La biotecnología agrícola vive un punto de inflexión. La reciente decisión de la Unión Europea de avanzar en la aprobación y regulación de las nuevas técnicas genómicas (NTG) marca un cambio profundo en la forma en que uno de los mercados más exigentes del mundo enfrenta la innovación agrícola. El giro no solo impacta a los productores europeos, sino que abre nuevas preguntas y oportunidades para países exportadores como Chile.
Un cambio regulatorio que busca acelerar la innovación
Durante años, Europa mantuvo una postura restrictiva frente a la edición genética en plantas, asimilándola a los organismos genéticamente modificados (OGM). Sin embargo, el nuevo marco aprobado distingue entre aquellas modificaciones genómicas que podrían ocurrir de manera natural o mediante mejoramiento convencional y aquellas que implican cambios más complejos.
Este enfoque permite que una parte importante de las plantas desarrolladas mediante NTG tenga procesos de autorización más simples, reduciendo tiempos y costos para su llegada al campo. El objetivo es claro: mejorar la competitividad agrícola, disminuir el uso de insumos químicos y avanzar hacia sistemas productivos más resilientes al cambio climático.
¿Por qué ahora?
El cambio responde a presiones múltiples: aumento de costos productivos, eventos climáticos extremos, exigencias ambientales más estrictas y una creciente dependencia de importaciones agrícolas. En este contexto, la edición génica aparece como una herramienta clave para desarrollar cultivos más resistentes a sequías, plagas y enfermedades, sin perder productividad ni calidad.
Europa busca, además, no quedar rezagada frente a países que ya avanzaron en marcos regulatorios más flexibles y basados en evidencia científica.
El escenario chileno: una posición adelantada
En este nuevo contexto internacional, Chile no parte desde cero. El país cuenta desde hace años con un sistema regulatorio que evalúa caso a caso los desarrollos obtenidos mediante edición génica, determinando si corresponden o no a un OGM.
Gracias a este enfoque, múltiples proyectos de investigación y desarrollo han podido avanzar sin enfrentar las mismas barreras regulatorias que existían en otros mercados. Esto ha permitido posicionar a Chile como un actor relevante en investigación en biotecnología vegetal, especialmente en cultivos de interés exportador.
Oportunidades y desafíos para el agro chileno
El giro europeo abre una ventana estratégica para Chile, pero también plantea desafíos concretos:
Oportunidades
- Mayor alineación regulatoria con mercados de alto valor.
- Posibilidad de acelerar programas de mejoramiento genético avanzados.
- Atracción de inversión en investigación y desarrollo agrícola.
Desafíos
- Avanzar en comunicación y transparencia para mejorar la aceptación pública.
- Fortalecer capacidades técnicas y de ensayo a escala productiva.
- Asegurar coherencia regulatoria con los mercados de destino de las exportaciones.
Más que tecnología: una decisión estratégica
La discusión sobre nuevas técnicas genómicas ya no es solo científica. Se ha transformado en una decisión estratégica para la competitividad agrícola. La experiencia europea muestra que incluso los mercados más cautelosos están optando por marcos regulatorios que distinguen riesgo real de percepción, y evidencia científica de prejuicio.
Para Chile, el desafío será consolidar su liderazgo técnico, anticiparse a las exigencias comerciales y transformar la biotecnología en una herramienta concreta para una agricultura más sostenible, productiva y preparada para el futuro.
