Ácaros, polillas y trips concentran la mayor presión sanitaria en diciembre, afectando frutales y hortalizas
Con el inicio del verano, la agricultura chilena enfrenta un aumento significativo en la presión de plagas. Durante diciembre, las altas temperaturas y la menor humedad ambiental generan condiciones favorables para el desarrollo de insectos y ácaros que afectan directamente el rendimiento y la calidad de los cultivos.
En este contexto, el monitoreo permanente y el manejo oportuno se vuelven fundamentales. Una detección tardía puede traducirse en pérdidas productivas y dificultades comerciales, especialmente en cultivos destinados a exportación.
Ácaros: rápida proliferación en escenarios de calor
Los ácaros, conocidos comúnmente como arañitas, incrementan su actividad en verano. El calor acelera su ciclo biológico, lo que puede provocar aumentos poblacionales en períodos muy cortos.
Estos organismos afectan principalmente frutales, viñas y hortalizas. Provocan debilitamiento de las plantas, disminución de la fotosíntesis y estrés adicional en cultivos ya exigidos por la falta de agua.
Polillas: impacto directo en la fruta
Durante diciembre, las polillas continúan siendo una de las principales amenazas sanitarias. Sus larvas generan daño directo en la fruta, afectando calibre, condición y calidad.
Además, un manejo inadecuado puede derivar en problemas de residuos. Por lo tanto, resulta clave planificar estrategias de control que consideren el momento del ciclo del cultivo y los mercados de destino.
Trips: daño silencioso pero relevante
Los trips adquieren especial relevancia en esta etapa. Su daño inicial suele ser poco visible. Sin embargo, impacta directamente la apariencia del producto final, especialmente en hortalizas y frutales.
Asimismo, pueden actuar como vectores de enfermedades. Por esta razón, el monitoreo temprano y constante es determinante para evitar pérdidas económicas.
Otras plagas a considerar en verano
Junto a ácaros, polillas y trips, en diciembre también se observa mayor presencia de pulgones, mosquita blanca y chanchitos blancos, dependiendo de la zona y el cultivo.
Frente a este escenario, el manejo integrado de plagas (MIP) se consolida como la estrategia más eficiente. Este enfoque combina control cultural, biológico y químico, priorizando la sustentabilidad y el cumplimiento normativo.
Desde el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) recuerdan la importancia de utilizar productos autorizados y respetar las normativas vigentes para resguardar la sanidad vegetal y la inocuidad de los alimentos.
El inicio del verano, por tanto, marca un período clave. Anticiparse a las plagas permite proteger la productividad, la calidad y el acceso a los mercados, pilares fundamentales para la agricultura chilena.
