La robótica de campo dejó atrás la lógica de “una máquina para todo”. Fabricantes de Estados Unidos, Europa y Nueva Zelanda están desarrollando equipos a la medida de cada especie —viñedos, huertos, hortalizas de alto valor— en una carrera que promete resolver el problema más urgente del agro: la falta de mano de obra.
El fin de la solución única
Durante años, la promesa de la robótica agrícola fue una sola máquina capaz de adaptarse a cualquier predio. Esa lógica está quedando obsoleta. Según coinciden distintos análisis de mercado, en 2026 la robótica se está integrando de forma más profunda al resto del ecosistema agtech —sistemas de tasa variable, monitoreo satelital, escaneo con inteligencia artificial— y lo hace mediante equipos diseñados específicamente para huertos, viñedos, hortalizas de alto valor y cultivos extensivos. Ya no se trata de máquinas genéricas, sino de soluciones construidas a la medida de cada faena.
Un ecosistema de especialistas
El reporte de Intel Market Research describe un mapa de jugadores cada vez más nichados: Agrobot desarrolla robots cosechadores de frutillas; FarmWise, con su plataforma Titan FT-35, distingue malezas de cultivo con precisión submilimétrica mediante inteligencia artificial; la francesa Naïo Technologies fabrica robots modulares para huertas de hortalizas, incluido el Naïo Ted, un robot de 1.700 kilos diseñado específicamente para el deshierbe entre hileras de viñedos, capaz de cubrir 5 hectáreas al día; la suiza Ecorobotix se especializa en pulverización localizada con energía solar; y Robotics Plus, desde Nueva Zelanda, ofrece robots de ordeña autónoma y manejo de praderas.
A esa lista se suma Monarch Tractor, cuyo tamaño compacto y tracción eléctrica lo hacen especialmente apto para viñedos, huertos y cultivos especiales —mientras las granjas extensivas todavía esperan que maduren las alternativas de John Deere y CNH Industrial.
La cosecha, el cuello de botella que la especialización busca resolver
El informe también identifica la cosecha como la tarea más intensiva en mano de obra y, por lo mismo, la más urgente de automatizar en cultivos de berries y hortalizas especiales. En ese frente, empresas como Abundant Robotics desarrollan brazos robóticos de cosecha diseñados exclusivamente para frutales, mientras compañías como UBTECH y Unitree están probando robots humanoides en huertos, invernaderos y granjas verticales, aprovechando que esa infraestructura ya fue construida pensando en trabajadores humanos.
El diagnóstico de fondo es común a EE.UU. y a gran parte del mundo agroexportador: la fuerza laboral agrícola estadounidense cayó 20% desde 2006 mientras la demanda de producción aumentaba, y los costos de mano de obra subieron entre 35% y 45% en la última década, exprimiendo márgenes ya ajustados.
Casos que ilustran la tendencia
El sitio especializado Agricultural Robotics documenta ejemplos concretos de esta especialización en terreno: en la Côte-de-Nuits, en Borgoña (Francia), la robótica permitió operar en parcelas pequeñas y de pendientes pronunciadas donde la mecanización tradicional no era viable. En California y en el noroeste de Estados Unidos, productores están adoptando automatización como respuesta directa a la escasez de mano de obra, mientras en España, ejecutivos del sector de cultivos especiales coincidieron en un encuentro reciente en que la robótica ya es parte de la estrategia, y no solo un experimento piloto.
Qué significa esto para la fruticultura chilena
Para un país cuya economía agrícola depende en gran medida de cultivos de alto valor —uva de mesa, cerezas, arándanos, avellanos y otros frutales de exportación—, la tendencia hacia la especialización por cultivo tiene una lectura directa: la próxima ola de robótica agrícola no llegará como una solución universal importada, sino como equipos que deberán adaptarse a las particularidades de cada huerto, cada pendiente y cada sistema de conducción propios de la fruticultura nacional.
La pregunta que empieza a instalarse entre productores no es si la robótica llegará al campo chileno, sino qué actores —globales o locales— lograrán construir la versión de estos robots pensada para las condiciones productivas del país.
Por Andrés Rios
