El avellano europeo en Chile atraviesa un momento de expansión que ya no se explica solo por nuevas plantaciones: hoy el cultivo está empujado por exportaciones en alza, mayor demanda industrial y una cadena que se profesionaliza rápidamente, con inversiones en procesamiento y un foco creciente en calidad, trazabilidad y control de plagas.

Exportaciones: el salto que confirma el cambio de escala

Las cifras más recientes de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) muestran un crecimiento contundente de los envíos durante 2025. En su Boletín de fruta de noviembre 2025, ODEPA reporta que las avellanas sin cáscara alcanzaron 36,5 mil toneladas por US$ 366 millones FOB, mientras que las avellanas con cáscara sumaron 14,5 mil toneladas por US$ 62 millones, con un valor unitario cercano a US$ 4.268/ton (ligeramente superior al año anterior).

En otras palabras: la avellana dejó de ser un “cultivo emergente” para convertirse en un rubro exportador relevante dentro de los frutos secos.

Inversiones: Ferrero acelera capacidad y consolida el sur como polo del cultivo

La cadena industrial también se está moviendo. Medios especializados reportaron en octubre de 2025 una nueva ronda de inversiones de Ferrero en Chile, incluyendo una tercera planta en La Araucanía y modernizaciones en instalaciones de Maule y Ñuble, reforzando el rol del país en el abastecimiento global del grupo.

Desde la propia plataforma de AgriChile (Ferrero Hazelnut Company) se señala que Chile ya supera las 46 mil hectáreas plantadas a 2024, con proyecciones que apuntan a superar 64 mil hectáreas hacia 2030 si se mantiene el ritmo de expansión.

Mercado internacional: precios sensibles y una ventana que favorece a Chile

El contexto global está marcado por volatilidad de oferta en los grandes productores. En 2025, la Junta de Granos de Turquía (TMO) anunció alzas de alrededor de 50% en sus precios oficiales de compra para la temporada 2025–2026, según reportes sectoriales.
A eso se suma una presión creciente en Europa por menores cosechas y mayor costo de insumo para confitería, lo que aumenta el interés por orígenes alternativos.

Para Chile, esta coyuntura es una oportunidad, pero con una condición: sostener calidad uniforme y logística confiable, porque el comprador industrial castiga desviaciones.

El “lado B” del boom: plagas y exigencias sanitarias

Junto con el crecimiento, aumentan riesgos. El chinche apestoso (Halyomorpha halys) es una plaga de alto impacto económico declarada plaga cuarentenaria en Chile por el SAG, con información y normativa disponible en su ficha oficial.
El Comité del Avellano y el SAG han llamado a productores a colaborar en su control, por el potencial daño y por el riesgo cuarentenario asociado a mercados.

Qué ajustes exige el 2026 para que el negocio cierre

Con el cultivo entrando en “liga mayor”, el 2026 obliga a pasar de expansión a eficiencia:

  • Calidad como estándar industrial: humedad, defectos, calibres y consistencia; la avellana se negocia como insumo, no como fruta “de oportunidad”.
  • Productividad real por hectárea: la superficie crece, pero el margen se define por manejo, polinización, poda, nutrición y cosecha oportuna.
  • Plan sanitario preventivo: monitoreo temprano y coordinación territorial frente a riesgos cuarentenarios.
  • Estrategia comercial: entender destinos y ventanas; ODEPA ya muestra una concentración fuerte hacia mercados tradicionales (Italia destaca en los reportes de avance anual).

Perspectiva

El avellano europeo se está consolidando como un “pilar” del sur agrícola: combina inversión, exportación y encadenamientos (secado, descascarado, logística). Pero el salto de escala trae nuevas reglas: más industria, más norma, más exigencia técnica. Quien logre estandarizar calidad y controlar riesgos sanitarios en origen, tendrá la ventaja competitiva en la próxima fase del crecimiento.

Recurso recomendado:

ODEPA – Boletín de fruta (datos exportación avellanas 2025)