La agricultura regenerativa se ha posicionado como una de las respuestas más sólidas frente a los desafíos actuales del agro: degradación de suelos, escasez hídrica, pérdida de biodiversidad y presión por producir alimentos de manera sostenible. A diferencia de otros enfoques, este modelo no solo busca “reducir impactos”, sino regenerar los ecosistemas agrícolas, devolviéndoles vida, funcionalidad y resiliencia.

En distintos países, y también en Chile, la agricultura regenerativa avanza como una estrategia productiva de largo plazo, respaldada por ciencia, experiencia en terreno y políticas públicas emergentes.


¿Qué es la agricultura regenerativa?

La agricultura regenerativa es un enfoque de producción que pone el suelo en el centro del sistema. Su objetivo principal es restaurar la salud del suelo, aumentar la materia orgánica, mejorar el ciclo del agua y fortalecer la biodiversidad, al mismo tiempo que se mantiene o mejora la productividad agrícola.

Entre sus principios más comunes se encuentran:

  • mínima o nula labranza,
  • cobertura permanente del suelo,
  • rotación y diversificación de cultivos,
  • uso de cultivos de cobertura,
  • integración de ganadería,
  • reducción de insumos sintéticos,
  • estímulo de la biología del suelo.

Este modelo se basa en procesos naturales y en el funcionamiento de los ecosistemas, más que en la dependencia exclusiva de insumos externos.


Agricultura regenerativa en el mundo: de tendencia a política pública

A nivel internacional, la agricultura regenerativa dejó de ser un concepto alternativo y comenzó a integrarse en estrategias agrícolas, climáticas y corporativas.

Organismos como la FAO han destacado su potencial para mejorar la seguridad alimentaria y la resiliencia frente al cambio climático. Asimismo, instituciones como el Rodale Institute en Estados Unidos han demostrado, a través de ensayos de largo plazo, que los sistemas regenerativos pueden igualar o superar los rendimientos convencionales en escenarios de estrés climático, como sequías.

Por otro lado, la Unión Europea ha incorporado principios regenerativos en el marco del Pacto Verde Europeo, promoviendo prácticas que aumenten el carbono en el suelo, reduzcan emisiones y protejan la biodiversidad.

Además, grandes empresas agroalimentarias globales han comenzado a exigir a sus proveedores prácticas regenerativas, vinculándolas a trazabilidad, reducción de huella de carbono y acceso a mercados premium.


¿Qué está pasando con la agricultura regenerativa en Chile?

En Chile, la agricultura regenerativa ha ganado fuerza como respuesta directa a la crisis hídrica, la erosión de suelos y el aumento de los costos productivos. Si bien no existe una política única bajo este nombre, múltiples iniciativas públicas y privadas avanzan en esta dirección.

Desde el sector público

Instituciones como INIA, INDAP, ODEPA y FIA han impulsado programas y proyectos relacionados con:

  • manejo sustentable de suelos,
  • aumento de materia orgánica,
  • prácticas de conservación,
  • agricultura familiar resiliente,
  • sistemas productivos con enfoque ecosistémico.

Varios proyectos financiados por FIA incorporan principios regenerativos, especialmente en frutales, hortalizas y ganadería.

Desde los productores

Cada vez más agricultores están adoptando prácticas como:

  • siembra directa o cero labranza,
  • incorporación de cultivos de cobertura,
  • compostaje y bioinsumos,
  • integración animal–vegetal,
  • manejo holístico del pastoreo.

Estas prácticas han demostrado mejoras en infiltración de agua, reducción de compactación, menor dependencia de fertilizantes químicos y mayor estabilidad productiva.


Beneficios productivos y ambientales

La evidencia técnica y empírica muestra que la agricultura regenerativa puede generar beneficios simultáneos:

  • mejora de la estructura del suelo,
  • mayor retención de agua,
  • aumento de la biodiversidad microbiana,
  • reducción de costos en el mediano plazo,
  • mayor resiliencia frente a sequías y eventos extremos,
  • captura de carbono en el suelo.

Por ello, muchos especialistas coinciden en que este enfoque no es solo ambiental, sino también económicamente estratégico.


Desafíos para su adopción masiva

A pesar de su potencial, la agricultura regenerativa enfrenta desafíos relevantes:

  • requiere cambios de mentalidad,
  • necesita acompañamiento técnico,
  • sus resultados se observan en el mediano y largo plazo,
  • no existe una “receta única” aplicable a todos los predios.

Por lo tanto, su implementación debe ser gradual, contextualizada y basada en diagnóstico de suelos y sistemas productivos.


Un modelo clave para el futuro del agro

La agricultura regenerativa se perfila como uno de los pilares del agro del futuro. En un escenario de cambio climático, presión sobre los recursos y mercados cada vez más exigentes, producir regenerando se transforma en una ventaja competitiva.

Chile, con su diversidad climática y productiva, tiene la oportunidad de posicionarse como referente regional en este enfoque, integrando ciencia, tradición agrícola y sostenibilidad.

Recurso recomendado

Si te interesa saber más sobre Agricultura Regenerativa, puedes revisar lo que ha publicado INIA a su noticia – Paul Hawken: “La agricultura regenerativa es la forma más sensata y rentable de avanzar hacia el futuro”