor soberanía alimentaria en distintos países.
Riesgo de una nueva inflación alimentaria global
El G7 también manifestó su preocupación por el impacto económico del conflicto, señalando que la guerra en Irán y el bloqueo de Ormuz aumentan los riesgos sobre el crecimiento global y la inflación.
La FAO teme que, si la crisis se prolonga, el mundo enfrente una nueva ola de aumento en los precios de alimentos básicos como trigo, arroz y maíz, afectando especialmente a países más vulnerables y dependientes de importaciones.
Para el sector agrícola mundial, el mensaje es claro: la estabilidad geopolítica ya no solo condiciona la energía, sino también la seguridad alimentaria del planeta.
